La seguridad, de Sobisch a Sapag
El delito es sus diversas formas está muy presente en la preocupación de los neuquinos y por ello se ha transformado en un tema central en la política y las campañas electorales. Un estudio de académicos de la UNC analiza los planes implementados por las últimas dos administraciones del MPN en materia de prevención del delito, al menos cuatro, encontrando, pese a las diferencias, una matriz común: se centran en las modalidades callejeras, de alta visibilidad pública, dejando de lado crímenes de “cuello blanco” (corrupción, narcotráfico, trata), que tienen complicidad del poder y mayor impacto social. Más que “planes”, un hiperactivismo que amontona medidas, mirando las encuestas, que luego conviven en forma desordenada.
Estampado con sello muy fuerte en la agenda cotidiana de los neuquinos y en consecuencia también en la política y las campañas electorales, el incremento del delito jaquea Neuquén y desafía al aparato de Estado provincial a generar políticas direccionadas a enfrentar la situación. Por este motivo el plano académico neuquino, más concretamente la Universidad Nacional del Comahue y otros centros vinculados a la investigación de la historia y de los fenómenos sociales, han puesto su lupa sobre los temas de seguridad. Y generan así un espacio de reflexión no necesariamente escuchado por esa política. “Debates” conversó sobre todo este tema con la socióloga Dolores Sancho que, en el marco de su tesis doctoral, investigó los planes de seguridad de los gobiernos de Jorge Sobisch y Jorge Sapag.
–¿Qué alcances hay que darle, es una categoría que usted trabaja en sus investigaciones, a lo que define como “la prevención más allá de la pena”? Una cuestión que emerge como núcleo duro en los planes neuquinos contra el delito.
–Ni es propia ni es nueva. Y como digo en mis trabajos, tampoco es un nuevo paradigma para el manejo del delito. Hace más de dos siglos, Becaria reflexionó desde lugares cercanos a esta cuestión, que también emerge, tenuemente en todo caso, en la discursividad de la Ilustración. Se trata simplemente de la prevención antes de que se cometa el delito…
–¿No es una nueva forma de pensar la pena?
–La coloca en otro plano. Tradicionalmente la pena fue pensada y organizada desde lo jurídico en función preventiva. Por un lado, una prevención especial, porque está destinada al que infringe la ley y de esa manera no lo vuelva a hacer; por el otro, una prevención general: disuadir al conjunto…
–Pero una mudanza de esta naturaleza no parece ser neutra en términos de percepciones, de pensar qué hacer con el delito. ¿Qué fracaso está en todo caso expresando ese giro?
–En alguna medida, la respuesta hace a cómo se reflexione un sistema de seguridad en relación a la sociedad…
–¿A la ideología, a la cultura? La investigadora Lila Caimari sostiene que los términos en que uno piensa el sistema carcelario implican mucho de los términos con que uno piensa la vida…
–Es cierto. El giro expresa el fracaso del sistema penal ante el crecimiento de la inseguridad objetiva y subjetiva, que generalmente no marchan juntas. Pero el sustento ideológico, cultural del giro tiene su cuna en lo que yo llamo la aparición de la “racionalidad política neoliberal”, que surge en Europa en los 70-80 y que en Argentina se asume en los 90 y marca los planes de seguridad que forjan Sobisch y Sapag.
–Reflexionando desde esas políticas, ¿qué es evidente que se deja de lado en Neuquén al adoptarse la política de prevención del delito más allá de la pena?
–Veamos. Lo que expresa esa concepción es, cuando hablamos de ella, trabajar sobre el delito callejero, o sea robos, hurtos. Así, en la práctica objetiva se dejan de lado otros delitos que son muy dañinos para la sociedad: la corrupción, el narcotráfico, la trata de personas…
–Delitos que requieren tener “banca” en pliegues y repliegues del poder…
–Hacen a los delitos de cuello blanco, requieren aliados poderosos que garanticen impunidad. Estamos ante un caso muy elocuente de reduccionismo.
–¿De qué?
–Del campo que hace al delito, de sus distintos planos, formas. Que es una, sino la más, de las características que tienen el grueso de las políticas de seguridad que se forjaron en el país a partir de los 90. En todos ellos, Neuquén incluido, la seguridad está reducida, hablo de la práctica concreta en la aplicación de medidas y ejercicio de legitimidad de acción de la policía y la justicia, y centrada en la protección de personas, bienes, espacios públicos y de visibilidad pública…
–¿Un plan más integral qué debería integrar?
–Las múltiples inseguridades a que están sujetas las personas en la sociedades modernas. La inseguridad laboral, habitacional, ¡salud!…
–Un típico caso donde todo tiene que ver con todo…
–Ni más ni menos… Y en Neuquén esto se evidencia en términos muy elocuentes.
–Siguiendo sus trabajos, uno concluye que sobre Neuquén, en términos de 15 años, de la mano de Jorge Sobisch y Jorge Sapag se ha generado una sobredosis de planes de seguridad de resultado, como mínimo, opinable. ¿No hay mucho hiperactivismo del Estado en este campo? Cierta esquizofrenia en el lanzar medidas, medidas…
–Bueno, los planes en cuestión siempre han tenido, y esto es sólo una parte de una explicación mayor sobre el tema, mucho que ver con urgencias políticas, electorales, ante los términos en que se fue estampando en la agenda pública la inseguridad. El sociólogo David Garlan opina, y esto vale mucho para el caso Neuquén, que ante la normalización de elevadas tasas de delito –así lo expongo en mis trabajos–, sumada a las limitaciones hacia las que se desliza la Justicia penal, el Estado es ganado por cierto frenesí… hiperactivismo, y reacciona con dejos de esquizofrenia. Oscila en cuanto a qué hacer…
–Pero oscilar no es neutro en relación a lo que está en juego…
–Por supuesto. Pero opera erráticamente en general entre dos opciones o posturas. Por un lado, la respuesta adaptacionista; por el otro, la denegatoria. La primera pivotea en reconocer que tiene límites para enfrentar el delito. Su discurso comienza entonces a poblarse de estrategias adaptacionistas, de naturaleza muy heterogénea pero que en su conjunto hacen a…
–¿Buscar ayuda en el afuera?
–Podríamos definirlo así. Es decir, busca nuevos actores para comprometerlos en la lucha contra el delito, extiende las responsabilidades. Pero al asumir esta limitación, entra en tembladeral el mito del Estado soberano, algo que hace a su fundación. O sea el Estado que, por tener el monopolio de la fuerza, debe garantizar la protección, pero en los hechos no lo concreta. Es ahí donde surgen lo que yo llamo “estrategias de negación”. Se procura reafirmar el mito del Estado soberano situando al que delinque en términos de un “otro” inadmisible para el “nosotros”… la culpa está en otro lado. Se trata de cierto “populismo punitivo” de racionalidad conservadora…
–El infierno son los otros…
–Y así es posible que se desemboque en el Estado penal, del que habla Loïc Wacquant (NDR: sociólogo francés experto en violencia urbana)…
–¿Cuántas estrategias, rangos de reflexión sobre seguridad, se igualan en los planes de seguridad de Sobisch y Sapag?
–¡Ah, muchas! Y responden a racionalidades ideológicas distintas. Concretamente: neoliberal, conservadora e incluso a la racionalidad política “de bienestar”…
–No entiendo.
–Admitiendo que esos planes fueron forjados desde la concepción de prevención del delito más allá de la pena y del cual hablamos, debemos saber que en ese plano conviven distintas estrategias con fundamentos, racionalidades y técnicas diferentes y contradictorias. Esto no implica que no puedan aplicarse juntas. En términos generales, estas estrategias se pueden clasificar en prevención situacional y ambiental (interviene en el medioambiente inmediato en el que se producen los delitos); prevención social (interviene sobre las causas sociales de los delitos generalmente asociadas al déficit material y cultural); prevención comunitaria (la comunidad aparece como sujeto y objeto de las intervenciones). Todo esto responde a la racionalidad política neoliberal, neoconservadora y “de bienestar”. En este sentido, es interesante ver cómo todas conviven en las distintas políticas de seguridad desplegadas por Sobisch y Sapag…
–Una más: ¿la mentada cuadrícula policial ha devenido en mera burocratización del método?
–Y… también el delito le ha tomado el tiempo…
Carlos torrengo
carlotorrengo@hotmail.com
Los planes neuquinos bajo la lupa académica