La fiambrera que quiere ser como Gasalla

Miriam Calvo trabaja desde hace 26 años en un supermercado de Roca. Antes hizo teatro y fue docente en dos colegios. Inquieta y multifacética, atendió la panadería y fue supervisora de cajas. Cuando tenga tiempo, dice que será cantante de música melódica



Jamón crudo: el preferido de Miriam.

“Yo siempre quise ser como Antonio Gasalla cuando hacía ‘La verdá de la milanesa’”, la obra restorán-concert del genial actor y humorista porteño. Así confesó su gran anhelo esta mujer de labios rojos chiquitos y delineados, delantal del mismo color, collar dorado, muchos anillos, reloj verde flúo y una sonrisa fresca y eterna. Los clientes la ven encerrada dentro del cuadrilátero que forman las heladeras, donde se exhiben los quesos y embutidos del supermercado. Más atrás -y algo elevada-, está Miriam Calvo, la fiambrera más locuaz y multifacética que tiene Roca.

"Cuando vivía en Zapala fui vecina de el pianista Raúl Di Blasio. Quiero cantar melódico cuando tenga tiempo, estudié un año órgano".

Miriam Calvo

Una señora le pide 200 gramos de mortadela, “pero que sea de la bocha”, le aclara. Miriam responde veloz y le explica que para ella es el fiambre con olor más rico, envolvente. El resto de los clientes observan, escuchan y sueltan la carcajada; los que andan entre las góndolas giran con caras curiosas para mirar. Los dos compañeros fiambreros del cuadrilátero cruzan miradas cómplices y también le festejan.

Así es la vida diaria de Miriam detrás de las exhibidoras, esos mostradores que en vez de limitarla le permiten desplegar toda su gracia, sin descuidar la atención. “La gente siempre me ve con chispa, y a mí, no me cuesta nada ser centro, llamar la atención, siempre con respeto”, confiesa.

Tiene 54 años y llegó a Roca con su familia desde Zapala cuando era una niña. Vivió siempre en una casa de barrio Modelo y recuerda el ruido del agua en la acequia y el paso del tomero que habilitaba el riego. Hizo la primaria en la Escuela 128, teatro con Juan Raúl Rithner a los 16 años, estudió docencia y luego fue maestra en el Domingo Savio y en el colegio María Auxiliadora, “hasta que se me terminó la paciencia”, dice.

Lleva 26 años de trabajo en el supermercado y fue rotando por las tres sucursales que tiene en Roca. Hoy trabaja en la fiambrería, pero antes lo hizo en la panadería y fue supervisora de cajas. “En todos lados se aprende y en todos me divertí”, explica.

Dice que con todo lo que observó desde sus lugares de trabajo puede escribir un tratado sobre comportamientos de los clientes y que lo que más le molesta “es la soberbia de los que quieren llevarse el mundo por delante cuando llegan a un cargo”.

Miriam se acostumbró a vivir sola; perdió a sus padres cuando era muy joven. De tanto en tanto - y cuando el trabajo se lo permite- viaja a Las Grutas a visitar a su hermana y a sus dos sobrinos, que “son lo que más adoro en este mundo”.

Confiesa en voz más baja que le encanta disfrazarse en las fiestas, que sueña con cantar temas melódicos en público -por ahora lo hace sola en su casa-, que sus amigas están casadas y varias son abuelas, y que, cuando anda en la calle, le gusta caminar con lentes plateados, sombrero y cortinas de pelo.


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