La dura debacle electoral de Rafael Correa

Redacción

Por Redacción

Emilio J. Cárdenas (*)

El oficialismo ecuatoriano que encabeza el presidente bolivariano Rafael Correa acaba de sufrir una debacle electoral de proporciones. Pese a disponer de los inmensos recursos financieros del poder, que se utilizan con descaro y sin empacho ni límites. En efecto, en las elecciones municipales del domingo pasado, el oficialismo perdió nada menos que en las cinco ciudades más grandes del país. Ellas serán, todas, conducidas por alcaldes pertenecientes al arco político opositor. Durísima, como derrota para Rafael Correa. Pero fundamental para poder preservar la tradicional autonomía de los municipios ecuatorianos, contra la que Rafael Correa –en su conocida ambición de concentrar en sus manos todo el poder– había embestido a su manera. Esto es, sin límites. El triunfo más sustantivo (y sabroso para la oposición) es probablemente el del popular y eficiente Jaime Nebot, en Guayaquil. Porque se trata del hombre que, con sus jóvenes 67 años a cuesta, luce como el opositor capaz de vencer a Correa –o a sus personeros– en una futura elección nacional. Más allá de Guayaquil, donde Nebot ha probado reiteradamente ser prácticamente invencible. Por esto la televisión oficial cortó abruptamente la transmisión del discurso en el que Nebot proclamaba su inobjetable triunfo. Como corresponde en un país que ha sido privado de la libertad de prensa y de expresión. Lamentable, pero es así. También ganaron los candidatos opositores Jimmy Jairala, en Guayas, y César Rohón y Mayra Montaño, en PSC-Madera de Guerrero. Claramente. A lo que suma la victoria –tan contundente, como resonante– de Mauricio Rodas, lograda en la propia ciudad de Quito, pese a la intervención –constante y burda– del presidente Correa en la campaña electoral, donde su imagen acompañó siempre a la de su perdidoso candidato: Augusto Barrera, que procuraba su reelección. Lo importante es que Rodas recibió el apoyo de toda la oposición, en este caso particular unificada contra el autoritarismo del bolivariano Correa. Toda una señal, que no puede ignorarse. Ni allí, ni aquí. Contra Rodas, Rafael Correa alistó y utilizó masivamente a todos los rostros y nombres presuntamente “emblemáticos” de su equipo de administración. Recurso torpe, que en definitiva resultó un verdadero “bumerán piantavotos”. A lo que se sumó el rechazo de Barrera a debatir públicamente con su circunstancial contendor, que fue interpretado correctamente, por muchos, como producto de su temor a perder. Rodas, en cambio, le habló directamente a la gente de los problemas específicos de la ciudad. De sus preocupaciones cotidianas. De lo que querían oír. Barrera, por su parte, predicó la presunta “gloria bolivariana”, a contramano de lo que el electorado quería escuchar. Que no era propaganda. Mientras también un hecho –no demasiado inesperado, desde que Correa aborrece y detesta a la libertad de prensa– pesó fuerte en contra de Barrera: la sanción impuesta durante la contienda electoral al popular caricaturista “Bonil”, por un dibujo que de pronto “molestó” al intolerante Rafael Correa. Ocurre que a la gente normalmente no le gustan los abusos de poder ni las mordazas. Finalmente está también el resultado obtenido en la bellísima –e histórica– ciudad de Cuenca, donde se impusieron ampliamente Marcelo Cabrera y Paul Carrasco, también opositores a Rafael Correa. No tendrán, sin embargo, mayoría en el respectivo Consejo Cantonal, por lo que cabe anticipar que su gestión municipal no será simple. En síntesis, acaba de propinarse una verdadera paliza popular a Rafael Correa; que llega cuando la asfixia y el hartazgo de los ciudadanos venezolanos están desafiando al corazón mismo del “bolivarianismo”, al que han comenzado de pronto a enfrentar, en medio de lo que ahora luce como una sensación de tormenta. Que puede o no, según sean las circunstancias, resultar inminente. (*) Exembajador de la Argentina ante las Naciones Unidas


Emilio J. Cárdenas (*)

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