La Peña: Afectos a la distancia, aunque estemos a pocos metros





La pandemia activó eso de los abrazos virtuales. Un abrazo real es único, pero no hay margen para más en este escenario.
El día de la madre nos encuentra con mucho de virtualidad, donde los diálogos son mediante Whatsapp y teléfono, donde la vida se hizo distante, aunque solo nos separen unas pocas cuadras. Pero nada, ni siquiera el coronavirus, opaca la figura de la madre.
Mi madre jamás pedía regalos, siempre nos decía que lo mejor que le podíamos regalar era un abrazo, sonaba a cumplido, pero sonaba bien. Y con el tiempo dimensionamos esa idea, de resumir todo en un abrazo, porque los abrazos resumen emociones, esas que están latentes y que afloran esos días en que la sensibilidad le gana a otras emociones.
No es un día de la madre común, porque pocos o casi nadie recordará una jornada como esta con aislamiento por culpa de un virus que vino de Asia. No existe ese antecedente, pero es tan fuerte que nos condicionó los festejos, los días de y cada juntada que encontraba eco en cualquier excusa.
Pero el virus no pudo con los afectos, porque la distancia, las reglas y los protocolos que abundan, no podrá frenar el llamado o la foto que harán de algún modo que estemos más cerca.
Es raro esto de celebrar en este contexto, porque en definitiva es la no celebración, porque un abrazo a la distancia se entiende, pero no se explica distancia cuando nos separan unos pocos cientos de metros.
Es lo que se impone y lo que nos obligó a reinventarnos y nos está enseñando a demostrar afectos por otras vías.
Será cuestión de estar presentes de algún modo, de resumir en fotos, videos o en el formato que sea, todo aquello que podíamos hacer mirando a los ojos o diciéndolo cara a cara.
Como sea, que este día no pase inadvertido, que podamos decir lo que sentimos o que seamos capaces de estar presentes sin estarlo, porque la pandemia obliga a la distancia.


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