La mujer y la violencia simbólica

Por Redacción

SILVIA CONTRAFATTO (*)

Durante la 57ª sesión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer, que se desarrolló en la sede de Naciones Unidas –Nueva York–, el tema prioritario fue reflexionar sobre las experiencias de los países miembros para erradicar y prevenir todas las formas de violencia contra las mujeres y niñas. Además de las sesiones plenarias, se organizó una mesa redonda de alto nivel y numerosos eventos paralelos. La cuestión de las responsabilidades entre mujeres y hombres en los cuidados y prevención del VIH/sida fue otro tema de análisis. Se comenzó a trabajar la agenda para el 2015, ya que en ese año se planteará un balance sobre lo logrado y los nuevos tópicos a generar para lograr la igualdad de género con posterioridad a esa fecha. Lo emergente en esta sesión fue una presencia importante de mujeres de comunidades indígenas que plantearon su problemática de género dentro y fuera de la comunidad. De hecho presentaron una declaración del Enlace Continental de Mujeres Indígenas de las Américas –Ecmia–, proponiendo “erradicar todas las formas de violencias, aún invisibilizadas, contra las mujeres, niñez y juventud indígenas” en el marco jurídico internacional que les facilitan la Declaración Universal de Derechos Humanos, el Convenio 169 de la OIT, la Cedaw, la Convención Belém Do Pará, la Plataforma de Beijing, el Plan de Acción de Durban, los ODM, Río+20, entre otros. Reclaman a los países miembros que los programas y políticas tengan en cuenta “la multisectorialidad”. Para ello deberán permitir la participación plena y efectiva que garanticen las políticas apropiadas. Requieren políticas educativas que incluyan el “reconocimiento de las diversidades, las diferencias culturales y otras, reconociéndose como iguales en derecho”. El objetivo de ONU Mujeres en esta reunión fue instar a los países miembros a “reforzar las normas y estándares mundiales y aumentar el compromiso político y las medidas que deben adoptarse para poner fin a la violencia contra las mujeres, los niños y niñas”, teniendo en cuenta que es un problema que afecta a siete de cada diez mujeres de todo el mundo, lo que impide el desarrollo y representa un costo alto en cuestiones de atención sanitaria y pérdida de productividad, entre otras consecuencias. Esta vez estuvo interesantísima la discusión del Documento Principal, especialmente cuando Argentina, a través de su representante oficial, planteó la necesidad de incorporar el concepto de la violencia simbólica. Inmediatamente Estados Unidos se opuso enfáticamente. La pregunta es: ¿por qué? De qué hablamos cuando calificamos la violencia como simbólica? Violencia simbólica fue un término acuñado por Pierre Bourdieu en su análisis de las relaciones humanas. La define como “todo poder que logra imponer ciertos significados como legítimos, disimulando las relaciones de fuerzas que los imponen”. Es violencia “porque se impone, ejerce un poder”. Es simbólica “porque lo que se impone son significados, relaciones de sentido”. Necesita de un Estado arbitrario para establecer la desigualdad. Elige determinados grupos sociales y excluye otros a través de la discriminación por diversos motivos predeterminados, que en un ejercicio institucional es aceptada por todos, logrando que se vea como legítimo lo desigual. Es tal el poder que ejerce que también quienes la padecen ignoran que están siendo manipulados, llega al punto tal que esta violencia no es consciente para quien la sufre, reafirma el sociólogo francés. Ya señalaba Bourdieu que estos significados se instauraban por medio de la acción pedagógica a través de los modelos educativos y se institucionalizan también a través de la televisión, el cine, los diversos medios de comunicación, etc. De allí su naturalización y aceptación. Lo importante es que genera una sociedad dividida en dominantes y dominados, y no sólo se refleja en los temas de género sino también en otros no tan mediatizados. Desde otro punto de análisis, la especialista cubana en medios de comunicación Isabel Moya señala que la violencia simbólica “no deja marcas visibles pero sus huellas se multiplican en la cultura, impacta a toda la sociedad y contribuye a reproducir las causales de la violencia machista hacia las mujeres y las niñas”. En este recorrido conceptual se concluye la fuerte responsabilidad del Estado en el control de los modelos educativos y los medios de comunicación que permitan evitar esta desigualdad. Quizás por ello la fuerte oposición de los países del Primer Mundo al no permitir incorporar en la agenda pública el concepto creado por Pierre Bourdieu, porque implicaría que estos temas hoy instalados en los medios y en la intervención policial sean corridos hacia la agenda pública de los tres poderes del Estado para evitar su recrudecimiento y aceptar su responsabilidad y consecuente resarcimiento. (*) Abogada. Delegada de la Asociación Americana de Juristas ante la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer en Naciones Unidas