La provincia es un imán para los que buscan nuevos horizontes

Más de 700 personas por mes se radican en Neuquén provenientes de diferentes puntos del país. Salta, Jujuy y Buenos Aires son los orígenes más frecuentes.



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Camila, Ana, Patricia y Verónica son algunos de los ejemplos de “migración interna”. (Foto: Juan Thomes )

Neuquén es una provincia cosmopolita desde sus orígenes. Su crecimiento y expansión mucho tuvo que ver con la gente que llegaba de diversos lugares buscando nuevos y mejores rumbos. Y sobre todo lo es su capital, una ciudad que alberga a miles de personas que dejaron sus provincias natales para armar una nueva vida en la provincia metrópoli de la Patagonia.

En los primeros nueve meses del año más de 6.650 personas hicieron su cambio de domicilio para radicarse en la provincia de Neuquén. En tanto que un 60% de esa cantidad lo realizó para asentarse en algún rincón de la capital neuquina y otro 10% para hacerlo en la zona de la Confluencia que también incluye a Vista Alegre, Centenario y Plottier

“Generalmente es gente que tiene experiencia en el mercado petrolero, de zonas del norte como Jujuy y Salta que en algún momento tuvieron explotación petrolera y hoy está un poco rezagada”, comenzó contando a “Río Negro” Santiago Nuñez, coordinador de gestión de la subsecretaría de Gobierno de la Provincia.

Agregó: “Y evidentemente también tenés gente que viene del conurbano bonaerense y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que viene en general por la muy buena conectividad aérea que tienen en Neuquén. Es gente que se radica en Neuquén y tiene la posibilidad de viajar con cierta regularidad a Buenos Aires”.

Sobre las razones que impulsan esta “migración interna” de distintas provincias hacia Neuquén, Nuñez subrayó: “En general, por lo que a veces se habla con la gente, la radicación en Neuquén tiene que ver con oportunidades, en todo sentido”.

“Neuquén es una provincia que está muy conectada y que tiene mucha infraestructura en lo educativo ya que hay muchas opciones y también hay posibilidades de educación superior. Tenemos radicada una universidad nacional en la capital, con varias delegaciones a los alrededores, con las carreras tradicionales y también muchas carreras alternativas”, detalló el funcionario.

Pero al mismo tiempo señaló que otros puntos a favor de la radicación de gente de otras provincias en Neuquén tienen que ver tanto con la actividad cultural como con la deportiva.

“Hay un buen circuito desde lo cultural y tenés mucha infraestructura de lo deportivo y de recreo. Neuquén es una ciudad y una provincia que tiene muchos clubes, que ha hecho mucha inversión en lo que tiene que ver con infraestructura deportiva en los últimos años”, destacó el coordinador de gestión.

“Todo esto hace que Neuquén no sólo sea una provincia de oportunidades económicas sino que hace mas amigable la radicación con la familia. Cuando uno opta por la radicación uno también evalúa que el lugar sea amigable para la familia, y todos estos otros elementos que van más allá de lo específicamente laboral también son cuestiones que uno tiene en cuenta”, resumió Nuñez.

Las dos franjas etarias que más se radican en la zona son: la que va de 35 a 45 años y los niños de 6 a 10 años, lo que demuestra que, en general, la mayoría son familias completas.

El año pasado hubo más cambios de domicilio que en 2015 y 2016. Este año se prevé que el número va a ser similar al del 2017.

Oportunidad para trabajar

Camila Villagra tiene 27 años, hace dos años y medio que vive en Neuquén Capital.

Llegó en mayo de 2016 directo desde su Tucumán natal en búsqueda de un lugar donde poder asentarse y, sobre todo, trabajar.

Es profesora de educación física y desde antes de recibir su título sabía que debía migrar de su provincia para desarrollarse profesionalmente.

“Yo antes de recibirme tenía pensado irme de Tucumán porque creía que no iba a tener laburo como profe de educación física, es bastante difícil conseguir allá y todos sabíamos que en cualquier parte de sur había más laburo porque se concentran más los petroleros que los docentes. Es como el trabajo fuerte que en Tucumán es la docencia”, contó en diálogo con “Río Negro”.

Aunque Camila sabía que tenía de dejar atrás el norte y abrirse camino al sur, el destino le llegó casi de casualidad.

“Hice un viaje largo con un neuquino, me empezó a contar de Neuquén y dije ‘bueno, por qué no en Neuquén’ así que volví del viaje y me vine. Hice contacto con una familia de acá que me hospedó y ahí se comenzaron a abrir bastantes puertas”, señaló la tucumana.

Una vez acá, conseguir trabajo estable le llevo sólo un mes. El primero fue en una escuela de Cipolletti, pero tras una corta carrera logró obtener cargos en escuelas de la capital neuquina.

“La ciudad me recibió re bien. La gente me ayudó un montón a que yo me sienta cómoda, que tenga un trabajo, techo, todo. En ningún momento me sentí sola, eso me ayudó a quedarme y a aguantar hasta tener un laburo más fuerte”, contó Camila.

Ya instalada con trabajo, novio y amistades neuquinas aseguró que los planes son quedarse definitivamente en Neuquén pese a que siempre extraña su Tucumán querido.

“Por ahí es una ciudad más desorganizada que Tucumán, pero lo que me gusta es que es una ciudad con onda pueblo, no hay tanta locura”,

señaló Camila Villagra sobre Neuquén Capital.

La historia de arraigo que comparten muchas familias

La de Verónica y la de Ana son historias similares y grafican muy bien la de muchas familias que llegan a la provincia, y más precisamente a la ciudad de Neuquén, desde diferentes puntos del país.

Verónica Campana nació en París por circunstancias de la vida de los padres pero se crió entre General Villegas (provincia de Buenos Aires) y la Capital Federal. Ana Pontis Sarmiento es mendocina nacida y criada.

Las dos formaron una familia, en sus lugares, con ingenieros industriales y el trabajo de ellos fue lo que las arrastró a radicarse en Neuquén.

Como todo cambio abrupto, en un principio no fue lo que más querían, pero el tiempo y la vida en la ciudad las terminó por convencer que Neuquén era un buen lugar para instalarse y desarrollarse tanto personal y profesionalmente como familiarmente.

“En noviembre de 2006 a Gabriel, mi marido, le hicieron una propuesta laboral. Él es ingeniero industrial y estaba trabajando en algo que nada que ver, en recursos humanos, así que le interesó y se vino. Mi primera reacción fue decirle que se venga solito y después en enero ya estaba en el hotel buscando casa y nos vinimos. Yo ya tenía tres hijos y estaba embarazada del cuarto”, comenzó contando Ana sobre su historia.

Y siguió: “La verdad que Neuquén nos recibió muy bien. Apenas llegué no fue lo que más me gustó, pedía disculpas pero le decía a todo el mundo que no me gustaba Neuquén, yo nunca había salido de Mendoza y era toda una movida venir con tres chicos y embarazada a un lugar nuevo”.

Sin embargo, instalarse no fue muy difícil, encontró trabajo muy rápido y logró reproducir en tierras neuquinas la vida que llevaba en Mendoza: ella es docente de jardín de infantes, los hijos asisten al mismo colegio donde trabaja y encontraron un club de hockey y rugby donde continuar con su “vida de club”.

“Hoy después de 11 años y con un hijo neuquino estamos muy contentos viviendo acá”, confió la mendocina al mismo tiempo que aseguró que sus planes son quedarse a vivir acá.

Verónica vivía con su marido Francisco y sus dos pequeños hijos en Devoto, Buenos Aires. A una parte de su familia la tenía muy cerca y a la otra a unos pocos kilómetros.

Ella es odontóloga especializada en cirugía y él es ingeniero industrial y desde 2015 trabaja en YPF. El año pasado a Francisco le ofrecieron trasladarlo a Neuquén a cambio de un ascenso.

Para él la decisión era muy simple, significaba volver a su Neuquén natal y vivir cerca de su familia nuevamente.

“Fue medio rápido, en junio se lo ofrecieron y lo necesitaban para julio, la decisión la tomamos medio rápido y dijimos que si porque él era de acá, estaban mis suegros y por eso decidimos que nos veníamos. Pero para mi fue horrible al principio. Nosotros nos vinimos en septiembre y para mi fue como un cambio muy brusco porque no terminamos el año, no cerramos los ciclos”, contó Verónica.

Y agregó: “Después traté de mantener un poco la vida que llevábamos allá y todo fue bien”.

Una amiga la ayudó para comenzar a trabajar rápidamente y encontró un club en el cual practicar hockey tal como lo hacía allá. Ahora sus planes de vida están acá: “La idea es quedarnos, nosotros ya tenemos un proyecto para construir, la idea es quedarnos, no se si en un futuro lo volverán a trasladar a Fran, pero si lo trasladan tiene que ser Buenos Aires, otro lugar no”.

“Extrañé un montón a mi familia y la cotidianidad que tenía allá, pero una vez que la vas armando en Neuquén también está bueno”,

señaló Verónica sobre su llegada a la ciudad.

“Ver a tus hijos bien, encontrar y hacer lo que a uno le gusta también es buenísimo, y soy una agradecida de eso”,

confió Ana sobre su vida en Neuquén.

Siguiendo los pasos del mercado

Era el año 1998 y Patricia Sand vivía en su Posadas (Misiones) natal con su marido y sus dos pequeños hijos.

Ella y su marido junto a la familia de él tenían un aserradero y sabían que el pino elliotti (un tipo de árbol que común en la provincia de la Mesopotamia) era muy requerido en Neuquén y alrededores.

Ya en los ‘80 su suegro había tenido una maderera en la ciudad y es por eso que ellos decidieron dejar todo y apostar por una vida en Neuquén.

“Trabajábamos bien un tiempo y después todo empezó a decaer, nos agarro la época de De la Rúa en que cambiábamos de presidente a cada rato y se vendía mucho con cheque, hubo una empresa muy grande que no nos pagó y perdimos todo, nos quedamos sin el negocio así que tuvimos que vender todo y volver a casa. Arrancamos de nuevo, todo se estabilizó y como vimos la posibilidad de volver acá a trabajar, volvimos a poner otra maderera”, contó Patricia sobre su vuelta a Misiones y su segundo y último intento de radicarse en la ciudad, allá por 2015.

Más allá de los negocios, un cambio tan radical de provincia no fue tan fácil.

“El impacto más grande que yo tuve la primera vez que vine fue la parte social, yo lo veía como muy cerrado al principio. En Misiones vas con mate al supermercado y compartís con cualquiera”, contó la misionera.

Y agregó: “La segunda vez que vine es como que cambió mucho, yo creo que debe ser porque hay mucha gente que viene de otros lugares”.

Sobre su permanencia en la provincia ella señaló: “Lo nuestro va por lo comercial, mis hijos se criaron acá, yo tengo mi casa, estamos estabilizados y es como que no quisiéramos irnos, pero siempre existe la posibilidad de que si hay un lugar en el que se pueda trabajar me iría, pero a medias porque mis hijos se van a quedar acá”.

“Neuquén siempre te da la posibilidad, como es una ciudad que creció tanto siempre hay posibilidades de reinventarse”,

señaló Patricia sobre su decisión de venir.

Datos

Las dos franjas etarias que más se radican en la zona son: la que va de 35 a 45 años y los niños de 6 a 10 años, lo que demuestra que, en general, la mayoría son familias completas.
El año pasado hubo más cambios de domicilio que en 2015 y 2016. Este año se prevé que el número va a ser similar al del 2017.
“Por ahí es una ciudad más desorganizada que Tucumán, pero lo que me gusta es que es una ciudad con onda pueblo, no hay tanta locura”,
“Extrañé un montón a mi familia y la cotidianidad que tenía allá, pero una vez que la vas armando en Neuquén también está bueno”,
“Ver a tus hijos bien, encontrar y hacer lo que a uno le gusta también es buenísimo, y soy una agradecida de eso”,
“Neuquén siempre te da la posibilidad, como es una ciudad que creció tanto siempre hay posibilidades de reinventarse”,

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La provincia es un imán para los que buscan nuevos horizontes