“La realidad, una vez más, supera la ficción”
A la presidenta de la República Argentina, Sra. Cristina Fernández de Kirchner: De mi máxima consideración. El Sr. Videla se fue quizá en la convicción, conforme a su pertenencia castrense y a su idiosincrasia, del deber cumplido y que nadie pudiera refutar sus palabras: “No están… no podemos hablar de desaparecidos siquiera…” (¿se acuerdan que dijo esto por tv?). Con pruebas bien contundentes; por mi parte quedo con una sensación rara porque no pudo, ni podrá, leer este libro indicativo de que no hay crímenes perfectos y menos escondites masivos de personas desaparecidas que no se puedan hallar. Lo que sí conozco en cantidad son detractores, indiferentes, falsarios, desentendidos y demás. Porque desde hace cinco años que lo quiero editar, junto con otros seis, a mi modo y según mi manera de clasificarlos. Pero resulta, al parecer, que ser ignorante e indigente es un delito mayor y, por tanto, debe de castigarse con la negligencia, el olvido y la desidia, para que justamente su osado promotor no lo publique y en consecuencia no se ubiquen esos restos óseos para su identificación y para su digno y humano entierro. Recuerdo haber entregado este volante en mano (decodificando a Cortázar…), solicitando ayuda a no menos de 50 políticos de mi provincia, de todos los cargos conocidos, a otras 50 personas de diversos estamentos e instituciones gubernamentales y no gubernamentales y a unas 1.000 personas en términos generales. Entonces, Cristina Fernández de Kirchner, qué onda… con los desaparecidos. “… (aquí, nombre del lugar)…… decodificando a Cortázar”. Basado en una vivencia genuina, propia, luego de reescribir a Cortázar, con detalles de las reflexiones del momento y el encuentro con quien confirma toda sospecha y consideraciones generales clarificando un manto de dudas respecto de entierros masivos de personas en épocas dictatoriales que lleva décadas de silencio. Inspirado en dos páginas del autor Cortázar, convertido en más de 100 páginas donde la desconstrucción y lógica paradójica, devaneos generales, conjeturas, estudios de campo y fantasías nos conducen directamente a un lugar casi preciso, e identificable en la actualidad: un pozo negro en el conurbano bonaerense con posibles responsables de época. Pozo quiere decir tumbas NN de entierro masivo de desaparecidos en tiempos de la última dictadura argentina. Hasta ahí todo bien, no deja de ser excelente ficción metaliteraria. Pero por esas cosas de la vida que es sueño, tiempo después de hacer el arduo trabajo de decodificación me encuentro con un sujeto que revistó, a finales de los 70 y comienzo de los 80, en una institución corporativa en Buenos Aires, confirmando mis sospechas y la certeza de Cortázar. Porque, cuando acudo a preguntarle, figurativamente, se le salta la cadena y de inmediato entra en estado colérico, poniéndose a la defensiva –porque lo puse en evidencia– queriéndome reventar, además, en la vía pública, previa amenaza a perpetuidad hasta en otros continentes si fuera necesario (“Si escribís eso voy a España y personalmente te reviento la cabeza con la nueve…” –pistola nueve milímetros–). Por las cosas que manifestó pude achicar a un reducido espacio e identificar el lugar, cuando hasta entonces mi campo de estudio abarcaba cientos de kilómetros cuadrados, con nombres y responsables de la época. No obstante, si se aprecia detenidamente la actitud iracunda del individuo y se trabaja en la subjetivación de la situación y de las palabras de esa breve conversación mantenida con él, se percibe que no hubo negación, simulación ni desentendimiento, más bien una potencial confirmación de que existe un entierro de personas allí aun mencionando una zona muy conocida en Buenos Aires. ¡Increíble! La realidad, una vez más, supera cualquier ficción. Orlando Jorge Martínez, DNI 16.759.275 Roca
Orlando Jorge Martínez, DNI 16.759.275 Roca