Las bardas suenan a jazz

El pianista roquense Jesús Fernández vuelve a la ciudad para presentar “Música bardera” el viernes.



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Eduardo Rouillet eduardorouillet@gmail.com

“Música bardera” , primer trabajo como líder del pianista Jesús Fernández, muestra las personalidades de la nueva generación jazzera argentina y de este expresivo músico roquense. Acompañado de Ezequiel Dutil en bajo y el baterista Adrián Gamarra, produjo un compacto pleno de matices y sentimiento, que reclama escucha atenta y sin preconceptos, en el que Jesús remite sin vueltas a su Río Negro natal, donde las bardas enmarcan el paisaje patagónico y le dan una característica única. Grandes espacios, silencio y viento, rastrea en Música bardeRA y en los siete temas que responden a su autoría; desde el sentido “Santa María”, la obra más breve, hasta “Gagá”, la más extensa, pasando por las versiones de la que titula el álbum o “La era de los bebés”; se muestra como un instrumentista de amplios recursos y gran capacidad para transmitir, en el que la técnica no prevalece sobre la expresión. Sobre el final “Lago de forma mía”, homenajea a Luis Alberto Spinetta. Fernández, dicho sea de paso, es el tecladista de “Viento divino”, el disco de Lucio Balduini... Y su concierto en Roca será pasado mañana a las 22 en la Sala 2 de Casa de la Cultura, junto a Dutil y Gamarra, con temas nuevos y del citado CD. Jesús tomó clases particulares en Buenos Aires con Haydée Schvartz, se desempeñó como músico profesional en Dublín, Irlanda, y fue pianista en México durante la temporada 07/08, realizó una gira con el guitarrista jamaiquino Eugene Grey y Sessiones Reggae Instrumental. Entre 2011 y el presente integra el Lucio Balduini Cuarteto, Andy Inchausti y Los Monstruos, Proyecto Mínimo de Gabriel Domenicucci y el cuarteto de Martín Lambert, grupos con los que ha grabado discos, además. Como docente, dicta clases de piano, acordeón, armonía e improvisación. La primera vez que me senté al piano, el profesor fue mi papá, en un ámbito más que familiar. Era muy chiquito…Tendría nueve años y me enseñó “New York, New York”. Uno tocaba el acompañamiento y otro, la melodía. Ocurrió en un viaje y cuando volví, le pedí estudiar este instrumento y comencé con Sara Laserre en Roca. Tengo claro que el camino es siempre de constante aprendizaje. Por un lado, está buenísimo, pero por momentos me digo que tengo que parar un poquito. Es im, le dice a “Río Negro”. posible…” –¿Como nació el nombre del disco? –En realidad el nombre nació, más que nada, de mi amor por la zona, por la ciudad. Buscando algo que remitiera a eso, se me aparecieron varias ideas y las bardas fueron lo más antiguo y puro dentro de lo hay que en Roca. Es un lugar que me encanta, me gusta el río, todos esos lugares que formaron parte de mi niñez y adolescencia, pero no creas que cada vez que viajo al sur me paso dos días acampando en las bardas… Son un símbolo fuerte y aparte el juego de palabras con bardo, me pareció ocurrente. –Un juego de dos puntas, el origen y el presente. –Claro. Hay una suerte de bardo en el disco, pero no en el sentido más común de ruido o lío, sino a un volumen moderado, controlado. Pensado como más armónico, más de interacción entre los tres instrumentos, como un desorden a amplitud media. Más cercano al free jazz. Da mucha espacialidad y la sensación de inmensidad que hay en el paisaje de la meseta patagónica. Cuando alguien se para en la parte más alta de una barda y ve hasta Allen, bueno, así es…

Fernández asegura que el disco da la sensación de inmensidad que hay en el paisaje patagónico.


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