La huelga de Baradel
Villa la Angostura
“¿Muerte o dunga dunga?”, relataba el gordo Porcel, contándole a su público la alternativa que un jefe africano les daba a unos expedicionarios blancos hechos prisioneros. Los expedicionarios contestaban, con dignidad: “¡Muerte!”. “Bueno -contestaba el cacique- pero primero le vamos a hacer dunga dunga”.
El cuento desagradable y barato provocaba cierta hilaridad, consistente en lo inútil que es entenderse con quien tiene el poder.
¿Aumento de sueldo y clases o huelga?, dice al gremio docente el gobierno de María Eugenia Vidal, sabiendo que el aumento que propone es bueno y que además postergará obras. Y el gremio de Baradel (Suteba) le contesta: aumento de sueldo y clases, pero primero le vamos a hacer unas huelgas. Como el rengo que sale sin su muleta, el gremio del poco imaginable Baradel dando clases no puede dejar de manotear el bastón… digo, la huelga. Decenas de años de manotear el bastón, digo, la huelga, ha producido esta “solución refleja” en el gremio mayor del magisterio. Ya no se discuten otras formas de luchar por el trabajo docente. Pasa algo y ¡huelga! ¡Qué poca imaginación!
De la misma falta de imaginación está la falta de atributos de la Justicia. Es incapaz de proclamar la supremacía del derecho de aprender y enseñar, ante el derecho de huelga. No advierte su responsabilidad ante la historia. Y así nos va.
Creemos que la huelga es lo más barato, mostrando con esa postura nuestra conducta suicida. Cada día de clase es un tesoro para el futuro. Pero como sociedad aceptamos la huelga. Y nos quedamos sin el tesoro. Somos suicidas del futuro, como si esa no fuera la esperanza para nuestros hijos.
Gunardo Pedersen
DNI 4.915.899