“La soberbia”

Por Redacción

La soberbia es una forma particular de la discapacidad que suele afectar a políticos, gobernantes, directivos, funcionarios, etc., pero también a porteros, choferes de colectivos, empleados públicos y a todos aquellos infelices mortales que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder. He aquí algunos consejos como método rápido y práctico para no caer en la tentación y achicar la misma. Diríjase usted a una zona rural, elija el campo que más le guste, desnúdese y espere a que anochezca. Cruce entonces el alambrado con cuidado de no perder ninguno de los atributos del poder y camine hasta que se sienta que está en el medio de la nada, de la soledad más absoluta. Una vez allí levante la cabeza mirando al cielo y a las estrellas. En ese instante, visto desde el espacio usted debe ser algo así como un virus instalado en una pelota de fútbol. Piense entonces que está usted parado sobre un minúsculo planeta que gira alrededor del Sol y que el Sol es nada más que una estrella pequeña entre los millones de estrellas que usted está viendo y que forman nuestra galaxia. Recuerde también que, además, nuestra galaxia es una de las millones de galaxias que desde hace millones de años giran en el espacio. Una vez que haya hecho esto, coloque los brazos en jarra sobre la cintura en actitud desafiante, o adopte cualquier otra postura que le parezca cabal como para expresar el inmenso poder que usted tiene, e hinchando las venas del cuello grite con toda la voz que sea capaz de juntar en ese momento: ¡yo sí que soy alguien verdaderamente poderoso! Luego espere a ver el resultado. Si ve que algunas estrellas se sacuden, no se haga demasiado problema, es Dios que a veces no puede aguantar la risa. Esta pequeña introducción les cabe, como ya está expresado, a todos aquellos infelices mortales que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder, en particular a los políticos que cometen su primer error pensando que cuando la ciudadanía los elige es por varios períodos, sin ver que la realidad pasa por prestar un servicio que dura tan sólo uno, para luego irse a casa y volver a intentarlo, si es que hicieron bien las cosas, después de haber dado paso a otro servidor público del mismo o distinto signo político. Justamente esto ocurrió con nuestra actual servidora pública saltense quien, además de cometer innumerables errores cargados de prepotencia y soberbia, tan sólo por recordar la pretendida instalación del basurero de petróleo y el caprichoso aumento del impuesto municipal en contra de lo acordado por el Concejo Deliberante, jamás escuchó ni aceptó otras ideas, otras formas de pensar y actuar para resolver los problemas y así avanzar en forma armoniosa y equilibrada con la ciudadanía y sus verdaderos representantes, el honorable Concejo Deliberante, con quienes jamás tuvo empatía denotando una pobrísima inteligencia emocional, tantas veces sugerida a través de este medio. No quisiera dejar de mencionar el peligro que entraña, para la ciudadanía toda, que los funcionarios se crean imprescindibles, haciendo caso omiso al hecho de que el cementerio está lleno de imprescindibles; en muchos casos esa cuota de soberbia y poder los enferma a tal punto que continúan con los preceptos de la vieja política: “el caudillismo”. Y aquí, valga para usted y para todos aquellos que intenten lo mismo, nuestra sociedad no acepta patrones de estancia sino el imperio de la ley. En la opinión de un ciudadano en pleno ejercicio de la democracia, me atrevo a expresar el “chau Cristina” instalado desde hace bastante tiempo en la sociedad, expresión que va causando y causará por efecto dominó una sensación de alivio que, más allá del sentido despectivo que pueda causar como primera impresión, es la respuesta del soberano, “el voto”. Ansío que en este breve período que le resta hasta el 10D trate, en lo posible, de revertir algunas acciones, en particular de devolverle a la ciudadanía que sobretributó el impuesto municipal y que usted perdió en tres instancias judiciales, y después sí: “adiós señora intendenta”, y hasta siempre. Silvano Giacolla Caruso, DNI 8.119.34 Cinco Saltos

Silvano Giacolla Caruso, DNI 8.119.34 Cinco Saltos