Las dudas que sembró Cristina



Cristina Kirchner llamó desde La Habana a Eduardo Valdés y le pidió que no hable más. La última vez que Valdés habló puso nada menos que en cuestión el futuro político de la expresidenta. Dijo que en las condiciones de “odio y visceralidad” que se viven en el país “no tiene sentido que ella sea candidata”. De manera deliberada o no, movió el eje en torno el cual orbita desde hace años todo el sistema político argentino.

Valdés es un hombre en el que se ha respaldado recientemente la senadora. Fue anfitrión de su último cumpleaños, en febrero. Un dirigente cercano a Cristina, que mantiene con él una relación de décadas, le recrimina haber sobredimensionado el problema de salud de Florencia Kirchner y el impacto que ese cuadro podría tener en las próximas decisiones de la expresidenta.

Valdés había visitado en efecto el domingo a la senadora. “No la vi bien, es la primera vez que la noté golpeada”, reveló. Ella le hizo un relato sobre la salud de su hija. Le dijo que sufre desórdenes alimentarios y que entró en pánico ante versiones sobre una posible orden de detención en las causas por las que está procesada junto a su familia (es la única no amparada por fueros).

Valdés tradujo: habló de “anorexia” y “ataques de pánico”, trastornos de ansiedad a los que podría ser asociada aquella descripción. Valdés no es médico. Sus dichos dan lugar a interpretaciones inquietantes: o bien la expresidenta está conmovida por el trance de su hija a un punto que podría afectar sus próximas decisiones o bien el episodio de Florencia tiene significaciones ulteriores que acaso el propio Valdés desconozca.

La expresidenta apeló a un recurso que está incrustado en la historia del peronismo y ha dado probados resultados en su exitosa carrera política: el drama.

Victimización, estrategia judicial o una puerta hacia una eventual renuncia a la candidatura, fue en realidad el video de Cristina Kirchner el que sembró nuevas dudas en un escenario político incierto. Valdés simplemente las agitó. La expresidenta apeló a un recurso que está incrustado en la historia del peronismo y ha dado probados resultados en su exitosa carrera política: el drama. Lo que haya buscado la senadora con el encargo a su experimentado equipo de videastas aún es una incógnita. Tal vez su significado se vaya develando con la llegada de noticias desde La Habana.

La doctora Kirchner viene de sufrir un revés en la apertura del año electoral. El mismo domingo que abrió su corazón a Valdés fracasó el ensayo de unidad del peronismo en Neuquén, en el que se había comprometido. En el Instituto Patria dicen que se sintió defraudada por Ramón Rioseco, quien le aseguró que iba a ganar la elección ampliamente. Hay una alerta en ese búnker: igual optimismo le ha transmitido Carlos Soria.

El intendente de General Roca sostiene que si la Corte rechaza la candidatura de Alberto Weretilneck la elección en Río Negro está asegurada. La información que le han hecho llegar a la senadora indica que los jueces de máximo tribunal dejarán el viernes sin reelección a Weretilneck y a su colega peronista de La Rioja Sergio Casas. La misma versión fue escuchada estos días en el cuarto piso de Tribunales.

La incertidumbre sobre la decisión de la expresidenta se prolongará hasta junio, cuando vence el plazo para la presentación de precandidaturas. Pero hay que considerar tres datos que mencionan en su entorno: Cristina Kirchner registra un 34% de intención de voto, Neuquén ha demostrado que sus votos no son transferibles, si su figura pusiera en riesgo un triunfo sobre Macri, estaría dispuesta a deponer su candidatura.

Macri lucha con sus fantasmas. La inflación de febrero no trajo sosiego. Antes de fin de mes deberá comunicar la amarga noticia sobre un incremento de los índices de pobreza.

Esas fuentes aseguran que son fluidos los contactos con el Frente Renovador de Sergio Massa, que ha sufrido en los últimos tiempos un fuerte trasiego de dirigentes hacia el espacio cristinista.

Macri lucha al mismo tiempo con sus propios fantasmas. La fractura de Cambiemos en Córdoba ha sumado un nuevo desafío a su liderazgo. La inflación de febrero no trajo ningún sosiego y tampoco lo traerá marzo. Antes de fin de mes deberá comunicar la amarga noticia sobre un incremento del índice de pobreza, por el que pidió que sea juzgada su gestión. La única batalla a la que está dedicado por entero es la del dólar. No habrá destino para el presidente si no vence en esa contienda.


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