La ofensiva energética

Por Redacción

Si bien en esta oportunidad la crisis energética no se ha manifestado a través de apagones prolongados en las zonas urbanas políticamente más sensibles, ha tenido una repercusión muy fuerte en la balanza comercial, de ahí los esfuerzos de Guillermo Moreno por obstaculizar las importaciones. No se trata de una solución para el problema planteado por la caída llamativa de la producción de petróleo y gas a partir del 2003 sino de, a lo sumo, un intento de reducir su impacto macroeconómico inmediato. Para impedir que la transformación de la Argentina de un país exportador de energía en uno que se ve obligado a comprar cantidades cada vez mayores en los mercados internacionales, donde los precios pueden cuadruplicar o quintuplicar los pagados a los productores locales, frene abruptamente la expansión de la economía a las “tasas chinas” a las que nos hemos acostumbrado, el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner tendría que estimular las inversiones para que las empresas del sector aprovechen mejor las reservas ya detectadas y encuentren otras nuevas. ¿Es lo que está haciendo el gobierno? Claro que no. Casi automáticamente se ha concentrado en culpar a las empresas por la falta de crudo, amenazándolas con medidas de control destinadas, entre otras cosas, a obligarlas a encargarse de los costos de importarlo, planteo éste que, huelga decirlo, cuenta con el apoyo de los gobernadores de las provincias petroleras. Asimismo está consolidándose la convicción, difundida vigorosamente por el oficialismo, de que la empresa más culpable de todas es, cuando no, Repsol-YPF que, según parece, podría terminar en manos del Estado luego de celebrarse una gran campaña propagandística para que la ciudadanía festeje debidamente el regreso de la oveja extraviada al redil nacional y popular. A esta altura nadie subestimaría la capacidad del gobierno kirchnerista para aprovechar políticamente sus propios errores estratégicos. Es lo que está procurando hacer al tratar la quita de subsidios como un golpe certero contra los avivados de ingresos medianos y altos que durante años han pagado montos irrealmente bajos por la luz, el gas y el agua que consumen y a favor de los pobres que todavía quedan. De la misma manera, se esforzará por hacer de las dificultades causadas por el desplome de la producción energética el pretexto para una batalla patriótica contra los presuntos responsables de la desgracia así supuesta sin preocuparse por las consecuencias a mediano plazo de tal actitud. ¿Se sentirán estimuladas las petroleras a arriesgarse invirtiendo los miles de millones de dólares que se necesitan para explorar, detectar y después explotar las reservas de crudo y de gas, sobre todo el atrapado en los depósitos de shale, que con toda seguridad se hallan en el subsuelo? ¿Vincularse con firmas estatales, como pretenden el gobierno nacional y los provinciales, los ayudará a ser más eficaces? A juzgar por la experiencia nacional en la materia, serán aún más reacios que antes a invertir, mientras que la eventual participación de las politizadas entidades estatales sólo servirá para agravar los problemas ya existentes. Mal que les pese a los políticos y funcionarios, los empresarios suelen prestar más atención a factores netamente comerciales que a las exhortaciones o amenazas oficiales. En el 2003 y los años siguientes Néstor Kirchner basó la política energética que heredaría su sucesora en la idea de que, por haber prosperado en la década de los noventa, las petroleras estarían dispuestas a tolerar tarifas congeladas por un lapso igualmente prolongado sin reducir sus inversiones. Por supuesto, dicha estrategia no funcionó; ni siquiera la “amistad” de directivos de Repsol-YPF con los Kirchner fue suficiente como para persuadirlos de la conveniencia de hacer un gran esfuerzo altruista. Tampoco brindará los resultados presumiblemente deseados la ofensiva gubernamental contra las petroleras. Antes bien, contribuirá a agravar aún más una situación que ya es difícil al hacer todavía menos eficaz, y menos propenso a arriesgarse, el sector responsable de la producción de energía. En cambio, podría permitirles a los kirchneristas anotarse algunos logros políticos más y, claro está, brindar más oportunidades laborales a los militantes del oficialismo.


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