La presión del Checho

Batista habla sin dramatismos de la Copa, pero sabe que se juega demasiado.



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Sergio Batista sabía muy bien lo que es pertenecer al seleccionado argentino. Jugó dos copas del mundo e incluso fue uno de los últimos jugadores en levantar el tan anhelado trofeo. Claro, en estos días entendió que las presiones cambian el día y la noche cuando se conduce un grupo de estas características, y más cuando un poderoso seleccionado como el albiceleste no gana nada importante desde la Copa América de 1993. Durante los últimos días hubo varios cross de derecha a la mandíbula del Checho. Por un lado, el caso Tevez dejó en evidencia que su independencia suena demasiado a falacia. Pero peores fueron las declaraciones de Julio Grondona, quien lo maltrató y lo hizo culpable de vapulear el prestigio del seleccionado. Batista se muestra distendido y de carácter afable, pero seguramente la procesión lo devora por dentro. Ayer, mientras el plantel que jugará la Copa América comenzaba con las prácticas en el predio de Ezeiza (ver pág. 36), el DT señaló que su equipo está obligado a ganar esta competencia, pero si la vuelta olímpica se frustra, para él no será un fracaso. La palabra fracaso tiene una connotación demoníaca para cualquier entrenador. Sólo ese término hace perder la compostura de un Batista ‘sobremediatizado’, que cuenta con varias certezas y que insiste con algunos experimentos poco comprensibles. Es indudable que para la Copa América que se pondrá en marcha el 1 de julio, para el Checho hay nombres que estarán siempre: Zanetti, Rojo, Milito, Mascherano, Banega, Cambiasso, Di María, Messi, y que a esos seguros titulares se les sumarán Lavezzi, Pastore, Agüero, Higuaín, Garay y el ahora indultado Tevez. Ese es su seleccionado A, el que intentará terminar con años de frustración apelando al exitoso modelo Barcelona. Ahora bien, el ciclo de Batista ha generado en estos últimos meses demasiados interrogantes y algunas polémicas. Se sabe, Batista no llega ni con la chapa de técnicos como Basile, Bielsa o José Pekerman y tampoco con el respaldo popular con el que aterrizó Diego Armando Maradona. Buenos momentos de fútbol de su seleccionado A -ante España, la primera parte frente a Estados Unidos- le proporcionaron cierto respeto ante la crítica y un apoyo casi unánime de los jugadores. Claro, la convocatoria de Tevez -de quien había dicho que no entraba en su filosofía futbolística-, la gira del equipo C -con goleada en contra ante Nigeria y caída frente a Polonia-, más la reprimenda de Grondona minaron la imagen de un técnico que en apenas 11 partidos ha probado nada menos que 71 jugadores, un política tan criticada durante el ciclo Maradona, quien utilizó más de 110 futbolistas en 18 meses. “Estamos obligados a ganarla (la Copa América) y tenemos muchas ganas, pero no lo llamo fracaso (si no se logra). Como en todo torneo Argentina está obligado al éxito, pero lo más importante, y lo que necesita Argentina, es un Mundial”, dijo. Pero lo de Checho suena más a manifestación de deseo que a lo que dicta la realidad. Es cierto que los ciclos de este tipo deben ser respetados durante los cuatro años que llevan a un Mundial, pero esta vez las presiones son demasiadas: primero, porque la localía pesa y mucho; segundo, porque se acarrea una sequía de títulos de 18 años, con dos finales continentales perdidas nada menos que ante Brasil; tercero, porque Batista se puso el buzo “mayor” como interino y para suceder a uno de los hombres de mayor peso en la historia del fútbol mundial. Es cierto, tiene a mano uno de los mejores planteles del mundo y dentro de él, al mejor de todos. El tiempo dirá si acierta o no a la hora de copiar el modelo de un equipo (el Barcelona de Guardiola) imposible de clonar. Se equivoca si piensa que los pequeños detalles (como la gira última) y la improvisación no provocan efectos desestabilizadores. También si no entiende que hoy por hoy la Copa América es su Mundial. Porque en realidad, Brasil 2014 está muy lejos. (S.B)

a 23 días


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