Las Resilientes: cómo funciona la casa que alberga a mujeres con consumos problemáticos en Neuquén

Fue declarada de interés por la Legislatura de Neuquén. Depende del área de Salud Mental del hospital Castro Rendón y apuesta por la reducción de daños, el afecto y la crianza en “tribu”.

Por Elena Egea

Van entrando de a una y dejan sus camperas. Primero llega el equipo y luego las mujeres que asisten al dispositivo. Por unas horas, cuentan con un hogar calentito, una cama para descansar si así lo desean, un espacio para jugar con sus hijos, libros, cuadernos y colores para pintar. Un lugar en donde las reciben con un “hola, ¿cómo estás?” y donde se siente su ausencia si no llegan. Un espacio donde son vistas y escuchadas. Eso pretende ser la casa de mujeres Las Resilientes, un lugar de contención para las madres con consumos problemáticos en Neuquén.

Recientemente, fue declarada de interés legislativo por su rol social en la provincia. Surgió como respuesta a una situación que repetía en los centros de salud: “Muchas llegaban a parir sin haber tenido ningún control médico previo. El primer contacto real con el sistema era el parto y el positivo de sustancias. La casa nace para que ese contacto no sea el último”, afirmó la coordinadora del dispositivo, Paola Gómez.


Además, los profesionales de la salud observaban que luego no se presentaban a los turno de seguimiento. Cuando aparecían, muchas mujeres mostraban una pila de papelitos: pediatra, Defensoría, la Línea 102, juzgado, algunos para el mismo día y a la misma hora.

Las Resilientes: un dispositivo de bajo umbral y con lógica comunitaria en Neuquén



Por eso decidieron crear la casa de día Las Resilientes para acompañar a esas mujeres que quedan por fuera del sistema. En estos dos años y medios desde que nació, registraron 22 mujeres que asistieron por lo menos una vez. Además, hay 15 “de recaptación”, es decir que “han tenido algún contacto con el hospital o algún tipo de atención médica durante el embarazo o el parto y no han llegado a la casa”.


¿Por qué aún no asistieron? “Eso tiene que ver con una multiplicidad de factores”, señaló Gómez. Explicó que van desde tener una tarjeta Sube cargada hasta contar con alguien que cuide el bebé para que la madre pueda bañarse. “El puerperio en sí es un estado vital muy complejo. Las mujeres suelen tener una red que las sostiene y estas mujeres no la tienen”, comentó y enfatizó: “No se les puede exigir lo mismo que a las personas que tienen un auto, que tienen un celu, que tiene techo”.


El dispositivo, de bajo umbral y con lógica comunitaria, imita el funcionamiento de los centros barriales. Está abierto de 10 a 16 y dentro de esa franja las mujeres pueden habitar la casa, según sus rutinas se lo permitan. “Si llegás 15:50 te comés una comida, te tomás un mate igual y te esperamos mañana”, ejemplificó Gómez. Para la coordinadora, este modelo flexible, basado en la reducción de daños y en el paradigma de derechos, es una estrategia que los organismos institucionales deberían empezar a adoptar.


Este abordaje integral se apoya en el concepto de interseccionalidad. Para el equipo de Las Resilientes, el consumo nunca es un hecho aislado, sino la punta de un iceberg que oculta otras realidades. “No es solo el positivo para cocaína, es una mujer que sufre violencia, que tiene sus necesidades básicas insatisfechas y que está criando en soledad”, remarcó la especialista.

Algunos mensajes para motivar un buen día en la casa Las Resilientes. (Foto: Matías Subat).


Si bien el ideal es el cese del consumo problemático de sustancias, no es la meta principal: “El prohibicionismo y el abstencionismo no están dentro de nuestros objetivos terapéuticos. Antes necesitamos que llegue acá a comer, a dormir un rato, a sentirse alojada, mejorar su calidad de vida para que después pueda, si quiere, dejar de consumir”, explicó la coordinadora.


Señaló que en muchos casos, sustancias como la cocaína, cumplen la función de “estructura”. En realidades marcadas por la violencia de género, el hacinamiento y la falta de redes, el consumo se vuelve una herramienta para levantarse cada mañana y sostener el día a día. “Si le sacás la sustancia, que es lo que sostiene su estructura diaria, ¿qué queda? El vacío”, advirtió Gómez.


Por eso, el dispositivo apuesta a construir primero un espacio de seguridad y confianza para generar un “huequito” para imaginar otra cosa. “Esa piba nació en un contexto de vulnerabilidad. ¿Cuánto nos cuesta cambiar a nosotros que tenemos casa, comida y trabajo? Hay que pensar qué privilegios tengo yo para entender cuánto le puede costar al otro hacer un cambio sostenible”, reflexionó.


La casa Las Resilientes es aún muy joven y todavía hay que darle tiempo para ver sus efectos. Sin embargo, Paola observó que cuando el entorno se vuelve amoroso, los niños dejan de estar en alerta y empiezan a jugar, a llorar y a pedir a sus madres. “El cambio es exponencial. El niño es el que estimula a la mujer para que ella cambie”, aseguró. Esos primeros mil días de vida se convierten en una ventana de oportunidad donde la crianza en “tribu” permite conocer otras formas de cuidar y habitar el mundo.


Lo que empezó como una obligación impuesta por la Justicia, se convierte en “pertenencia”. Hay mujeres que hoy sostienen su espacio de terapia individual, que se encargan de ordenar la casa por iniciativa propia o que logran mantener sus turnos médicos. En ese proceso, también se van reconstruyendo los lazos sociales. Salir del “modo supervivencia” y aprender a compartir un mate o cocinar juntas se convierte en un acto revolucionario. “Estas pibas no tuvieron amigas porque sus madres tampoco las tuvieron. Acá aprenden a confiar en otras mujeres”, explicó Gómez.


Entre el olor a comida recién hecha y el ruido de los niños jugando, se va tejiendo una red de cuidado. La apuesta final es la autonomía y el autorreconocimiento. Como dice Paola, se trata de que cada mujer descubra su propio valor: “Si acá reconoce el amor y el respeto, si se siente tratada como una sujeta, lo puede empezar a reproducir afuera. Ese es nuestro mayor logro”.

La casa cobija a las mujeres y a sus hijos. (Fotos: Matías Subat).

Van entrando de a una y dejan sus camperas. Primero llega el equipo y luego las mujeres que asisten al dispositivo. Por unas horas, cuentan con un hogar calentito, una cama para descansar si así lo desean, un espacio para jugar con sus hijos, libros, cuadernos y colores para pintar. Un lugar en donde las reciben con un “hola, ¿cómo estás?” y donde se siente su ausencia si no llegan. Un espacio donde son vistas y escuchadas. Eso pretende ser la casa de mujeres Las Resilientes, un lugar de contención para las madres con consumos problemáticos en Neuquén.

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