La dulce tradición de ayudar que se renueva cada año en Bariloche
El enorme gesto solidario de Nicolás Martínez que reparte este año 12.528 panes dulces entre los más necesitados. A pulmón y gracias a las donaciones, un ejército de gente de corazón sensible amasó y cocinó durante tres semanas estas exquisiteces.
Gran cantidad de referentes sociales aguarda afuera de la delegación provincial con un número en la mano. Cada tanto, alguno sale sonriendo con una caja en las manos. Adentro una docena de personas trabaja sin cesar. Cada uno tiene bien delimitada su función. Unos entregan números o cajas, según el momento; mientras otros acomodan cada uno de los pedidos de panes dulces dispuestos sobre tablas de madera larguísimas.
En el sector de elaboración ubicado en el exhogar Gutiérrez, quedan los últimos panes recién salidos del horno. Nicolás Martínez da las últimas indicaciones a un grupo de mujeres hasta que de pronto le suena el celular. No es la primera llamada y repite: “Gracias, por este año ya terminamos pero su colaboración será muy bien recibida el año próximo. Que Dios lo bendiga”.
Miles
Martínez, junto a dos leales ayudantes, elaboró 12.528 panes dulces en sólo 21 días. Una vez más, batió su récord.
Ante la falta de espacio por semejante cantidad, 4.000 panes dulces ya fueron enviados a la Línea Sur días atrás. El resto se distribuyó durante todo el día de ayer.
“Es el tercer año que vengo a buscar panes para la gente del barrio Nahuel Hue que ya lo espera ansiosa”, explica Rosa Cabezas, de la Pastoral de Bolivia, que aguarda sus 80 panes.
Dalmacio Cheuquellán, presidente del barrio Ada María Elflein, accedió a un cupo de 50 panes dulces: “Es siempre muy bien recibido. Conocemos muy bien a las familias del barrio y sabemos quiénes son los que más necesitan. Es un gran gesto el de Martínez esto de trabajar tanto para que la gente tenga algo rico para las fiestas”, expresa el dirigente barrial.
El trabajo arranca en octubre cuando Martínez distribuye notas en instituciones públicas y privadas para pedir colaboración para esta iniciativa que ya reúne 23 años.
Admite que este año hubo poca ayuda de “la gente de a pie” pero lo atribuye a “la falta de dinero en el bolsillo”; en cambio, sí destaca las colaboraciones de las grandes empresas de las ciudad que ayudaron a superar la cantidad de panes.
Tarea dura
El primero de diciembre comienza el trabajo arduo: la elaboración. Durante los últimos días, los voluntarios se suman para el etiquetado y la entrega.
Este año, se sumaron turistas franceses que al enterarse de la movida, ofrecieron ayuda. Estos ciclistas también accedieron a varios panes para entregar “allí donde no haya”.
Cansado pero feliz, Martínez apunta: “Me emociono como cada año. Como digo siempre, son panes mágicos. Una persona con problemas de movilidad insistió en donar 10.000 pesos. Le expliqué que no recibimos dinero, solo insumos. Lo depositó en una comercio y de ahí íbamos sacando mercadería a medida que avanzamos”, indica este hombre, ayer vestido de Papa Noel, que llegó de Paraguay a Bariloche en 1970.
“Es una excelente iniciativa, un gran aporte para las instituciones intermedias que estamos en contacto con la gente”.
Hugo Gutiérrez es integrante del Ejército de Salvación.
Pies con ampollas
y corazón contento
Carlos Romera es panadero y colabora con el “pan dulce solidario” desde hace 18 años. Llegó a esta última entrega con ampollas en los pies, al igual que Nicolás Martínez, y tomando un antiinflamatorio cada 8 horas.
“Era entrenador de atletismo y una vez, me mandaron a buscar panes para los chicos. En ese momento, entendí que podía aportar con mi oficio”, contó Carlos.
“Trabajo de 3 a 10 en una panadería y a la salida, me venía. El domingo aproveché que tuve franco y metí 1.000 panes dulces en 14 horas. Mis hijas también vienen a ayudar”, asegura este entusiasta colaborador.
Datos
- “Es una excelente iniciativa, un gran aporte para las instituciones intermedias que estamos en contacto con la gente”.
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