“La derecha siempre tiene apoyo”

La escritora explica en su obra la compleja historia en la Argentina que relacionó –y enfrentó en muchos casos– a los trabajadores y las grandes empresas empleadoras.

Por Redacción

entrevista: María Rapalo, autora de “Patrones y obreros”

Carlos torrengo

carlostorrego@hotmail.com

Tengo la impresión de que buceando en la historia se “encontró” con la Asociación del Trabajo (AT). ¿Es así?

–En alguna medida sí. Yo trabajaba sobre el Grupo Bunge y Born, sus molinos concretamente, y la relación con los trabajadores. En ese ir e ir me encontré con documentos muy reveladores sobre la conducta de esa patronal, que emerge además como uno de los fundadores de la AT en 1918. Pero en paralelo me encuentro trabajando con documentación de la Unión Telefónica, empresa inglesa que empleaba, entre otros sectores, a 5.000 mujeres; telefonistas, les decían “señoritas”. Éste es un caso muy emblemático del tratamiento que desde principios del siglo se les daba a los trabajadores. Ellas tenían prohibido casarse… en realidad, lo que se les prohibía era que quedaran embarazadas. En fin, trajinando documentos y documentos fue emergiendo la AT, cuando ya gobernaba Hipólito Yrigoyen.

–¿Con qué formato emergía?

–En términos irónicos: como un fantasma que se proyectaba presionando al gobierno, desconociendo al Estado en el derecho del Estado a intervenir en el conflicto social, intervención que se reservaba la AT, ya sea por la fuerza o rompiendo huelgas vía grupos armados, entre otros la Liga Patriótica, o simplemente echando a los trabajadores que paraban y reemplazándolos vía la colaboración de la Iglesia Católica con los círculos católicos de obreros que, nacidos en Alemania y transpolados a Francia, aquí fundó el cura Federico Grote. Todo este esquema de poder estaba ligado por el miedo al conflicto social, la sindicalización y, por supuesto, a la Revolución Rusa. Además, se contaba con el respaldo de la Sección Especial de la Policía Federal que, a cargo del comisario Rossi, fue para la derecha argentina de aquellos años un ídolo en tanto era el encargado de perseguir a los sindicatos. La derecha siempre tiene apoyo.

–En el libro usted se detiene en el cura Grote. ¿Es aventurado decir que fue un hombre de conducta brutal?

–Por lo menos un hombre de conductas cuestionables bajo mirada. A mí me interesó como fundador de los círculos católicos de obreros. Pero sí, en 1898, el presidente Evaristo Uriburu lo designó director del Asilo de Niños, pero renunció tiempo después por denuncias de castigos, malos tratos. También es cierto que su correspondencia refleja mucho de esa conducta, que se le prohibió quedarse a dormir en el asilo y que la Orden Redentorista, alemana y a la que pertenecía, le ordenó clausurar la entrada que conducía al sótano del asilo.

–¿Todo en relación con las conductas del cura?

–Todo parece ir en esa dirección. Pero a la AT le sirven los círculos obreros, eso es lo que cuenta en términos de defensa de sus intereses.

–La AT opera en dos frentes: presiona al gobierno y enfrenta a los trabajadores. ¿Hay, en todo este entrevero, un núcleo esencial, muy puntual que la cohesione?

–Impedir que los trabajadores puedan tallar en las contrataciones y los despidos. No quieren renunciar a ese poder. Pero, a fines de 1917, cuando la naviera Mihanovich y los trabajadores marítimos entran en conflicto y arbitra el gobierno de Hipólito Yrigoyen y les concede a los trabajadores el derecho a tallar en contratos y despidos, bueno, se extiende en las patronales la necesidad de montar una organización que los defienda. Así nace la AT, porque además el caso Mihanovich siembra antecedente.

–¿En qué sentido?

–Todo el mundo del trabajo mira lo sucedido. Un caso: en los cinco molinos que tiene Bunge y Born. Los marítimos reclaman las mismas condiciones de control logradas en Mihanovich. Bunge desconoce el reclamo, entonces los marítimos le paran las exportaciones de cereales.

–En términos de gravitación sobre el poder, ¿los marítimos eran en aquellos tiempos los camioneros de Moyano de hoy?

–Vale la comparación. La economía argentina se fundaba en las exportaciones, los puertos eran pura actividad, astilleros, estibadores, servicios conexos… Con un dato más: los marítimos marchan al interior alentando a los trabajadores a organizarse; en Misiones ayudan, por caso, a que se organicen los mensúes, por darle un solo caso de la influencia de la Federación Obrera Marítima.

–E Yrigoyen, según usted, le hace un guiño a la FOM, la deja andar.

–La necesita para contrarrestar presiones de las patronales, concretamente de la AT.

–¿Usted no está de acuerdo con las tesis que hablan de un interés electoral en ese sentido?

–No estoy de acuerdo. Manejaba ese vínculo mirando a las patronales, o sea, equilibrar el juego de poderes. Y hay un hecho muy elocuente, si se quiere, que lo demuestra: la oficialización por parte de Yrigoyen de decisiones tendientes a ampliar derechos, bueno… tiene como contrapartida del lado de la AT ofensivas desestabilizadoras.

Pero Yrigoyen no es, en lo que hace al vínculo con los trabajadores, sólo la relación con la FOM. Es la Semana Trágica, la Patagonia Rebelde… ¿no es mirar para otro lado en hechos muy crueles?

–Ése es un tema que me desveló y aún me desvela…

–Más tema si se computa que Yrigoyen tuvo perfiles muy autoritarios: personalismo, intervención de toda provincia opositora, desprecio por las instituciones como el Parlamento, al que nunca fue a rendir el mensaje del inauguración del año legislativo –mandaba a su secretario privado a cumplir eso que era su obligación constitucional–, y jamás dijo nada sobre la masacre de la Patagonia ni de la Semana Trágica…

–Sí, sí, para colmo no habló. Su conducta tiene mucho de ambigua. Creo que hay que pensarlo desde las limitaciones que le definían la propia estructura ideológica de su partido y la burocracia consecuente, que le eran afines, limitación en línea a no intervenir para frenar situaciones extremas de violencia concreta por parte de otros planos del poder. También hay que pensarlo en términos de la necesidad de favorecer a sindicatos fuertes pero –como ya le dije– contraponerles el poder de las patronales… es decir, podía ser como lo definió la revista católica “Criterio”: “la eterna acechanza” a los intereses del sistema de poder vigente pero, por otro lado, favorecer a ese sector.