“La presidenta elude asumirse peronista”
Con sólida experiencia en el análisis de la política del país, Mora y Araujo cree que el kirchnerismo no está acorralado, pero le crecen y se expanden los problemas de cara a las elecciones del 2015.
entrevista: A Manuel Mora y Araujo, sociólogo
CARLOS TORRENGO
carlostorrengo@hotmail.com
— Avanzada la década del ´80, en plena transición, usted fue uno de los pocos analistas de la política argentina -quizá el único- que advirtió que el sistema político marchaba a funcionar sin partidos. Advirtió sobre el peligro de esta disolución. ¿Se cumplió su profecía?
— No lo ponga en rango de profecía, por favor. Pero sí, si uno restaba la mirada del metro cuadrado con que los argentinos solemos reflexionar la política y aventurarnos en disquisiciones, resultadismos que luego no suceden… sí, sí, la reflexión era acertada: los partidos comenzaban a esfumarse. Su última expresión como entidades vitales, orgánicas, espacios de poder por reunión de adhesiones que concitaban, fue la elección presidencial del ´83. No hablo de una mudanza tajante, pero luego comenzó a insinuarse lo que ya desde el 2001 fue una crisis creciente. Hoy, los partidos no expresan nada. Las expresiones -el discurso que dice representarlos- está cargo de dirigentes que incluso muchos no han recorrido el desfiladero de la meritocracia para serlo… no tienen lo que generalmente se denomina “curso sonorum”, es decir ganarse el espacio, porque primero hay que ser dirigente antes que candidato…
— ¿España a modo de ejemplo?
— Exactamente. Con independencia de las vicisitudes de la crisis que sacude hoy a España, ahí en política se llega vía un curso largo en los partidos, ya en el PSOE, ya en el PP hoy en el poder y así en sus expresiones regionales. También Chile es un caso similar. En ambos países, muy cercanos a nosotros por razones obvias, los partidos y las convergencias de partidos para el caso de Chile, cumplen con la función de articular opiniones, generar consensos, organizar intereses. Podían no ser absolutos, pero eran clivajes importantes para la identificación, la pertenencia a este o aquel partido. Todo esto se relacionaba con otro factor: la vinculación territorial del partido… Eso era poder. Y en esto creo que lo que conocemos como peronismo -en todo caso los muchos peronismos- sigue manteniendo un tejido fuerte de relaciones.
— En relación a esto: el radicalismo, por caso, parece estar más representado por sus bancadas en el Parlamento que por la acción concreta de la orgánica del partido. ¿Qué expresa esto?
— No está mal que el partido sea también su acción en el Parlamento. Está muy bien. Pero cuando de cara a la sociedad es eso solo, hay un problema. Alguien sostuvo hace mucho tiempo -y yo lo recuerdo en uno de mis libros- que el radicalismo podía variar de votos entre elecciones. Pero el partido en buenas y malas palpitaba, existía. Ese alguien sostenía, entonces, que el radicalismo era como un banco minorista: estaba en todo el territorio nacional y siempre con clientela muy propia. Podía variar la clientela, pero la sucursal seguía y seguía.
— El radicalismo arguye que su poder está en los más de 450 intendentes que tiene a lo largo y ancho del país. ¿Cuánto poder implica esto?
— No sé. Sí sé que le queda una sola provincia con gobierno propio. Por otra parte, con la deformación con la que funciona el sistema federal argentino, muchos de esos intendentes gestionan a partir de la relación que establecen con el gobierno nacional para lograr recursos. Esto implica una dependencia que siempre deja abierta la posibilidad de comprar voluntades por parte, hoy, del kirchnerismo.
— ¿Con qué se identifica o rechaza hoy la gente en materia política?
— Con lo que dice éste o aquél dirigente en los medios, especialmente la televisión. Gran sustituto de los partidos. También con aquél dirigente que, vía recursos financieros importantes, emerge a la política sin ataduras partidarias; casi un espadachín ágil para la promesa fácil. Mucho de la política se construye desde esos lugares…
— ¿Tiene expectativa de que Argentina logre un sistema político sustentado en partidos?
— Soy escéptico. Mantengo el interrogante desde hace mucho tiempo… desde aquellos ´80 en que vi -como usted dijo- que los partidos comenzaban a desvanecerse.
— Con independencia de dedicarse a reflexionar sobre la política argentina, ¿desde qué otro lugar abona su escepticismo?
— Y… por mis funciones profesionales, hablo mucho con la dirigencia política.
— ¿Entonces?
— Evitan profundizar sus reflexiones sobre la situación del sistema político, sus alternativas, los problemas que genera el presidencialismo, marchar o no marchar hacia un sistema parlamentario…
— ¿El kirchnerismo es un partido en sí mismo dentro del peronismo?
— No. Un partido implica mucho de lo que ya dijimos, que es un partido y que podríamos sintetizar como vida partidaria. Y eso no lo tiene el kirchnerismo.
— ¿Tuvo en algún momento el kirchnerismo el poder sobre todo el conjunto del peronismo?
— No. Lo cual no quiere decir que no haya manejado y maneje una inmensa porción del peronismo. Concretamente, lo que yo defino como la “base tradicional” del peronismo, es decir sectores sociales muy bajos en relación a su inserción en el sistema…
— ¿Pero en esos planos las identidades políticas no están muy debilitadas?
— No en relación al kirchnerismo, que en esos planos -como en el despliegue general de su discurso- no habla de peronismo, ni de Perón ni de Evita más allá de situaciones muy puntuales.
— ¿Le incomoda al kirchnerismo el peronismo en tanto espacio con historia, tradición, simbologías?
— Una primera reflexión: hoy no sabemos dónde está ese peronismo que eventualmente incomodaría al kirchnerismo. No parece aventurado señalar que es una historia. Otra reflexión: el kirchnerismo puro, el que define, el que opera en términos de sistema de decisión, tiene muy poco de peronista. La misma presidenta luce ese “poco”. Evita asumirse como peronista. No niega que llegó a la política partiendo del peronismo y militando en él. Pero se tornaría muy complejo argumentar con solidez que le interesa asumirse (hablamos del hoy) como peronista.
— ¿Por qué?
— El peronismo les molesta, porque en alguna medida, los obliga desde la historia, les reta el papel con que ellos -el kirchnerismo- se asumen ante la historia…
— ¿Hacedores sin historia?
— Podría leerse así… ¿Qué tienen que ver con el peronismo y aquella historia Kicillof o Zannini, en quienes está depositado el liderazgo de la estructura de poder más decisiva del gobierno nacional?
— Desde ciertos planos del mundo académico dedicado a reflexionar al kirchnerismo se sostiene que “La Cámpora” es la expresión más elocuente del corrimiento que hizo el kirchnerismo del peronismo. ¿Cuál es su opinión?
— “La Cámpora” no es peronista. De peronismo sólo tiene el arraigo en Cámpora, nada más. Pero su corrimiento no es autónomo del corrimiento (sigamos definiéndolo así ) que dibujó y plasmó la conducción del kirchnerismo. Sucede que “La Cámpora” es, desde su misión kirchnerista, la calle, es el ala en exposición pública directa, numerosa, de cara al espacio político. En consecuencia, la ausencia de simbología peronista, por ejemplo, se expresa muy nítidamente.
— ¿Qué es el kirchnerismo? Usted sabe, por su experiencia en el medio académico, que esta pregunta agita ese espacio…
— Es una expresión de ejercicio de poder de neto corte peronista, aunque no se identifique o siempre busque correrse del peronismo. Porque el peronismo -y siempre he participado de esta idea- no puede ser definido ideológicamente… escapa a eso. Es ejercicio de poder, práctica objetiva de poder. Y el kirchnerismo desarrolla duramente esa práctica. Tanto que genera problemas en el peronismo por su aspiración de “poder total”. No pudo, en sus años de mayor cuota de poder, verticalizar al conjunto del peronismo.
— ¿Está acorralado el kirchnerismo?
— No. Mantiene iniciativas. Pero crecen y se expanden los problemas que enfrenta…
— ¿Manda la inflación?
— Manda.
entrevista: A Manuel Mora y Araujo, sociólogo
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