“La guerra de Malvinas y el ‘déjà vu’ del ‘Santísima Trinidad’”

Cuando promediaba el conflicto del Atlántico Sur, hubo resonados casos –que con la vuelta de la democracia salieron a la luz– de soldados conscriptos que fallecieron de inanición durante la campaña mencionada. Vagamente recuerdo haber leído que en cierta oportunidad, algunos de ellos, que pertenecían orgánicamente a una de las unidades asentadas en la isla Gran Malvina, por haber robado ganado para comer fueron estaqueados. Otros perecieron intoxicados por haber guardado restos de comida y haberla consumido en mal estado. A estas lamentables muertes, en el vocabulario militar se las denomina “bajas administrativas”. Las otras bajas se denominan “bajas en combate”. Sin desnaturalizar la crueldad del ser humano, único creador de las guerras, las bajas en combate son lo mas común en un conflicto bélico. No así las bajas administrativas. Éstas suceden en tiempo de paz, ante un accidente sea en ejercicios militares o de campaña, por ejemplo en una misión de paz. Entonces entre todas las cosas por las que nos debe doler el conflicto de 1982 sobresale ésta totalmente inusual: haber tenido bajas administrativas en un combate. Son decenas las causas que las provocaron y también fueron y son objeto de estudio en el ámbito castrense (principalmente negligencia, desinterés por el subordinado, por su vida misma, etc., etc., etc.). ¡Al buque “Santísima Trinidad” le pasó exactamente lo mismo! Pereció por la negligencia de quien debe velar por mantenerlo operativo y en buenas condiciones. No murió en las aguas de las Malvinas cuando arribó aquel 2 de abril, llevando a tantos héroes como el capital Giachino, nuestro primer muerto en combate. Es una baja administrativa, como tantas otras en tiempos de paz. Unos ocultaron cuerpos con identidad por saberse plenamente responsables, otros nos ocultan el desguace constante de las Fuerzas Armadas de la Nación. Ésta no sólo debe ser defendida por sus militares, una defensa no empieza en un conflicto bélico ni termina en él. Empieza por resguardar todo aquello que acumula valor por el paso del tiempo. El “Santísima Trinidad” pudo haber tenido el final que tuvo el Cabildo, al que uno accede y ve la historia viva de los inicios de la patria. Ojalá hubiéramos podido subir a su plataforma y caminar por donde caminó y durmió su última noche el capitán Giachino y tantos otros soldados convencidos de su misión a pesar de la falta de recursos, sin que esto hiciera mella en su espíritu. Sin embargo pereció del modo más estúpido. ¿Serán juzgados sus irresponsables? Ojalá sus nombres queden en el olvido, como el de aquel seudojefe de unidad que vilmente dejó morir a hermanos nuestros por el simple hecho de querer comer. El olvido quizá sea la pena que les cabe a muchos como único modo de hacer justicia, en estos tiempos de ausencia de la misma. Tamara Naimo Hassanie DNI 26.442.020 Neuquén

Tamara Naimo Hassanie, DNI 26.442.020 Neuquén


Adherido a los criterios de
Journalism Trust Initiative
Nuestras directrices editoriales
<span>Adherido a los criterios de <br><strong>Journalism Trust Initiative</strong></span>

Formá parte de nuestra comunidad de lectores

Más de un siglo comprometidos con nuestra comunidad. Elegí la mejor información, análisis y entretenimiento, desde la Patagonia para todo el país.

Quiero mi suscripción

Comentarios

Este contenido es exclusivo para suscriptores

Ver planes ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora