“Linchamientos: donde la civilización intenta combatir la barbarie”



He leído con suma atención, en el diario “Río Negro”, la carta de lectores de Enrique Esteban Schott, papá de Juan Enrique Schott, publicada el 6/4/14, titulada “Violencia”. No puedo dejar de resaltar, con absoluta sinceridad, su opinión mesurada desde una triste experiencia personal y familiar. Mesura que pone de manifiesto cuando opina sobre este mediático tema de la violencia que se desata para llevar adelante la “justicia propia”. Eso, Schott, es de personas de gran temple y valor, y usted junto a su familia tienen largamente esos nobles atributos. Un tema muy delicado para alguien que vivió en carne propia algo absolutamente injusto. Para usted y su familia, mi solidaridad y mi reconocimiento. Y adhiero absolutamente a sus reclamos por una justicia en la cual nuestros jueces, fiscales y legisladores hagan lo que deben hacer. Ni más, ni menos. Tema muy serio, manejado, a mi entender, con absoluta ligereza, liviandad y artera tendencia por algunos medios. No hay dudas de por qué esto es así. Pero esto (y nada, en realidad) se soluciona con linchamientos y esas salvajes mentas, fogoneadas con artera tendencia de intento de desequilibrio del régimen democrático actual por algunos medios de información. Abonadas con clara intención oportunista de algunos políticos. Estos actúan claramente avalando estas hordas que luego de sumarísimo juicio linchan, golpean y hasta matan, como el caso del chico rosarino días pasados. Si hacemos una analogía, son peores, metodológicamente, que el Ku Klux Klan norteamericano, quienes “juzgaban” en forma absolutamente equivocada a algunas personas en los EE. UU. por ser de color y se dedicaban a la deleznable actuación de cumplir la “sentencia” de hacerlas sufrir luego de cada “sentencia”. Miles de personas negras murieron o fueron mutiladas psicológica y físicamente por esta “justicia”. Todo esto, luego de tomar en conjunto la cuestionable e inhumana “sentencia” de linchar, haciendo padecer el sufrimiento y asesinando a otro ser humano por ser de un color distinto de piel. Algo absolutamente despreciable. Acá, en estos días, en nuestro querido país ni siquiera pasa eso. Unos transeúntes, oportunos y circunstanciales testigos de algún hecho delictivo (algunos seguramente inducidos por la horda embravecida, porque se acercaron a ver “qué pasaba” y estaban a tres cuadras del hecho), se juntan, se transforman en jueces supremos, se untan del aceite sagrado y deciden el “linchamiento” del terrible delincuente. Habrá que ver la autoridad moral de quienes realizan semejante acto bárbaro. Situación de inseguridad que existe, pero que es sin dudas elevada a la enésima potencia por medios que intentan desestabilizar un gobierno, que si hubiera sido distinto, hubiéramos tenido otro diciembre del 2001, sin duda. Intentan instalar la ley de la selva y justificar a los animales que realizan estos bárbaros actos en una sociedad que en su grueso intenta la civilidad con su aporte, su trabajo y su sacrificio diario, con el agravante de que hasta ahora estos actos salvajes se cometen contra presuntos ladrones, poniendo en claro la patología social que tienen esos grupos para linchar, hacer sufrir y hasta matar porque alguien robó algo material, la despreciable actitud de algunos inadaptados de poner lo material por sobre el valor supremo que es la vida de una persona que supuestamente delinquió robando algo material. La ley de la selva, instaurada por algunos medios porque según su opinión el Estado no responde en forma total a la inseguridad (que vayan a caminar por las calles de Nueva York por las noches, en algunos de sus barrios), como si fuera algo absolutamente propio de nuestro país. Pero, al margen de cualquier observación que pueda ser subjetiva de mi parte, creo que la mayoría de los argentinos, los millones que le ponemos el hombro cada día a nuestro país con nuestro aporte y trabajo diario, repudiamos la ley de la selva como ley caótica de convivencia, rayana a la barbarie, y repudiamos estos aberrantes linchamientos. Ojalá que como habitantes de nuestro querido país reflexionemos sobre estos lamentables hechos que no hacen más que entorpecer nuestro lento pero continuo paso a la concreción de una sociedad civilizada, la que todos los argentinos de genuino cariño por nuestro país deseamos y anhelamos en un futuro no muy lejano. Dr. Marcelo Claudio Fracchia DNI 17.575.066 Zapala

Dr. Marcelo Claudio Fracchia DNI 17.575.066 Zapala


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