“La dictadura del relativismo”

Por Redacción

Hace pocos días asumió un nuevo gobierno y sucedió lo que todos vislumbrábamos: salió a la luz una corrupción enorme y generalizada. Para los viejos que atravesamos otras épocas difíciles de la Argentina no hay desilusión porque en verdad nunca nos ilusionamos con el kirchnerismo. Pero es triste hoy ver cómo jóvenes de 18 años en adelante se van desencantando de este proyecto al ir tomando conciencia del grado de descomposición moral y, por ende, de corrupción que el gobierno saliente ha propiciado. Es inexplicable para cualquier analista sensato que dirigentes kirchneristas hayan usado la “justicia distributiva” enriqueciéndose no solamente ellos, sino sus familiares, amigos y compañeros de lucha, en tal magnitud con el dinero de todos. Es justo reconocer que hay muchos de ellos que no buscaron ese logro personal, sino que comenzaron como una lucha por el bien común, pero por la degradación moral de sus compañeros y dirigentes no tuvieron más remedio (obediencia debida) que prestarse a estos hurtos del erario público. El corrupto necesita que sus adláteres también lo sean. Por un lado, por necesidad de complicidad para el logro de sus acciones, y por otro, para garantizarse el silencio de los demás. El comienzo de ese grado de descomposición para llegar a los actos ilícitos fue empezar justificándose con que lo hacen para el “partido”, para “comprar un medio de difusión y enfrentar a Clarín” o para la “próxima campaña, y que podamos tener fondos para defendernos del capitalismo buitre”, etc. Es en este comienzo donde se aprecia la vigencia de las palabras del papa Benedicto: la dictadura del relativismo. Todo es relativo. Hurtar dinero público está mal, pero si es para “liberar a los pobres” está justificado. Si con la consecuencia de ese hurto yo puedo comprar un camión de leche para los chicos de una villa, es correcto hacerlo. El fin justifica los medios. Este primer acto justificativo fue el portal para llegar a ser el gobierno más corrupto de los últimos 50 años. Una vez que el kirchnerista bien intencionado pasó ese umbral, las posibilidades de quedarse con el dinero público en cantidades exorbitantes se multiplicaron y se agigantaron en varios ceros. Debemos entender que el perjuicio económico no es lo más grave. El más profundo para la sociedad es “defender esta inmoralidad”, definida como una manifestación cultural, decadente y burguesa que condiciona la liberación de los pueblos. Este relativismo imperante tiene como causa eficiente la negación de una verdad que no deja de ser la negación de la existencia de un ser superior. Sostienen que no hay una verdad, hay varias, y ellas dependen de la interpretación de cada uno de nosotros. Entonces, ¿por qué no puede quedarse Boudou con la Casa de la Moneda? ¿O Aníbal Fernández ser el mayor exportador de efedrina? Por ello, no será Cambiemos el que salve a esta nación. La sociedad en su conjunto debe debatir este tema de la ética y asumir la responsabilidad que a cada uno le cabe. No vamos a poder combatir al capitalismo buitre (que existe) o al socialismo cubano-venezolano sin antes enfrentar este debate y resurgir de las cenizas como lo han hecho nuestros próceres en su momento. Carlos Moldes DNI 7.887.170

Carlos Moldes DNI 7.887.170


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