La política, desde una butaca de cine

El presidente del Banco Provincia de Buenos Aires, Gustavo Marangoni, tiene una pasión: las películas. Por eso escribió “Política ATP (apta para todo público). Una introducción de Ciencia Política”.



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El presidente del Banco Provincia de Buenos Aires no se pierde ni una sola película: de las de chicos, las pochocleras o las más serias. Todo le sirve para explicar la política.

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“No es complejo reflexionar sobre el poder a través de ‘El padrino’ o sobre el mundo dogmático con ‘El nombre de la rosa’”, propone Marangoni.

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Carlos Torrengo

carlostorrengo@hotmail.com

Gustavo Marangoni se reclina sobre el respaldo del sillón desde el cual lidera el segundo banco del país: el Provincia de Buenos Aires. “¿Que cómo se me ocurrió? Y... como suele suceder: reflexionando sobre la realidad, sobre como mejorarla”, confiesa a “Río Negro”.

Estilo directo. Franco. Sonrisa fácil. Barba que ha resignado ser tupida, trabada, castrista. Nació en el 65, porteño. Cuna de clase media. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad del Salvador. Un cuarto de siglo como docente universitario. Y depositario de extrema confianza por parte de Daniel Scioli.

–Mire, fui a este libro de política desde una pasión que atesoro desde pibe: el cine. Veo y veo cine. Me banco el ruido de pochoclos de los pibes y mi pibe más chico viendo “El hombre araña”. ¡Soy un especialista en “El hombre araña”! Y sigo con las películas que veo llevando a mi hija al cine, y sigo con mis películas, en este caso sin pochoclos, y me planto con disciplina terminante ante “El padrino” para reflexionarla desde la política... o me corre un frío por la espalda con Freddy Krueger para reflexionar sobre los miedos.

Y así nació “Política ATP (apta para todo público). Una introducción de película a la ciencia política”.

Y escribe Marangoni en la página 19 del libro: “A lo largo de 25 años de carrera docente universitaria, he visto cómo han ido cambiando la formación y los conocimientos de los más jóvenes hasta el punto en que hoy, para muchos, Locke es el nombre de uno de los personajes de ‘Lost’, no John Locke, el filósofo inglés del siglo XVI, y Smith es el apellido de la pareja que protagonizaron Brad Pitt y Angelina Jolie en ‘Señor y Señora Smith’, no Adam Smith, el padre del liberalismo”...

Y a renglón seguido, alentado por el espíritu inquieto con que abordó su tarea, suma: “Ante este escenario, resulta más atractivo introducir la aparente complejidad de la política citando el diálogo final entre el Guasón y Batman en ‘Batman: el caballero de la noche asciende’ o explicar la lucha de clase a partir de la escalada de Tony Montana en el mundo de la droga que hacerlo a partir del mismo Marx. Octopus, el malo de la segunda película de ‘El hombre araña’, nos puede ayudar a entender el rol de la ciencia y la técnica en nuestras sociedades como primer paso para leer a Jurgen Habermas, e ‘Indiana Jones’ podría ser el personaje ideal para diferenciar la concepción del poder liberal de la realpolitik”...

–Sí, sí –señala Marangoni a “Río Negro”–, la génesis de este libro tiene que ver fundamentalmente con cómo convocar a los alumnos. Ellos siempre tienen 20, pero uno suma años. Pero ellos y uno compartimos la sociedad de la imagen, sociedad que además espectaculariza todo. Frente a esta dialéctica, la universidad argentina en tanto estructura que pivotea en la cátedra, aún conserva sesgos más o menos pronunciados, de la clase “magistral”. Y así, cuando los pibes llegan a la universidad viniendo desde ese mundo de imágenes, televisión, internet, Facebook, redes sociales, de golpe se encuentran frente a alguien –el profesor– que suele estar muy creído de que todos los conocimientos del flamante universitario parten de lo que él les dirá durante 80 minutos...

–Deodoro Roca decía que cada hora de cátedra tenía que tener mucho de fermental. De “hacer pensar en términos jamás pensados”...

–Por supuesto. Aunque haya interacción entre alumno y profesor, la cátedra suele convertirse en algo muy denso, no en el sentido positivo que puede tener este término sino como aplastante. Y así fui percibiendo que el cine ofrece una intensa catarata de datos, de situaciones, que son un llamador, una convocatoria a tornar eficiente, con ejemplos, lo que uno está enseñando en materia de desentrañar la ciencia política. Pero que quede en claro que no enseño cine, no transformé mis clases en clases de cine.

–¿Cómo definir la naturaleza del vínculo que establecen la cátedra y los alumnos a partir del cine?

–Un patrimonio común. No estoy diciendo que hayamos visto las mismas películas. Yo no sé cuántos de mis alumnos han visto las películas que yo he visto y a las que apelo para ejemplificar. Pero, vista o no, no es complejo reflexionar sobre el poder a través de “El padrino” o sobre el mundo inquisitorial, dogmático, político en todo caso en términos de un tiempo, una época, mirando y reflexionando “El nombre de la rosa”. Es muy ilustrativo para desmenuzar la ideología, el conservadurismo de la corona británica al ver “La reina” y detectar la sombra de la princesa Diana, muerta tiempo antes. A la reina le molestaba la popularidad de Diana. Y así, y así, con mucha películas. Es un error ver “Rambo” detectando nada más que violencia. Es muy difícil no ver mucho de Maquiavelo en relación a cómo “Rambo” ha llegado a determinada situación. Tan difícil como no detectar cómo el poder, el sistema político de poder, lo ha preparado nada más que para lo brutal y, tras usarlo, lo tira a un mundo que ha defendido pero en el que no es nadie. ¡Hasta en la película más pochoclera hay aportes para enseñar ciencias políticas!... ¡Créame! –sentencia Marangoni mientras acaricia la tapa de “Política ATP”.

“Política ATP (apta para todo público). Una introducción de película a la ciencia política”, el libro en cuestión, de Marangoni.


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