Las deudas agobian a países caribeños
Gustavo Chopitea (*)
Hugo Chávez, claramente consciente de la fragilidad de las economías caribeñas, aprovechó la ocasión para comprar algunas de sus voluntades políticas a cambio de suministrarles petróleo y combustibles a precios subsidiados, financiados a largo plazo. De este modo pudo obtener en su sonoro andar por el escenario regional un paquete de verdaderos votos “cautivos” que lo apoyaban cualquiera fuera la propuesta que formulara; casi incondicionalmente, entonces. Granada, la pequeña isla caribeña que cayó en manos de una junta que de pronto proclamó un gobierno de socialismo utópico en 1983 y fue liberada enseguida por una invasión militar norteamericana, tiene ahora problemas serios de deuda externa. Ocurre que debe aproximadamente un billón de dólares. En gran parte esto es consecuencia de la devastación provocada por dos tremendos huracanes consecutivos (Iván y Emily) que acumularon –uno sobre otro– sus respectivos desastres sobre las ya debilitadas finanzas de la isla. Además causaron 39 muertes, cifra que en un país con apenas 100.000 habitantes es realmente muy fuerte. El daño acumulado por ambos fenómenos climáticos resultó equivalente a nada menos que dos veces el PBI de la isla. Fenomenal, entonces. Pese a que Granada reestructuró su deuda externa no hace mucho (en el 2005), la caída vertiginosa del turismo –consecuencia directa de la crisis económica de 2008/2009 que afectó tanto a América del Norte como a la Unión Europea– ha perjudicado seriamente el flujo de visitantes y, por ello, al nivel general de la actividad económica local. El desempleo es absolutamente de horror. Está ubicado en un orden del 30%, lo que evidencia la magnitud del problema social que ha caído sobre Granada. Por eso Granada es ahora el cuarto país caribeño que, por razones de solvencia y no de liquidez, debe renegociar su deuda externa en el último año. Seguramente propondrá a sus preocupados acreedores un descuento importante estimado en no menos del 20%, el nivel de descuento que propuso –y logró ya– Belice, pero, más probablemente, cercano al 50% obtenido por Saint Kitts and Nevis, cuando esa federación de islas renegoció sus propios pasivos extraños, hace ya un año. El Caribe es ciertamente un paraíso pero a veces, para algunos, puede transformarse en un momento de dificultades serias a superar, para lo que es necesario poder contar con la buena voluntad de todos… lo que no siempre es fácil. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional