Las vicisitudes de la tercerización laboral, una modalidad que sigue creciendo

La forma de contratación va en aumento en las actividades administrativas, de contabilidad y liquidación de sueldos. Otras, como limpieza, vigilancia, logística y distribución, reflejarían lo mismo pero a tasas más bajas.

Redacción

Por Redacción

PROYECTO OFICIAL DE UN CÓDIGO QUE REÚNA TODA LA LEGISLACIÓN DEL TRABAJO

Victoria Basualdo, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), y Diego Morales, del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), plantearon en el libro “La tercerización laboral. Orígenes, impacto y claves para su análisis en América Latina” que “el principal antecedente de este tipo de vínculo fue el japonés de la posguerra, donde los esquemas de subcontratación –que se identificaron con el nombre de ‘keiretsu’– ocuparon un rol central para flexibilizar la organización del capital de esa economía e impulsar el proceso de acumulación. A partir de esta experiencia, los esquemas de producción flexible y tercerización se extendieron hacia los Estados Unidos, Europa y, finalmente, los países latinoamericanos”.

La tercerización, también conocida como “outsourcing”, en la Argentina fue incluida en la ley 20744 de Contrato de Trabajo (LCT), sancionada el 11 de septiembre de 1974 y promulgada nueve días después; también se aplicaron la ley 21297, sancionada y promulgada el 23 de abril de 1976, y el decreto 390 del 13 de mayo de 1976. Después de la dictadura militar, la actividad tuvo un nuevo impulso en la década del 90 por las reformas de los marcos regulatorios y las estrategias de relocalización geográfica y descentralización de actividades de las transnacionales, y posteriormente en el contexto de la crisis del 2001.

Héctor Recalde, abogado laboralista, docente universitario y diputado nacional del Frente para la Victoria, impulsa desde el año pasado cambios en la ley 20744 y la elaboración de un código único que reúna toda la legislación del trabajo, con el mismo propósito establecido para “reformar y unificar los códigos Civil y Comercial y reformular el Procesal Penal”. Su propuesta, en la que colaboró el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, prevé que toda actividad podría llegar a tercerizarse.

En la citada cartera reconocieron que desde el 2003 la diversificación de contratos para prestaciones provocó conflictos “intergremiales” e incrementó el poder de los sindicatos con mayor peso específico. Por eso aportaron ideas para corregir “situaciones injustas en materia de tercerización, como así también otras”, como el beneficio por quince días de la licencia parental ante el nacimiento de un hijo, la participación en las ganancias –cuestionada por el sector empresario, debido a que ocasionaría mayor presión y achicaría “al mínimo” el margen de beneficios, como aseveró la Cámara Argentina de Comercio (CAC)– y mayor protección al empleo.

La consultora BDO Argentina verificó en el último bienio un incremento del 38,3% en la tercerización de las empresas locales. Asimismo, entre los encuestados el 38,8% pronosticó un crecimiento en los próximos dos años y el 28,5% un sostenimiento.

El relevamiento demostró que la utilización de la tercerización es directamente proporcional al tamaño de las empresas: la aplican el 93,3% de aquellas con más de 1.000 empleados y el 81,8% de las de menos de 200. Tres ventajas destacadas por el informe, fueron: ayuda a centrarse en la actividad principal, el 55%; flexibilidad en la disposición de recursos, 48,8%, y transformación de los costos fijos variables, 47,7%.

Carlos Rozen, socio de BDO, opinó que “la tercerización seguirá creciendo en la Argentina”, de acuerdo con las respuestas de “unos 500 empresarios importantes”. Y “más en las actividades administrativa y de contabilidad, impuestos y liquidación de sueldos”, mientras “en otras, como limpieza, vigilancia y logística, ocurrirá lo mismo, pero a tasas más bajas porque ya se desarrollaron”. Aparte, sostuvo que “se notará en todo lo relacionado con los servicios tecnológicos” (ver cuadro).

Los sectores más proclives al “outsourcing” son los que realizan actividades “secundarias” o “accesorias”, como las fabricaciones de partes y componentes; la distribución y la comercialización, y la limpieza, vigilancia, transporte, los call centers y la gestión de comedores. Esto permite contratar mano de obra a costos menores que los exigidos por el personal efectivo y trasladar parte de las responsabilidades desde las firmas que la utilizan a las que la contratan. Las contratantes pertenecen generalmente a otros rubros y fijan sus remuneraciones y condiciones laborales con convenios que (cuando existen) permiten establecer menores niveles salariales y peores condiciones de trabajo.

En los casos de la denominada “tercerización fraudulenta”, las contratantes pertenecen a la misma actividad que utiliza la mano de obra o a los sindicatos que defienden al personal “permanente” o “directo”.

“El ‘outsourcing’ está siendo crecientemente transitado por las compañías movidas por la urgencia de crecer en la eficiencia y eficacia de sus gestiones para sostener sus posiciones en los mercados globalizados e hipercompetitivos”, escribieron Fernando E. Granda y Alejandro R. Smolje, en “Outsourcing. Herramientas para el análisis económico y estratégico”. En ese libro sostuvieron que “siempre se refiere a funciones, actividades, tareas o procesos, dado que incluso en el caso de que la decisión se refiera a las compras de bienes, en lugar de fabricarlos en las propias plantas, lo que se terceriza es el proceso de obtención más que la cosa en sí, por lo que tiene que ver con el desarrollo de determinadas funciones fuera de las empresas”.

Grandes empresas dejaron de operar en forma directa determinadas áreas, para enfocarse en las principales, y generaron oportunidades para las pequeñas y medianas (pymes) en actividades de apoyo (comedor, limpieza, telecomunicaciones, etc.), aunque recientemente incluyeron las de relaciones públicas, sistemas, marketing, logística y otras operaciones, a fin de ganar en eficiencia y disminuir los costos. De igual forma, productores y distribuidores optaron por tercerizar para optimizar la administración de la cadena de abastecimiento, mejorar los servicios y, especialmente, focalizar energías para los núcleos de los negocios de las compañías (“core business”). Esto ocurrió en tanto el “outsourcing” en el país fue avanzando en las actividades estatal, industrial, agropecuaria y los servicios.

No siempre el “outsourcing” constituye la mejor opción. Para algunos consultores, se deben tercerizar las operaciones que no son del “core business”, como las de distribución y transporte, que son las más comunes. “No existen pruebas de que la tercerización genere beneficios económicos para el conjunto de la sociedad –advirtió Basualdo–, pero lo que sí genera es una fragmentación del colectivo laboral, impidiendo la posibilidad de organización de los trabajadores”.

No tercerizar puede afectar la competitividad de las empresas nacionales, sobre todo en procesos logísticos que constituyan una salida importante para obtener mejores tecnologías y buenas prácticas. El “outsourcing” se expandió en los servicios y las industrias como correlato de las mayores inversiones precisamente en tecnologías, por necesidades de las empresas de mantenerse competitivas. Esa tendencia permitió:

• La contratación de mano de obra a valores menores que la del personal efectivo.

• La evasión de responsabilidades, por trasladarlas a las firmas que contratan mano de obra y aparecen (aunque no lo son) como empleadoras.

• Disminuir los costos por todo lo expuesto.

• Limitar la organización sindical al ubicar al personal en distintos convenios colectivos.

• Generar empresas fantasma, sin bienes ni capitales, manejadas hasta por dirigentes sindicales o por interpósitas personas, con lo cual consiguen que los trabajadores no puedan reclamar por las diferencias de condiciones laborales.

El Segundo Foro Latinoamericano de “Outsourcing” se realizó en Buenos Aires el 28 de octubre último. Allí se presentó un estudio sobre la tercerización y sus nuevas dimensiones, el cual destaca el recorte de costos para las empresas, especialmente en momentos de retracción, y por otra parte, un perjuicio para los trabajadores por las condiciones de baja estabilidad y menores sueldos.

El caso paradigmático de tercerización en la Argentina fue el de los empleados ferroviarios. Mariano Ferreyra protestaba cuando fue asesinado por una patota de la Unión Ferroviaria (UF), por lo que fue condenado a prisión José Pedraza, quien era el secretario general del gremio (ver aparte).

Los expertos coincidieron en que la agenda de “Outsourcing” tradicional de fines de los 80 y los 90 del siglo pasado se basó en el rol de la empresa en la sociedad, que hasta hace poco resultó suficiente para operar y crecer. Últimamente, ya no se discute tanto ese rol.

Miguel Ángel Fuks

miguelangelfuks@yahoo.com.ar


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