Alejandro Bercovich: “Las presiones de la ortodoxia son mayores cuando la economía entra en crisis”

El perfil del gobierno, y su capacidad para manejar las tensiones internas junto a las presiones del contexto, es uno de los grandes interrogantes de cara al año que inicia. A ello se refirió en diálogo con PULSO el economista y periodista Alejandro Bercovich, quien valoró algunos de los aspectos de la gestión económica, aunque señaló que se han cometido una serie de errores no forzados.

-PREGUNTA: ¿Cuál es su balance del año pasado en términos económicos?

-RESPUESTA: Es muy complejo de caracterizar, dado que una buena parte de la crisis tiene que ver con la pandemia, otra buena parte con la herencia que dejó el gobierno anterior, y otra con errores propios del gobierno. El manejo de la pandemia se afrontó sin acceso al crédito y eso hizo que el paquete anticrisis Covid en Argentina haya tenido una dimensión muy modesta. El gobierno planteó al principio un plan muy ambicioso que incluyó una política monetaria muy heterodoxa, y luego cuando hubo un retroceso político por los límites que planteó el establishment, optó por ajustar y terminó restringiendo por ejemplo el cuarto pago del IFE. Lo hizo porque era necesario dar una señal al mercado luego de una corrida que casi se lleva puesto al equipo económico.

-P: ¿Por qué la reestructuración no logró cambiar la ecuación?

-R: El problema fue creer que solo con un juego de señales al sector financiero se iba a desatar un proceso de inversión que en realidad dependerá del momento en que se recomponga la demanda. La crisis que enfrentó el mundo fue una crisis simultánea de oferta y de demanda. La crisis de oferta comenzó a encarrilarse en Argentina, con sectores que ya se encuentran en niveles de prepandemia. Lo que resta es la demanda para que esa oferta tenga contrapartida. Eso solo va a suceder cuando se recuperen los 4 millones de puestos de trabajo perdidos, y si los ingresos suben por encima de la inflación. No se advierte eso para 2021.

-P: ¿Se le pide al gobierno políticas propias del gobierno anterior?

-R: Por supuesto. Pero hay economistas en el oficialismo que también piensan así. Esa discusión no está saldada. Muchas veces la discusión se presenta como una disputa entre personalidades. Y la realidad es que se trata de un debate entre alternativas de política económica. Esa presión siempre existe, pero ahora todavía más porque la economía está débil, y eso hace a los gobiernos más vulnerables a ese tipo de presiones. En ese marco hay que leer tanto la relación del gobierno con el establishment, como la disputa interna del gobierno, y la discusión entre Alberto y Cristina.

-P: ¿Qué opina de la política en materia de precios?

-R: Lo que se advierte es mucho parche, y muy poca definición de largo plazo. Pero a la vez cuando uno mira el resto del mundo, la verdad es que es muy difícil tomar medidas de largo plazo en este contexto. Argentina tiene la particularidad de ser una economía inflacionaria, donde si no se actualizan determinados precios se termina generando una crisis peor que si se deja a los precios correr. Incluso en algunos sectores, el atraso de precios es severo. Creo que es necesario ser cauteloso en materia de precios.

-P: ¿Se sale de la crisis del covid?

-R: Esta claro que eso depende de lograr una campaña masiva de vacunación. Hoy en el mundo, quien tiene la vacuna tiene el poder. Condiciona la geopolítica, la economía, la posibilidad de re abrir sectores. No es casual que a nivel local exista semejante disputa política en torno a la vacuna.

-P: ¿Qué espera de la negociación con el FMI?

-R: Veo al gobierno demasiado confiado en la responsabilidad histórica que le cabe al Fondo por el préstamo que le otorgó a la gestión Macri. Creo que el Fondo va a responder como siempre al interés del Tesoro de los EE. UU., y difícilmente exista un trato amigable. No es un FMI progre ni amigable, ni mucho menos.

-P: ¿Hay margen social para las reformas como las que históricamente solicita el FMI?

-R: Argentina tiene una tradición de mucha movilización en contra de avances regresivos como esos. La discusión acerca de qué modelo de país debemos perseguir, tiene lugar porque esa definición aún no está saldada, y el empate entre sectores sociales se manifiesta cada tanto en estallidos abruptos. No hay que perder de vista que Argentina no es la misma que hace 20 o 30 años, y que en las crisis que nos atacaron durante todo este tiempo perdimos mucho. La ventaja que teníamos de tener un pueblo educado, una tradición de salarios altos, de un consumo vigoroso y un entramado productivo tupido, en buena medid a se perdió.


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