La historia política detrás del primer Oscar chileno

En una entrevista con “Río Negro”, el director del corto animado “La historia de un oso” cuenta cómo fue hacer el premiado film

Por Redacción

Cine

A fines de febrero pasado Chile obtuvo por primera vez un premio Oscar por el cortometraje “La historia de un oso”, dirigido por Gabriel Osorio y producido por Patricio Escala. Casi dos meses después, los creadores trasandinos siguen sin terminar de creer que le ganaron a monstruos de la animación como Pixar (”Ratatouille”, “Toy Story”, “Buscando a Nemo”, entre otras películas) o Dreamworks (”Shrek”, “Madagascar”, “Kung Fu Panda”).

“Estaba seguro de que iba a ganar Pixar, estábamos compitiendo contra un gigante y en su casa. Era imposible ganar viniendo de Sudamérica. Y muchos de los que votaban eran trabajadores de Pixar. Tal vez nos votaron los de Dreamworks para que no ganara Pixar”, contó entre risas Osorio, que estuvo en Buenos Aires para presenciar la proyección de su corto en la Alianza Francesa.

En el corto hay un oso que tiene un espectáculo callejero en el que narra el drama del desarraigo a través de la tragedia de otro oso, el cual es separado de su familia y obligado a trabajar en un circo. Esa trama está inspirada en la historia del abuelo de Osorio: Leopoldo Osorio pasó dos años en la cárcel y se exilió en Inglaterra y España durante la dictadura chilena.

Juan Ignacio Pereyra

Mirá el trailer

“Mi abuelo fue exiliado político en el ‘73. Crecí sin conocerlo porque nací en 1984 y él volvió del exilio en 1990. Crecer sabiendo que mi abuelo estaba afuera y no podía volver porque el Gobierno se lo prohibía era algo que nunca me entró en la cabeza. Era algo terrible, estaba demasiado mal. ¿Qué hizo que no lo dejaban volver? Y era solo por su visión política. Ahí nace la idea del corto”, contó Osorio, que todavía sigue impactado por la repercusión de su trabajo.

“Hace poquito una persona se me acercó y me dijo: ‘Yo soy lo más derechista que existe, pero me encantó el corto’. Los sentimientos que yo traté de poner en el corto no tienen que ver con política en sí mismo sino con cosas que todos estamos de acuerdo que están mal independientemente del lado político que cometió estos errores. Todos estamos de acuerdo que separar familias es algo que está mal y que no deberíamos volver a repetir”, dijo.

El trabajo del corto comenzó en 2010 y quedó terminado cuatro años después. Lo hicieron con un equipo de 16 personas y demandó unos 40.000 dólares. “¡Con eso Pixar hace un segundo de película!”, comparó Osorio, que contó que a la mitad del proyecto tuvieron que interrumpirlo porque se habían quedado sin dinero. “Hicimos otras cosas para ganar dinero, series de televisión. Y en nuestros ratos libres íbamos avanzando en el corto. Lo más difícil fue financiar el corto”, dijo.

Escala remarcó la diferencia entre su productora, Punkrobot, y las grandes empresas estadounidenses. “Si uno se fija en los créditos de nuestro corto se encuentra que las personas se repiten porque todos hicimos un poco de todo. Para cualquier empresa en Sudamérica es así. De repente en ‘Buscando a Nemo’, por ejemplo, hay uno que es el animador de la aleta de Nemo. Nosotros tenemos un animador principal para todo el corto”.

En en el corto, un oso cuenta el desarraigo de otro oso.

Si bien la prensa y la sociedad chilena en general fueron elogiosos con “La historia de un oso”, también hubo discusión por el trasfondo político. “Hubo polémica. Algo importante es que nuevamente puso como tema de conversación el exilio y los desaparecidos que hubo en Chile, algo de lo que el país de alguna manera no quiere hacerse cargo. Se oculta un poco”, opinó Osorio.

Escala señaló que en Chile “pasa algo muy raro” que es como si la gente hubiera mirado hacia otro lado en los últimos años. “Prefirió callar, no escuchar y no debatir sobre esa parte de la historia. El corto quizá abrió nuevamente ese momento de lo que había sucedido pero desde otra perspectiva. Creo que sirvió para que la gente entendiera un poco lo difícil que puede ser para alguien irse exiliado”, dijo.

El productor recordó que “en un momento se hablaba de los exiliados como que habían recibido ‘la beca Pinochet’ y que la estaban pasando bien afuera”. Por eso consideró que “es bueno que se genere una discusión en un país como Chile, donde muchas veces hay miedo a la discusión. La discusión aporta a ir construyendo un mejor futuro”.

Entre otras particularidades, el corto tiene una gran intensidad emotiva, algo que Osorio afirmó que se dio por haber sido “honesto” con la historia que estaba contando. “Tratar de plasmar como yo veía y sentía las cosas. Naturalmente así empiezan a aparecer raíces y quiénes somos nosotros”, indicó el director.

Cuando parecía que el cortometraje estaba terminado, Osorio tuvo un sueño que cambió el final de la historia y estiró en un mes la finalización del proyecto. “Pero logramos dar un mensaje más esperanzador que devastador”, dijo el director. “Tratamos de entregar un mensaje positivo -siguió-. A pesar de que sabemos que el mundo no es perfecto ni como quisiéramos que fuera, tratamos de entregar ese mensaje todos los días desde nuestro trabajo”.


Exit mobile version