Rossana Martínez: la escritora que unió la Patagonia y el Paraguay a través de los sentidos

Vivió más de veinte años en la Patagonia, donde comenzó a publicar como autora independiente. Escribió libros infantiles, juveniles y para adultos, y hoy desarrolla su obra entre la literatura y la comunicación no verbal.

La historia literaria de Rossana Martínez está ligada a la Patagonia. Aunque nacida en Corrientes, vivió más de veinte años en la región: pasó por Viedma y, sobre todo, estuvo catorce años en Villa Regina, donde se asentó, formó su vida adulta y dio sus primeros pasos como autora publicada. Escritora de literatura infantil, juvenil y para adultos, además de autora de un libro técnico sobre comunicación no verbal, Martínez construyó una obra atravesada por el paisaje, la memoria y la experiencia acumulada en el sur del país.


“Empecé a publicar en el 2013, aunque escribía desde mucho antes. Pero ese año fue cuando realmente me animé a presentar mis libros”, cuenta desde el otro lado de la pantalla, en su casa de Asunción del Paraguay, donde vive ahora.


Hasta 2013, escribir había sido una práctica sostenida pero más bien íntima. Desde la secundaria, Rossana guardaba cuentos, relatos breves, textos que se acumulaban en cuadernos y carpetas. La diferencia, en ese punto, fue la decisión de sacar la escritura del ámbito privado y ofrecerla a los lectores.


“Lo hice como autora independiente. Eran quinientos libros, imprimía de a quinientos libros que iba editando”, recuerda. El comienzo fue lento y exigente, con tiradas pequeñas, financiadas y gestionadas por ella misma. Sin embargo, ese trabajo fue encontrando eco en el ámbito regional. Sus libros recibieron declaraciones de interés provincial en educación y luego interés municipal en Villa Regina y en Bariloche. La Patagonia fue su primer espacio de validación.


El personaje que funcionó como punto de partida fue “Dufy, un duende excepcional”. “Dufy fue la plataforma, y no fue una plataforma fácil”, explica, risueña. “A un niño no es sencillo conquistarlo: o le gusta o no le gusta. No hay público más sincero que el infantil”.


A partir de allí, la producción comenzó a ampliarse. Una invitación del municipio de General Roca marcó un nuevo hito: incorporar un libro suyo al área juvenil infantil.
Así llegó “Todo por robar una oveja”, un texto que la autora menciona con especial afecto. “Ese libro lo amo”, dice. La edición realizada en Roca fortaleció su presencia en el circuito regional y funcionó como puente hacia el trabajo con editoriales.


Formada como licenciada en Relaciones Públicas, con especialización en Gestalt, Programación Neurolingüística y comunicación no verbal, Martínez nunca disoció completamente su profesión de la escritura. “Mis libros atraviesan un poco lo que yo hago”, dice. Incluso en los cuentos infantiles aparecen metáforas sobre las emociones, el vínculo con los otros, el miedo, la empatía y el aprendizaje. “Todo por robar una oveja” ya apunta a un público juvenil y adulto, con un abordaje más explícito del mundo emocional.


Luego llegó “Humberto del Sauce Viejo”, la historia de un sapo que hace yoga y que se propone hablar del bullying desde un lenguaje accesible.
“Para mí era importante dejar una enseñanza”, explica. El libro fue editado por una editorial paraguaya y tiene, además, un fuerte componente personal: está dedicado a su hermano menor. “En casa, como soy la mayor, yo era la cuentacuentos”, recuerda. Era ella la que les contaba historias antes de dormir. Esa escena familiar aparece como una constante en su obra.


La infancia ocupa un lugar central en su recorrido creativo. “Soy una amante de los cuentos infantiles. Sigo comprando cuentos infantiles , siempre”, dice sin dudar. Asocia ese vínculo con la lectura a su padre, que acercaba libros y fascículos a la casa. “Eso viene desde la nostalgia”, agrega. Justamente, el libro del sapo Humberto recupera esa memoria compartida y la transforma en relato.


Aunque muchos lectores la asocian con Villa Regina, Rossana Martínez nació en Corrientes. De joven vivió en Asunción del Paraguay, donde estudió la licenciatura en Relaciones Públicas. Más tarde regresó a la Argentina y se instaló en Viedma. “Directamente me fui al sur”, dice. Luego pasó por Buenos Aires y finalmente por Villa Regina, donde permaneció catorce años. “En Regina tengo recuerdos muy lindos. El aroma a manzana, el paisaje, el río encajonado”, enumera. “Pasé momentos muy bellos”.
La Patagonia aparece en su obra más como clima emocional que como escenario literal. “Mis libros tienen algo de esos cielos y esos vientos”, dice.


El recuerdo sensorial ocupa un lugar central en su manera de narrar. “El aroma es clave”, explica, y vincula esa idea con sus conocimientos en neurociencia: los olores tienen la capacidad de transportar directamente a la infancia y a los recuerdos tempranos.


El olor al coco



Hace tres años decidió volver a vivir en Asunción del Paraguay. El cambio geográfico no implicó un alejamiento del trabajo que venía realizando.


Ya instalada, escribió por ejemplo, “Aromas de Coco y Cuentos de Navidad”, un libro que dialoga con las tradiciones locales y recupera, una vez más, el valor de los sentidos. “En Asunción, cuando llega la Navidad, el aroma a coco envuelve toda la ciudad”, cuenta. Inspirada en esa costumbre -las flores de coco colocadas junto al pesebre-, Martínez construyó una historia que conecta celebraciones de distintos lugares del mundo y refuerza una idea que atraviesa toda su obra: los recuerdos también se escriben desde el olfato.


Otro de los proyectos es “Almasenda”, un libro pensado para lectores adultos que combina literatura y artes visuales. Se trata de una compilación de quince cuentos breves, cada uno inaugurado por una aldaba que funciona como umbral narrativo. Las aldabas fueron fotografiadas en Europa por Susana Curuchet, fotógrafa amateur de General Roca, e intervenidas luego por la artista Daniela Dunes, oriunda de Carmen de Patagones. El resultado es un libro que dialoga con la imagen y que expande el relato más allá de la palabra escrita.


Desde Paraguay, Martínez continúa asesorando y capacitando empresas tanto en su nuevo país de residencia como en Argentina, a través de BIM, su empresa de capacitación y consultoría. Viaja con frecuencia al interior del país vecino, dicta talleres y mantiene vínculos profesionales en distintos puntos de la región.


Ese recorrido profesional desembocó en un proyecto inesperado: ”Telarium”, un libro técnico sobre comunicación no verbal. La propuesta llegó desde Ugerman, una editorial empresarial con medio siglo de trayectoria. “Fue un desafío muy grande”, reconoce. “Venía del cuento, de la ficción, y acá tuve que volver a los papers, a los autores, a lo último que se trabaja en neurociencia”.


“Telarium” fue presentado en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y cuenta con prólogo de Antonio Di Génova, presidente de la Red Iberoamericana de Relaciones Públicas.
La obra incorpora además una característica singular: códigos QR que permiten escuchar a la autora reflexionando sobre conceptos clave. “Pensé que, si hablaba tanto de los sentidos, era bueno que también escucharan la voz de la autora”, explica.


Lejos de abandonar la literatura infantil, Martínez continúa escribiendo para ese público. En agosto publicará “Gentilius y el reino de la cortesía”, un libro orientado a niños, centrado en las normas de convivencia. El proyecto vuelve a poner en primer plano el trabajo colectivo. “Yo creo mucho en los equipos”, sostiene. Para este libro convocó a una artista platense especializada en ilustración científica, a quien invitó a trabajar fuera de su registro habitual.
Su manera de escribir no responde a rutinas estrictas. “No tengo horarios fijos. Ando con libretas, me grabo frases”, cuenta. Escribe en viajes, de noche, de madrugada, cuando aparece la idea. “No es una escritura estratégica. Es más intuitiva”, dice. Parece funcionar: lleva seis libros publicados, con registros muy distintos.


La lectura en la infancia es una de sus convicciones más firmes. Tiene pruebas: le leyó a su hijo todas las noches cuando era un niño. “A él no le gustaba leer, pero le encantaba escuchar”, recuerda. Y ahora que su hijo es músico y periodista, ve cómo “el léxico queda”. Es una apuesta que quiere reforzar: “Va a haber dos cosas que van a ser muy fuertes, en medio de este avance de la Inteligencia Artificial: la creatividad y la confianza”. Ambas, dice, se siembran y se cultivan desde temprano, con palabras, historias y libros.


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