La crisis económica frena el optimismo contra el sida

Redacción

Por Redacción

CHRISTINA HORSTEN DPA

El objetivo es claro, las estadísticas son alentadoras y hay grandes avances científicos. De proseguir así, la lucha contra el sida se puede ganar, aseguran los expertos reunidos en la conferencia mundial sobre el sida en Washington, que hoy acaba. Lo único que está frenando el optimismo es la crisis económica. Y es que se ha allanado el camino, pero todavía falta mucho para llegar al objetivo. Con los alentadores resultados de las investigaciones, así como de las estadísticas, los expertos reunidos en la 19 conferencia mundial del sida ya han anunciado el principio del fin de la enfermedad. “Creemos que el fin de la epidemia del sida es posible”, afirmó Elly Katabira, presidente de la Sociedad Internacional del Sida (IAS, según sus siglas en inglés), que ha organizado el encuentro. Tras un programa impresionante dividido en seis días, con 25.000 participantes y cientos de eventos, también ha quedado claro que hasta que llegue al verdadero final todavía faltan años, más bien décadas. A ello se suma que la crisis económica podría influir negativamente en ese avance. “Hoy sabemos mejor que nunca cómo podemos vencer el VIH/sida”. Sabemos qué medicamentos se necesitan, con qué modelos de terapia podemos acudir al pueblo más apartado y cómo con un tratamiento preventivo podemos impedir nuevas infecciones”, dijo Oliver Moldenhauer, de la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras. “Ahora hay que actuar, sobre todo tienen que hacerlo los gobiernos”, agregó. Los medicamentos más nuevos son siempre significativamente más caros y muchos países tienen que invertir urgentemente más dinero en la lucha contra el sida. Pero precisamente esa exigencia topa con la crisis económica que afecta a numerosos países. Han sido muchos los miembros de los gobiernos de países de todo el mundo que se han dejado ver estos días en la conferencia, pero la única que ha prometido invertir más dinero fue la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton. El agujero en la financiación, según el Programa de Naciones Unidas sobre el VIH/sida (Onusida), ya acusa todos los años la falta de miles de millones de dólares y los expertos temen que en los próximos años sea peor. En lo que sí están de acuerdo los expertos es hacia dónde debería ir el dinero: cada vez más infectados con el VIH tienen que recibir antes mejores medicamentos. Sobre todo las mujeres embarazadas. Además de seguir difundiendo sobre todo en África las medidas preventivas como medicamentos y la libre circuncisión en el caso de los varones, hay que seguir utilizando el condón. Asimismo hay que transmitir estas medidas con nuevos conceptos también en las regiones más apartadas, en los campamentos de refugiados, en las zonas de conflicto y entre los trabajadores temporales. Hay que dejar de discriminar a los hombres, mujeres y homosexuales que se prostituyen, así como a los drogadictos, e involucrarlos activamente en la lucha contra el VIH. Con todas estas medidas y algunas más, el VIH se puede controlar hasta que finalmente se desarrolle la tan anhelada vacuna o haya una posibilidad de cura. Pero en ese terreno todavía no se han impuesto las ilusiones, ya que tardará en llegar. Como muy pronto se calcula que será dentro de 20 años, según estimaciones por ejemplo del fundador de Microsoft, Bill Gates, que junto con su esposa participa activamente en la lucha contra el sida. Problemas no resueltos como la creciente resistencia a los medicamentos para paliar el VIH, así como los nuevos índices de infección, que han subido por ejemplo en Asia central y el este de Europa, no hacen fácil ganar la partida a la epidemia. Y si a ello se suma que fluye menos dinero, se podrían perder algunos logros ya conseguidos pues, según el estado de las investigaciones actuales, los enfermos con VIH necesitan medicamentos durante toda la vida. La próxima fecha para volver a analizar la lucha contra la epidemia ya se ha fijado: del 20 al 25 de julio de 2014, cuando cerca de 14.000 participantes acudirán a la vigésima conferencia mundial del sida en la ciudad australiana de Melbourne.


CHRISTINA HORSTEN DPA

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