La intervención desde el trabajo social forense





Las trabajadoras y los trabajadores sociales disponemos de recursos variados para efectuar nuestra labor, ya que la formación que poseemos nos faculta para intervenir en diversas problemáticas. La entrevista es una herramienta metodológica que nos permite explorar las múltiples situaciones que se nos presentan, para conocerlas, describirlas y explicarlas. Dichas fases posibilitan realizar el diagnóstico correspondiente. Es decir, identificar cuál es el problema y cuáles son las causas del mismo a fin de planificar o sugerir las alternativas más adecuadas para aplicar en esa situación.

En general se solicita la intervención por un solo problema; sin embargo, la experiencia nos indica que el inconveniente por el que se requiere la evaluación no siempre es el único, sino que es el visible y que en el mismo contexto subyacen otras dificultades. Algunas de ellas suelen ser las que originan el problema principal o impiden que éste se resuelva, aunque también suele haber otros que coexisten simultáneamente.

Por ejemplo, en una ocasión se pidió la intervención para brindarle acompañamiento a un joven que se involucraba reiteradamente en diferentes delitos. El objetivo del acompañamiento mencionado era que cambiara de comportamiento, ya que era riesgoso para él y para los demás. Asimismo, si no modificaba su actitud sería internado en una institución para menores transgresores de la ley. En primera instancia, el muchacho fue reacio a dicha intervención.

La empatía es fundamental, por lo que planifiqué estrategias que favorecieron el vínculo y posteriormente él aceptó de buen grado dicho acompañamiento. En el proceso, comenzó a confiar en este profesional y a relatar diversas situaciones de padecimientos que sufrió hasta que reveló la principal: había sido víctima de abuso sexual, hecho que nunca contó a nadie. En el tiempo posterior a dicho develamiento se autolesionó en más de una ocasión, cortándose las muñecas y otras partes del cuerpo. El proceso era sanador para él, aunque ese comportamiento autolesivo parecía indicar lo contrario. Abordada la temática, al poco tiempo dejó de autoagredirse y de cometer delitos.

También solemos intervenir constituyendo grupos barriales o lo que se conoce como organizaciones sociales de base, con la finalidad de contribuir con el desarrollo local y mejorar las condiciones de vida de los integrantes de la comunidad. En ocasión en que coordinamos uno de estos grupos, acompañamos a superar su problema de consumo de alcohol a un integrante del mismo. En esa oportunidad fue necesario realizar intervenciones individuales y también grupales para que los miembros de dicho grupo le brindaran contención a esta persona.

Asimismo, la otra estrategia que utilizamos fue concurrir junto a él al Grupo Institucional de Alcoholismo (GIA) del hospital local, en el cual comenzó a realizar el tratamiento respectivo. Finalmente, esta persona pudo superar la problemática. Cuando se coordina un grupo no solo hay que estar atento a los objetivos del mismo, sino también a las particularidades generales e individuales.

En ocasión en que coordiné un grupo integrado por estudiantes y trabajadores universitarios, para publicar un libro relatando la historia de la facultad en la que trabajaba, las tareas asignadas estaban claramente definidas con la especificación de los tiempos respectivos. Ello facilitó la tarea, además de la motivación que los integrantes del grupo sentían hacia la misma.

Es posible relatar muchas situaciones más, sin embargo, y con los pocos ejemplos expuestos, puedo afirmar que los trabajadores y trabajadoras sociales contamos con una formación amplia que nos permite intervenir en diferentes problemáticas sociales, movilizar personas en un proceso que siempre es de aprendizaje y generar o identificar recursos en la comunidad para que los usuarios los utilicen y afronten las contrariedades que se les puedan presentar.

*Especialista en Trabajo Social Forense, Río Negro


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