Conrado Varotto fundador de Invap: la historia del físico que se transformó en leyenda

Varotto fundó Invap e impulsó la industria espacial argentina. Luego de ser distinguido como Investigador de la Nación regresó a Bariloche para dar una charla en el Instituto Balseiro y le concedió a RÍO NEGRO una larga entrevista.

Conrado Varotto caminó lentamente por la calle de asfalto con su pequeña valija a cuestas, arropado con una campera negra grande que le llegaba casi hasta las rodillas. Los árboles frondosos que custodian las veredas eran testigos silenciosos de esa andar pausado de un hijo ilustre que regresaba, aunque fuera por unas pocas horas, al predio del Centro Atómico.

Varotto conoce ese predio como pocos. A finales de los años cincuenta y principios de los sesenta recorrió ese espacio privilegiado, que está ubicado a unos 9 kilómetros del centro de Bariloche, siendo un estudiante destacado del Instituto Balseiro.

Por esas calles internas elaboró sueños. Pensó proyectos. Pero el tiempo pasó demasiado rápido.

Aquel joven que desde chico había construido un vínculo inseparable con la física, en el Colegio Del Salvador de Buenos Aires, regresaba ahora al Instituto Balseiro con 78 años y un nuevo reconocimiento.

Varotto recibió a finales de noviembre pasado la distinción como Investigador de la Nación 2018 de manos del expresidente Mauricio Macri. Había sido invitado a brindar una charla como parte del evento “Experiencia IB50K 2019”, que organizó el Instituto Balseiro, con apoyo de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).

El físico Conrado Varotto, fundador de Invap, fue distinguido a nivel nacional. Gentileza

La tarde del 29 de noviembre pasado, el salón de actos del Instituto estaba colmado. Varotto habló de los orígenes de Invap y de la CNEA. Fueron casi dos horas de una veloz recorrida por una parte destacada de la historia de la ciencia en el país. De algunas anécdotas, como cuando el representante científico de un país del hemisferio Norte vino décadas atrás a “observar” qué se desarrollaba en Pilcaniyeu y se marchó sin advertir que en ese pequeño paraje se desarrollaba un proyecto trascendental.

Amigos

La charla finalizó con un gesto de reconocimiento de Varotto a un gran amigo de aquellas jornadas de trabajo y de compartir sueños: Horacio “El Gordo” Osuna, “que ya está medio sordo”, comentó Varotto, entre risas. También ponderó el trabajo hecho por Héctor “Cacho” Otheguy al frente de Invap. Ambos estuvieron en la primera fila del auditorio.

El vuelo que lo trasladaría de regreso a la ciudad de Buenos Aires partía en menos de dos horas. Había saludado amablemente a cada estudiante y egresado del Instituto Balseiro que se acercó a expresarle su admiración. Alumnos, egresados, directivos y científicos habían colmado el salón para escucharlo.

Ese hombre sencillo, de baja estatura, grandes anteojos, pelo canoso y camisa con los botones abrochados hasta el cuello expuso con humildad los hitos de la historia de Invap.

Varotto brindó una charla amena, sin demasiados protocolos, pero que transmitió esa pasión por la física y la ciencia que después de tantas décadas están impregnadas en su piel.

Conrado Varotto (centro) en la premiación junto a referentes de Invap y Conae. Gentileza

Esa pasión lo movilizó junto con un equipo de soñadores que crearon en el Centro Atómico Bariloche el Programa de Física Aplicada, que fue la piedra sobre la que se fundó después Invap.

Esa pasión lo llevó a dirigir el proyecto de desarrollo de la tecnología de enriquecimiento de uranio, cuya planta industrial fue construida por Invap en Pilcaniyeu. Y a dirigir hasta el año pasado la Comisión Nacional de Actividades Espaciales.

“Soy un convencido de que Argentina es uno de los países mejor preparado para encarar la sociedad del conocimiento”, afirmó.

En un diálogo con RÍO NEGRO, Varotto recordó que nunca tuvo dudas de que su vocación era la física. “Tuve una enseñanza muy buena, muy buenos docentes en el Colegio del Salvador”, afirmó. Había llegado con 9 años procedente de Italia, junto a su madre y su hermano. Su padre había arribado un año antes a la Argentina. Resolvieron dejar su tierra porque querían que sus hijos pudieran estudiar.


Varotto estudió en la Facultad de Ciencias Exactas y después de cursar 5 cuatrimestres (dos años y medio) se presentó para tratar de ingresar al Balseiro.

Varotto vivió muchos años en Bariloche, donde se recibió y se doctoró.

Richter


Cuando llegó al Balseiro quedó asombrado por todo el equipamiento que había. Recordó que el físico Ronald Richter cayó en Bariloche con el proyecto “para controlar la fusión”, que sedujo a Perón. “Había una cantidad de instrumentación increíble porque habían comprado de todo”, rememoró.

Eran años complicados. “Varios científicos comenzaron a recibir ofertas para volver a sus países”, contó. “Lo que tuvo de extraordinario (José) Balseiro fue que se bancaron toda esa situación”, destacó.

Balseiro fue profesor de Varotto. Y marcó una etapa importante en su vida. Recordó que rezaban el rosario al lado de la cama de Balseiro, cuando su muerte era inminente. El padre de la física en el país murió el 26 de marzo de 1962, en el Centro Atómico. Tenía solo 42 años.

Formación

Varotto se licenció en el Instituto Balseiro y se doctoró en Física. Después, viajó a Estados Unidos, donde siguió con su aprendizaje en la Universidad de Stanford, con una beca del Conicet.

Conoció en directo el proyecto de Sillicon Valley, que surgió con el apoyo de capitales de riesgo y fondos de inversión que financiaron proyectos de innovación tecnológica. “Fue una experiencia única”, afirmó.

Quiso replicar esa experiencia cuando regresó a la Argentina, pero no fue nada fácil. Además, eran los años setenta, de enorme turbulencia política. El Programa de Física Aplicada fue el primer eslabón.

Recordó que el entonces presidente de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), el doctor en Física Carlos Castro Madero, consiguió que el gobierno de facto invirtiera miles de millones de dólares para sostener la continuidad de los proyectos.

Destacó el aporte del científico y pionero Jorge Sábato, el apoyo del militar Pedro Eusebio Iraolagoitía, que fue presidente de la CNEA. “Lo de Sábato fue increíble”, manifestó.

Siempre fuimos capaces de demostrar que lo que estábamos haciendo eran cosas útiles independientemente de la ideología”

Eso fue clave para mantener a flote los proyectos más allá de los cambios de gobierno.

“Podría estar tres horas dando nombres”, destacó. “No podés hacer nada si no hay gente dispuesta a poner el hombro, a apoyar”, aseguró.

Y recordó el caso de su esposa, Inés, que empezó “laburando ad honorem”.

“Ella manejaba un montón de idiomas y cuando hicimos los contratos entre Invap y el gobierno de Argelia (por 1985) vino el representante de Argelia y discutimos los detalles del contrato por teléfono y la versión era en francés”, recordó. “Inesita se pasó toda la noche en el viejo telex pasando el contrato”, destacó.


“Todas estas cosas no se hacen si no hay un grupo de gente que se junta”, sostuvo.

Había conocido en Bariloche a su esposa. Un año después se casaron. Ella había estudiado Economía.

Varotto admitió su preocupación por la educación en los niveles primario y secundario. En cambio, opinó que la enseñanza superior “se salvó de ese decaimiento y se superó”.

-¿Está preparado el sistema educativo argentino para encarar el desafío de la sociedad del conocimiento?

-Argentina tiene todo, no para entrar, para estar en la sociedad del conocimiento. El sistema de educación superior nuestro, no hay duda, tiene una calidad muy grande. Lo que a mí me preocupa es el deterioro en la enseñanza primaria y secundaria. En algunos casos, en la ciudad de Buenos Aires han tratado de revertirlo, se ha tratado de revertir en el país. Pero hay un problema de fondo, que si no se cuida, no se arregla, nos puede traer dolores de cabeza y quitarles oportunidades a los chicos. Esto lo digo en todos lados. Mi gran preocupación que nuestros docentes vuelvan a ser educadores y dejen el concepto de que son trabajadores de la educación. Que no tiene nada que ver. El salario digno lo necesitan todos. Pero trabajadores de la educación no puedo asimilarlo a educador.

-¿Cuál es la diferencia?

– Es muy simple. El educador prioriza el educando. Es una vocación como un sacerdocio. Si a mí me pagan mal, podré pedir que me paguen mejor, pero no puedo dejar al educando. En cambio si soy trabajador de la educación es como si fuera una fábrica de autos, no me pagan lo suficiente hago huelga y no produzco autos. Pero no producir autos no es lo mismo que no producir educandos. Vuelvo a decir el producto de un docente es el educando, es el chico.


Dijo que vivió los conflictos docentes que hubo años atrás en Río Negro. “Nunca me voy a olvidar en una de las tantas huelgas acá en Bariloche, un chico que recién empezaba el colegio, la primaria”, contó.
Explicó que un nene cuando empieza la primaria, “la maestra es algo que la tienen en un pedestal”. “Después de menos de una semana de clases, una maestra reúne a los chicos y les dice: chicos el lunes no vengan a clases, no sé hasta cuando. Díganle a los papis que vayan y hablen con el gobernador que nos aumente el sueldo. Usted no le puede decir eso a un nene de 6 años”, sostuvo.
“Lo que quiero decir es que esa maestra posiblemente tenía razón, posiblemente necesitaba un mejor sueldo. Pero es una vocación. No puede olvidarse que su objetivo es el educando”, aseguró.


Varotto recordó que cuando llegó al país, siendo un niño, la Argentina “tenía 7 veces el ingreso per cápita español, es un número impresionante, y hoy estamos en menos de la mitad. Solamente por errores puede ocurrir eso, porque es un país que el de arriba (por Dios) nos dio todo”.

Evidentemente hemos cometido errores, sino esto no tiene explicación. No sé cuántos errores, hay muchos, pero cuando me puse a analizar me di cuenta de que una de las causas iniciales de este deterioro –y no digo que sea la única– y no sé cuánto contribuyó, es que poco a poco fuimos pasando nuestros docentes del concepto de educadores a trabajadores de la educación

En el aeropuerto de Bariloche, Varotto caminaba acompañado del ingeniero Juan Pablo Ordóñez, subgerente de proyectos Nucleares de Invap. Su presencia pasó inadvertida. Era un pasajero más, que esperaba su vuelo. En su opinión, ¿cuál es el legado más importante de Varotto?, le preguntó Río Negro después a Ordoñez. “Demostrar que Argentina puede”, respondió.


“Cuando ideologizamos las decisiones, no vemos las realidades”

–¿Cómo se encuentra Invap y la Comisión Nacional de Energía Atómica para enfrentar los desafío del futuro?

–A nivel de recursos humanos son maravillosos. El tema es, porque uno no es adivino, uno lo que puede hacer es un análisis de hacia adónde vamos, evidentemente Argentina está inserta en la sociedad del conocimiento, pero si quiere mantener el paso, se tiene que avanzar más. Son instituciones que están más que ubicadas para eso y si hay que dar el salto el riesgo tecnológico está siempre.

–¿Cómo eligieron Pilcaniyeu para el proyecto de enriquecimiento de uranio?

–Pilcaniyeu es una historia muy larga. Fueron cuestiones de tipo geológico, cuestiones de agua, de seguridad y aislamiento. Hubo un estudio impresionante para ese proyecto. Y se eligió ese lugar. Fue algo inaudito.

–¿Qué opina de la gestión de Macri en lo que tuvo que ver con la inversión en ciencia y tecnología?

–Esa es una pregunta muy difícil de responder. Yo siempre parto de la base de una persona que llega a la función pública lo hace como servidor público y con la mejor intención de conseguir el bien común. Ahora, las circunstancias son diferentes según el caso. Si no hay plata, no hay plata. Cuando no hay plata, no es que no recibe plata el sistema no recibe plata nadie.

Cuando ideologizamos las decisiones, no vemos las realidades. Si estoy ideologizado y no puedo aceptar que usted haga algo bien y pienso que todo lo que usted está haciendo lo va a ser mal a propósito y esto, lamentablemente, nos ha pasado.

No importa el color y cuando a nosotros nos preguntan cómo es que hicimos para darle continuidad de gobierno en gobierno, fue porque siempre pensamos que todos los que estaban venían con la mejor intención del mundo de hacer las cosas lo mejor posible. No que uno eran los buenos y otros los malos.

La diferencia está, los dos buscan el bien común, hay métodos diferentes. El mismo objetivo lo puede conseguir de forma diferente, Pero de ahí a pensar que el proyecto tiene mala intención es otra cosa.


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