Leo Maslíah, un artista (muy) serio

Aunque siempre se lo relaciona con el humor, el músico, actor, dramaturgo, director teatral y escritor, que se presentará hoy en Neuquén y mañana en Roca, lo desmiente.

Redacción

Por Redacción

Recitales

Músico, actor, dramaturgo, director teatral y escritor, Leo Maslíah retorna a la región para presentar, entre otros más, los dieciocho temas de su último compacto “Luna sola”.

Las citas con su obra musical son hoy, a las 21:30 en el Aula Magna Salvador Allende de la Universidad Nacional del Comahue, Buenos Aires 1400, Neuquén y mañana, a la misma hora en el Centro de Arte el Biombo, Rhode 1464 de Roca.

-Vivimos bajo influencia de medios donde la palabra aparece generalmente menospreciada, mal usada, despilfarrada en disminuir a otro… Cualquiera dice cualquier cosa. ¿Cuál su visión al respecto?

-En eso no sé si hay mucha diferencia con otras épocas. Pero lo que distingue a ésta, es que hay mucho más circulación de palabras.

-En la tarea del poeta, escritor, creador musical, como es su caso, sucede lo contrario. ¿Qué valor le da a esa labor?

-La actividad artística está cada vez más absorbida por el funcionamiento general del sistema. Todo está cada vez más preestablecido y la mayor parte de la gente ya ni siquiera sabe qué significa que le digan algo. Cree que lo artístico consiste en reafirmarle de alguna manera vistosa o convincente lo que ya sabe.

-Una vez dijo que el arte fue devorado por el rito. ¿Cómo se maneja para evitar que su obra sea llevada al terreno ritual?

-La gente cree que elige mirar tal o cual película o escuchar tal o cual música, pero en el 99% de los casos obedece a lo que de formas directas o veladas le dicen que tiene que consumir si es joven, o si es intelectual, si es rebelde o lo que sea que la etiquete. Durante los 90 ocurrió un paulatino reemplazo de la escucha de música al instalarse una especie de religión única con distintos rituales según los estratos sociales y culturales, aunque nunca la audición musical estuvo separada de cierta religiosidad y ciertos ritos. Y a mí iban queriendo llevarme a ser oficiante del ritual humorístico, pero me di cuenta a tiempo. En mis discos, la cantidad de obras con algún tipo de veta humorística no es mayoritaria, creo que es menos de la mitad. Pasa que los temas que siempre fueron elegidos para difundir, tenían algo de eso, pero no son la mayoría. Ni siquiera en los discos. Y fuera de ellos, considerando mi música de cámara y sinfónica –cuya mayor parte no está grabada– la proporción de lo humorístico es menor aún.

¿De qué modo compone o escribe? ¿Cómo detecta el disparador que podría terminar siendo canción o texto literario?

-También hago música sin palabras. Dentro de mi trabajo musical lo más satisfactorio para mí no estuvo en las canciones sino en trabajos instrumentales como los de los discos “Eslabones”, “Árboles” o el repertorio de La Orquestita. Se me van ocurriendo cosas y las que no puedo desarrollar en el momento, las anoto para ir elaborándolas después. La inspiración, por desgracia, excede el tiempo que puedo contar para dejarla fluir. Siempre tengo miles de cosas anotadas para desarrollar más adelante, si una revisión no las envía al tacho de basura. Después, miro eso, algo descarto porque fueron entusiasmos fugaces y no da para seguirlos, y otras veces lo uso.

-Su obra es prolífica, diversa y nítidamente personal…

-Mi repertorio de música popular está lleno de formas cuyo lenguaje es bastante ajeno a todos los géneros que la integran. Como compositor de música contemporánea académica, en cambio, comencé a utilizar cada vez más elementos que dentro del medio no eran muy bien vistos. Creo que soy anormal en los dos territorios..

Eduardo Rouillet

eduardorouillet@gmail.com


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