Las andanzas de Butch Cassidy y su banda en la Patagonia

El legendario bandolero estadounidense, su cómplice Sundance Kid y su novia, Ethel Place, llegaron en 1901 a un campo en Cholila. La sombra de nuevos atracos los persiguió hasta que se fugaron a Chile.



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Aquella noche de verano, Butch Cassidy, Sundance Kid y Etta Place estaban cenando en su cabaña a orillas del río Blanco, agasajando a una familia de la colonia galesa, cuando entró al comedor un perro con la mano de un hombre en la boca. El silencio su sepulcral y la situación fue salvada por otro miembro de la gavilla, que entró a la carrera y se lo llevó. Nadie dijo nada, pero entre los pobladores comenzó a correr la sospecha de que sus vecinos ocultaban un pasado oscuro, alimentado por los escasos diarios que llegaban, donde se hablaba de una banda de pistoleros norteamericanos como posibles autores del asalto al Banco Nación de Villa Mercedes, San Luis, y del Banco de Londres y Argentino Limitado, en Río Gallegos.

Arribados en 1901, al ver el valle que decidieron colonizar lo bautizaron con el romántico nombre de “Flores amarillas” y se abocaron de inmediato a construir su cabaña con troncos puestos horizontalmente, tejuelas de ciprés, puertas y ventanas guillotina y empapelado en las paredes, con la premisa de convertirse “en honrados ganaderos y buenos vecinos”.

“Siempre se mostraron correctos y afables con las 14 familias que ocupaban tierras en Cholila. Incluso los primeros medicamentos que se conocieron por estos pagos, los trajeron ellos”, evocó Raúl Cea, un historiador local ya fallecido, cuyo padre compartió con la banda muchas jornadas dedicadas a amansar caballos y rodear hacienda.

Sobre Butch Cassidy recordó que:

“Butch Cassidy era un hombre simpático y sociable, siempre dispuesto a aceptar con absoluto humor las pruebas a las que lo sometían los paisanos. De figura felina, andar muy suelto y mirada poderosa, siempre se encontraba a la defensiva”.

Era el más diestro para las faenas de campo y el manejo de caballos. Hacia 1905 llegaron a tener 900 vacas, 1500 ovejas y 40 caballos. La propiedad de 6.000 hectáreas incluía una gran caballeriza y cuatro establos.

Ima

Apenas un cartel precario marca el ingreso a la cabaña más famosa de Cholila.

La cabaña se puede visitar en cualquier momento.

El bucolico paisaje de Cholila conserva la cabaña a orillas del río Blanco.

El frente de la cabaña.

La cabaña en el paraje El Blanco, a un costado de la ruta 71.

Las ventanas de la cabaña se convertían en fortaleza y había un túnel hasta el río.

Ubicada en la Cholila.

Actualmente la construcción principal (fue restaurada) sigue en pie y forma parte de los atractivos turísticos del lugar, con su halo de misterio y fábulas. “No pude resistirme a ver la cabaña que había alojado a Butch Cassidy y su banda de asaltantes norteamericanos e imaginar por un rato que era parte de un western con rifle, caballo y sombrero del oeste”, reconoció Martín Oliveira, un visitante brasileño fascinado por “esta tierra de pistoleros y leyendas, campesina e inolvidable”, a 80 km al sur de El Bolsón.

Lo que pocos saben es que dicha cabaña estaba preparada además para resistir un tiroteo contra posibles fuerzas federales que llegasen a capturarlos y que tenía un túnel hasta el río, donde siempre había caballos ensillados y listos para huir.

Hoy, a pocos metros, también hay un bar temático y museo (La Legal), donde se pueden revivir muchas de aquellas historias.

La banda salvaje

La historia detalla que Robert Leroy Parker y Harry Longabaugh se conocieron en 1897, en el oeste americano. Se hicieron famosos como Butch Cassidy y Sundance Kid y formaban parte de la temible banda de asaltantes de bancos y trenes “Wild Bunch” (banda salvaje).

El grupo, cuyo centro de operaciones estaba en el Hole in the Wall, realizaba estudiados golpes con una fuga perfectamente planificada con caballos de refresco en puntos determinados, lo que hacía muy dificultosa su captura. El precio puesto a sus cabezas por banqueros y empresas ferrocarrileras, el telégrafo, la movilidad policial en trenes y una fotografía que cinco de sus miembros se tomara en 1901 en Forth Worth (Texas), facilitaron la investigación de los agentes de la Agencia de detectives Pinkerton.

Acosados por los sabuesos, y también por la enorme cantidad de afiches que ofrecían jugosas recompensas al que los entregase “vivos o muertos” a la justicia estadounidense, debieron hacerse pronto de una vía de escape. Huyeron hacia el este y luego de visitar los mejores restaurantes, hoteles y joyerías de Nueva York, junto a Ethel Place (Etta), la novia de Sundance, se embarcaron en el buque Herminius con destino a Sudamérica.

Rumbo al sur

Meses después llegaron a Buenos Aires, donde pararon en un hotel por un tiempo hasta que marcharon a la Patagonia, con recomendaciones de los hermanos Ralph y George Newbery (tío del famoso aviador), vicecónsules honorarios de Estados Unidos, quienes alentaban la creación de una colonia norteamericana sobre 730.000 hectáreas ubicadas entre el lago Mascardi y Cholila . Ya en 1895 el gobierno ofrecía tierras en esta zona mediante publicaciones en los diarios de EE.UU.

Luego de asegurarse de que por estos lares “no había bandoleros”, tomaron el ferrocarril del Sud hasta su finalización en la actual Cipolletti y desde allí siguieron camino a caballo. Al llegar a Cholila los sorprendió la hermosura del valle cordillerano “con pasturas que llegaban hasta las rodillas y excelente agua fresca proveniente de los lagos y ríos que nacen en las montañas cercanas”.

Al trío “seguramente les resultó atractiva la similitud del Lejano Oeste norteamericano con el Lejano Sur argentino, un territorio de pioneros, donde el brazo de la justicia aún no había llegado y las lealtades estaban por encima de la ley”.

El grupo se instaló con nombres falsos y se dedicaron a la compra de animales con parte del dinero obtenido en un atraco a un banco de Nevada (Estados Unidos) –y luego con el producto de distintos asaltos a entidades financieras de la región patagónica-. Según Osvaldo Aguirre, autor de “Enemigos públicos”, Cassidy y su banda son “los fundadores de prácticas delictivas desconocidas aún en la Argentina, como el asalto a bancos y el secuestro, una modalidad que exploraron casi accidentalmente cuando mantuvieron cautivo en un calabozo a un hombre durante un mes sin proponérselo previamente” (el hacendado Lucio Ramos Otero, en Río Pico).

En los años siguientes, como respetables vecinos, “reciben las visitas del tejano Jarred Jones, primer colono del lago Nahuel Huapi; familias de origen galés de la vecina Colonia 16 de Octubre, incluyendo al propio comisario Eduardo Humphreys. Por aquella época realizan viajes a la Colonia del Chubut, hospedándose en el hotel del Globo, en Trelew, y en el de Pugh, en Gaiman, el mismo en el que se había alojado el presidente Roca, cuando visitara la zona cuatro años antes”, destaca Marcelo Gavirati en su libro “Buscados en la Patagonia”.

Pero sin dudas, el visitante “más encumbrado de la cabaña es el mismísimo gobernador del Chubut, Julio Lezana, quien durante la gira que realiza en los primeros meses de 1904 por la zona cordillerana, se aloja en la casa de Ryan y el matrimonio Place. Durante la recepción brindada en casa de Sixto Gerez, se produce una de las anécdotas más recordadas, cuando la bellísima Ethel baila una zamba con el mandatario”.

Todo se precipita

Sin embargo, parece que el dinero traído desde EE.UU. se termina y no tardan en aparecer en escena los viejos cómplices del Lejano Oeste: Roberto Perkins, Hood (alias Roberto Evans), William Wilson, Ben Kilpatrick (alias Tall Texan), Will Carver (alias News Carver), Litjens y Harvey Logan (alias Kid Curry), más el lugareño Mansel Gibbon, quien pasó a formar parte del grupo apenas el trío más famoso se vio obligado a huir precipitadamente hacia Chile.

Los norteamericanos Evans, Wilson, Duffy, junto con el trelewense Mansel “Yake” Gibbon y el chileno Juan Vidal, se asociarán en 1908 para rearmar la “banda de los norteamericanos” que azotaría a la Patagonia durante casi cuatro años más. Por esa época también llega el temible Harvey Logan (o Andrew Duffy, alias “Diente de oro”), uno de los delincuentes más buscados en los Estados Unidos.

Además de los bancos robados en Santa Cruz y San Luis, los atracos más sonados por aquellos años fueron a la casa Lahusen, de Comodoro Rivadavia (falló porque antes de entrar los cowboys terminaron asesinando en la calle de tres tiros a un peón chileno que les pidió más plata); la Compañía Mercantil de Arroyo Pescado, donde se produce la muerte del gerente, LLwyd Ap Iwan, y el secuestro del hacendado Lucio Ramos Otero y su peón, José Quintanilla, en el Cañadón del Tiro, próximo a Corcovado (al sur de Esquel), donde aquel poseía su estancia y a quienes mantuvieron encerrados durante más de un mes en un bosque cercano a Río Pico. Allí, en un tiroteo con la policía fronteriza, murieron Roberto Evans y William Wilson, mientras que Juan Vidal y Mansel Gibbon habrían huido a Chile y cambiado de nombre.

Previamente, el 14 de febrero de 1905 se sucede un atraco por el valor de 100.000 dólares al banco de Londres y Tarapacá, en Río Gallegos (Santa Cruz). Pese a que no fueron identificados durante el robo (y los relatos de los historiadores que se dedicaron a reconstruir la historia discrepan en este punto), las versiones apuntaban cada vez con mayor fuerza contra Cassidy y Kid.

El gobernador de Chubut, Julio Lezana, dio la orden de arresto, pero antes de que pudiera ser ejecutada, el comisario Edward Humphreys, les advirtió del pedido de captura. De tal suerte, apuraron la partida. Vendieron la propiedad en Cholila a la compañía trasandina Cochamó y cruzaron a Chile en busca de un refugio más seguro.

Al parecer, en algún momento de la larga fuga, Etta abandonó a los dos hombres y retornó a San Francisco. Otras versiones dan cuenta que terminó sus días como maestra (o prostituta) en Paraguay.

De igual manera, hay muchos rumores que involucran a los dos bandidos en robos en Chile y Argentina, pero la historia recién sale de las penumbras hacia 1908, cuando Butch Cassidy y Sundance Kid trabajan para empresas mineras en los andes centrales bolivianos. Allí los bandoleros habrían dado su último golpe: el asalto a una remesa de una mina. Huyeron hacia el norte, pero el 6 de noviembre de 1908 habrían sido alcanzados y acribillados por el ejército en el pueblo de San Vicente.

La carta

Desde esa misma cabaña, el propio Butch le escribe el 10 de agosto de 1902 una carta a su amiga, la Sra. Davis, de Ashley, Utah: “(...) Probablemente le sorprenderá tener noticias mías desde este país tan lejano, pero los Estados Unidos me resultaron demasiado pequeños durante los últimos años que pase allá (...), otro de mis tíos murió y dejo 30.000 dólares a nuestra pequeña familia de tres miembros. Tome, pues, mis 10.000 dólares y partí para ver un poco más del mundo” (lo del tío muerto se refería al robo al First National Bank of Winemuca, cometido el 19 de setiembre de 1900 por la Wild Bunch).

“Visité las mejores ciudades y puntos de América del Sur -continúa Butch- hasta que llegue aquí. Y este sector del mundo me pareció tan bueno que me establecí, según creo para siempre, ya que cada día me gusta más. Tengo 300 cabezas de vacunos, 1.500 ovinos, 28 caballos de silla, 2 peones que trabajan para mí y además una buena casa de cuatro habitaciones y galpones, establo, gallinero y algunas gallinas”.

Todavía se repiten entre los pobladores del oeste cordillerano las anécdotas de Butch y Sundance galopando y disparando sus armas simultáneamente con ambas manos, mientras sostenían las riendas entre sus dientes, además de las referidas a la extraordinaria belleza y puntería de Ethel.

A punta de revolver

El 14 de febrero de 1905, dos sujetos de origen norteamericano, de entre 25 y 30 años de edad, que se hacían pasar por ganaderos en busca de tierras, irrumpen en la sucursal Río Gallegos del Banco de Londres y Argentino Limitado, obligando a punta de revolver a su gerente y al cajero Mc Kerrow a entregar una suma que rondaba los $20.000 m/n. Al huir, los bandoleros cortan los cables del telégrafo y cambian de caballos en postas preestablecidas.

De Bariloche a Río Pico. Su derrotero dibujado a mano.

Tras sus pasos

Mientras los forajidos se adaptaban a su nueva vida en la Patagonia, la agencia Pikerton les pisaba los talones. Una foto de la Wild Bunch había llegado a sus manos en Buenos Aires, lo cual facilitó la investigación. Al enterarse del presunto paradero de los bandidos en Cholila, se envió al agente Frank Dimaio para que los arrestase, pero las lluvias impidieron que llegase.

El 1 de mayo de 1905 Butch, Sundance y Ethel, abandonan Cholila con rumbo al lago Nahuel Huapí, donde se embarcan rumbo Chile.

“Ellos no querían mucho más que una parcela de tierra donde trabajar, a la vez que pensaban que no era reprochable apoderarse de hacienda o bienes de otro si se trataba de grandes empresas” (periodista y escritor Osvaldo Aguirre).

La foto más famosa, la pista para hallarlos

El 13 de agosto de 1896, Butch Cassidy, Sundance Kid, Bill Carver, Ben Kilpatrick y Kid Curry, asaltan un banco de Idaho alzándose con U$S 7,000, sin disparar un solo tiro. La recompensa por su captura había crecido a unos U$S 10,000 por cabeza. Al poco tiempo asaltan un tren con el dinero de la hacienda Candice. Luego de robar el First National Bank of Winnemuca (Nevada), se toman una foto de la banda completa y la envían al propietario del banco con una nota de agradecimiento. Esa imagen fue precisamente la que años después orientó a los investigadores para ubicarlos en Cholila.

“Nunca mató a nadie”

En el año 1901 asaltan el Great Express en Montana, cerca del límite con Canadá, huyendo con U$S 50.000. A pesar de que la mayoría de los seguidores de las andadas de Butch Cassidy aseguran que “jamás mató a nadie”, otros apuntan que luego del asalto al tren mató a 3 de los 4 detectives de la agencia Pinkerton en una encerrona en un hotel de Luisiana.

La muerte los sorprendió en Río Pico

Sobre los bandoleros muertos en Río Pico, el soldado Pedro Pena, sobreviviente del tiroteo, confirmó en una entrevista realizada en 1970 en Rawson (a la edad de 104 años), que sobre los cuerpos se hallaron dos relojes de oro y la foto de “una mujer hermosísima”.

Durante mucho tiempo se dijo que se trataba nada menos que de Butch Cassidy y Sundance Kid. Sin embargo, en el acta que se levanta, “varios testigos reconocen los cuerpos de los muertos como los de Wilson y Evans. Se detallan las armas secuestradas y otros objetos, incluyendo una libreta de anotaciones con la letra del tango La Morocha y los dos relojes, pero nada se dice de la mítica foto” (¿sería la de Etta Place?).

Una belleza de gran puntería

“¿Quién era Ethel Place? ...... cuando aparezcan más certezas de su origen podremos entender mejor la historia de este trío, dado que su incidencia y participación nunca fue secundaria en el período que integró el mismo. Las historias describen probados eventos de eximia puntería con las armas de fuego y destreza con los caballos (y ambas a la vez en ciertos pasajes del relato), a la vez que una proverbial capacidad como anfitriona y animadora social, fluidez y versatilidad para manejar el castellano y cortesía con los vecinos” (Guillermo Monsalve, investigador).

Sundance junto a su novia Etta Place,

Datos

“Butch Cassidy era un hombre simpático y sociable, siempre dispuesto a aceptar con absoluto humor las pruebas a las que lo sometían los paisanos. De figura felina, andar muy suelto y mirada poderosa, siempre se encontraba a la defensiva”.
Lo que pocos saben es que dicha cabaña estaba preparada además para resistir un tiroteo contra posibles fuerzas federales que llegasen a capturarlos y que tenía un túnel hasta el río, donde siempre había caballos ensillados y listos para huir.
Los norteamericanos Evans, Wilson, Duffy, junto con el trelewense Mansel “Yake” Gibbon y el chileno Juan Vidal, se asociarán en 1908 para rearmar la “banda de los norteamericanos” que azotaría a la Patagonia durante casi cuatro años más. Por esa época también llega el temible Harvey Logan (o Andrew Duffy, alias “Diente de oro”), uno de los delincuentes más buscados en los Estados Unidos.
“Ellos no querían mucho más que una parcela de tierra donde trabajar, a la vez que pensaban que no era reprochable apoderarse de hacienda o bienes de otro si se trataba de grandes empresas” (periodista y escritor Osvaldo Aguirre).

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