«Nombres», de Juan José Becerra: el oficio de mirar a los otros

En "Nombres", el escritor de Junín Juan José Becerra convierte a escritores, artistas y figuras de la cultura popular en retratos tan inteligentes como humorísticos, y recuerda que la literatura es, antes que nada, una forma de la atención.

Por Verónica Bonacchi

El escritor argentino Juan José Becerra.

El escritor argentino Juan José Becerra.

“Si se les exigiera a los escritores una condición necesaria para serlo, esa condición no sería tanto la de saber escribir como la de saber mirar”, dice Juan José Becerra en uno de los 35 retratos que forman parte de “Nombres”, el libro publicado por Godot en abril de este año. En este caso, habla de Aurora Venturini, la particularísima escritora argentina, que tuvo su pico de fama a los 85, cuando ganó un concurso. Pero sobre todo, habla de lo que él mismo hace y cree porque este libro de perfiles y ensayos no está construido sobre la celebridad de sus personajes, sino sobre la capacidad de su autor para mirar. Y leer, y asombrarse, y, claro, después, escribir.


Eso es, en gran medida, “Nombres”: un libro de miradas. O mejor dicho un libro de retratos a partir de una mirada. A lo largo de treinta y cinco textos (que aunque el libro se llame «Nombres, llevan por título el apellido de cada quien), Becerra se acerca a escritores, artistas, deportistas y objetos de la cultura popular con dosis de inteligencia crítica, irreverencia y humor. Son todos manjares breves, que pueden leerse aleatoriamente, como si fuera un plato circular del que uno elige qué servirse. Ahí están, Marilyn Monroe y los alfajores Havanna, Salinger y Leonardo Favio, Fogwill y la Coca Sarli, Marlon Brando y Bruce Lee sirviendo de contrapunto para Jean Paul Belmondo, todos juntos, en su condición más humana y menos estelar, en su costado menos enceguecido por las luces de la fama.


Nacido en Junín, provincia de Buenos Aires, en 1965, Becerra es periodista, escritor, guionista y ensayista, y una de las voces celebradas de la literatura argentina contemporánea. Es autor de los ensayos “Grasa”, “La vaca” y “Fenómenos argentinos”, y de novelas como “Santo”, “El espectáculo del tiempo”, “El artista más grande del mundo”,“Felicidades “ y”Amor “. Recientemente, Seix Barral publicó además un díptico “Un hombre” y “Dos mujeres”, dos nouvelles que dialogan entre sí desde sus narradores, sus puntos de vista y hasta desde sus tapas, concebidas como las dos mitades de una misma imagen.


“Nombres” se inscribe en esa obra múltiple y difícil de encasillar. Aquí, Becerra no escribe biografías ni ensayos académicos. Tampoco practica el perfil periodístico tradicional. Lo suyo es un género propio, a medio camino entre la crónica, el ensayo y la miniatura literaria. Cada personaje se convierte en una excusa para pensar algo más amplio: la fama, el paso del tiempo, la decadencia de los cuerpos, la persistencia de las obras y la extraña manera en que la memoria transforma a las personas en nombres.

Por ejemplo, en Ricardo Piglia, «Piglia», se ocupa d eun tema áspero, casi siempre evitado, el del dinero. Habla de cuando se conoció la noticia de que Piglia, que padecía Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad neurodegenerativa e incurable, le reclamaba a una prepaga el suministro para un medicamento. Pero no se queda en la anécdota de la injusticia. Lo lee. Lee «Años de formación» (2015), cuyo tema más concreto es la pobreza. La mira, la piensa y dice, describiendo a Piglia: «pensar como proletario, vivir como lumpen, leer como un enfermo, escribir como un artista».

Por ejemplo todo esto que dice antes de hablar de «Jackson» (Michael, claro), que lo lleva a repasar la vida de Lewis Carroll, de Willian Burroughs.

«¿A quién puede importarle la vida de napoleón sino para rebajar sus proezas en los campos de batalla? Tampoco nos importa que Neil Armstrong haya tocado el bombardino bartítono en la universidad si su gran obra fue ese paso pequeño para el hombre y enorme para la humanidad, siempre que lo haya dado, ¿verdad Nasa?.

El compartimiento que divide la obra de los artistas está sembrado de operforaciones que permiten intercambios comprensibles. No hay pureza, al parecer, del arte (ni de la vida).


De cada uno de los 35 retratos (todos aparecidos entre 2011 y 2023 en distintas publicaciones), el lector sale sabiendo más sobre el nombre en cuestión, sale con ganas de leerlo, o de repasar una película, o de comer un alfajor. Y sobre todo, con ganas de mirar, con ganas de aprender a mirar.


“Si se les exigiera a los escritores una condición necesaria para serlo, esa condición no sería tanto la de saber escribir como la de saber mirar”, dice Juan José Becerra en uno de los 35 retratos que forman parte de “Nombres”, el libro publicado por Godot en abril de este año. En este caso, habla de Aurora Venturini, la particularísima escritora argentina, que tuvo su pico de fama a los 85, cuando ganó un concurso. Pero sobre todo, habla de lo que él mismo hace y cree porque este libro de perfiles y ensayos no está construido sobre la celebridad de sus personajes, sino sobre la capacidad de su autor para mirar. Y leer, y asombrarse, y, claro, después, escribir.

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