Leonardo Padura viene a la Feria del Libro

Habla de la Argentina, de sus libros y de los cambios en la isla.





El narrador cubano Leonardo Padura, galardonado recientemente con el Premio Nacional de Literatura de Cuba y cuya última novela –“El hombre que amaba a los perros”– fue traducida ya a 10 idiomas, es una de las figuras más esperadas de la Feria del Libro de Buenos Aires, que abrirá sus puertas al público el próximo 25 de abril.

Nacido en 1955, Padura, uno de los novelistas cubanos más difundidos dentro y fuera de su país merced a su zaga de policiales en los que repite su personaje Mario Conde –un detective con ínfulas de escritor–, obtuvo en tres ocasiones el premio del género “Dashiell Hammet”.

Entrevistado por Télam en vísperas del viaje a nuestro país, contó que visitó Argentina en 1994 y que espera este regreso “con mucha expectativa”.

“Es uno de los países ‘literarios’ de América Latina y siempre habrá algo que encontrar. Además, cuando estuve allí nadie me conocía; ahora tengo lectores y eso me da otra perspectiva”, sostuvo.

Sobre el Premio Nacional de Literatura, el autor de las novelas “Pasado perfecto”, “Máscaras”, “Paisaje de otoño”, “Adiós Hemingway” y “La novela de mi vida”, señala: “Para lo que es propiamente mi trabajo, no significa nada. No me estoy haciendo el interesante ni mucho menos. Cuando estoy escribiendo, mis problemas siguen siendo los mismos”.

“En Cuba, tener este premio, claro, que es importante, pero tampoco demasiado –opina–. Económicamente no significa nada, no garantiza una seguridad económica que alivie presiones y permita escribir. Y en cuanto a promoción… en el periódico más importante de Cuba la noticia de la entrega del premio salió en una columna de 16 líneas”.

“No obstante –añade– me siento orgulloso de haber recibido un premio que al fin rompe una barrera generacional y que es el reconocimiento a mi trabajo, el que he hecho en soledad y con incertidumbres”.

Nada de autobiografía

El autor de “El hombre que amaba los perros” –que entrelaza las vidas del líder político León Trotsky, su ejecutor Ramón Mercader e Iván, joven escritor cubano– niega que la novela posea rasgos autobiográficos.

“No conocí a Ramón Mercader ni he pasado por las cosas más terribles que le ocurren a Iván”, aunque sí dice reconocer rasgos generacionales comunes.

“Tanto en este personaje, como en Mario Conde y en el Fernando Terry de “La novela de mi vida” sí hay una fuerte relación generacional conmigo.

“También Iván, como ellos, como yo, pertenece a una generación vapuleada a la que se le pidió todos los sacrificios, a la que la crisis de los 90 le cortó su desarrollo natural y hoy está en una posición de incertidumbre respecto a su presente y a su futuro”, acotó.

Y agrega, lacónico: “Somos demasiado viejos para cambiar y demasiado jóvenes como para cruzarnos de brazos y esperar lo que venga”.

“Pero si bien la crisis de hace 20 años fue terrible para la vida diaria de los cubanos, fue una bendición para una literatura y una sociedad que pudieron mirarse a sí mismas de otras formas, no siempre con toda la profundidad que hubiera sido deseable, pero con la mayor honestidad y cercanía a la realidad”.

En su análisis, Padura se retrotrae también a una etapa denominada el “quinquenio gris” de los años 70, caracterizada por purgas y censuras, y que hoy parece formar parte del pasado.

“Sí, la superación es notable y visible. Entre la literatura cubana de los años 1970 y la de 1990 y estos años la diferencia en cuanto a su conflictividad es muy grande”, observa.

Y agrega: “Hoy sería muy difícil vivir un proceso de castración, marginación y miedo como el de esos años, cuando el escritor se convirtió en un empleado público y dependía de la aceptación por parte de las estructuras oficiales para hacer su trabajo y verlo realizado”.

El Estado, que decidía quién publicaba, viajaba, etcétera, “perdió ese control absoluto, incluso existe legalmente la figura del artista independiente”, precisa.

Sobre su labor en medios informativos, dijo mantener “las fronteras bien delimitadas entre el periodismo que le sirve para expresar ideas y sensaciones sobre la vida cubana, con situaciones que muchas veces no caben en las novelas y la propia escritura literaria”.

Entre influencias y vecindades, Padura reconoce por un lado la novela norteamericana del siglo XX: “Hemingway, Salinger, Updike, Faulkner, Dos Passos, Fitzgerald, Carson McCullers hasta Cormac McCarthy, Paul Auster por su capacidad para contar bien las historias y por su definida mirada social; incluidos Chandler y Hamett”.

Por el otro, tras reconocerse fan de Osvaldo Soriano, enumera aquellos escritores latinoamericanos –Carpentier, Rulfo, Fernando del Paso, García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar y Cabrera Infante–, con los cuales, concluye: “Uno aprende cómo se escribe bien en su lengua”. (Télam).

“Somos demasiado viejos para cambiar y demasiado jóvenes como para cruzarnos de brazos y esperar lo que venga”, define el escritor.


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