Línea Sur: la región que siempre espera





JORGE CASTAÑEDA (*)

Mucho se ha escrito a manera de diagnóstico sobre la situación de la Región Sur de Río Negro y también mucho se ha venido prometiendo desde hace años en todas las campañas políticas, pero lamentablemente siempre se ha cometido el error de trabajar con paliativos para atender la coyuntura y no con la implementación de programas sustentables que la integren definitivamente a las otras regiones provinciales. Solamente es noticia cuando por razones climáticas o sociales se desnudan sus falencias estructurales y, como esas crisis son recurrentes (prolongadas sequías, intensas nevadas, disminución de las majadas, bajos precios de la lana, crecientes que arrasan puestos, caminos, parajes y puentes), pasadas las mismas todo vuelve a lo ya visto: postergación, subsidios, olvido, promesas, diagnósticos y consultoras; en síntesis, mucho ruido, bastante gasto y pocas nueces. Hace algunos años el investigador Guillermo Gutiérrez sostenía en un meduloso trabajo que “el 5% de los productores concentra un tercio de las tierras, las que les rinden el 50% de la producción. En la otra punta de la escena, el 80% de los productores produce el 30% de la lana; de los pequeños productores se destacan los que tienen menos de 500 ovejas (el 60%), pues no cubren las necesidades mínimas de subsistencia. Los pequeños productores enfrentan, históricamente, una serie de inconvenientes: sus tierras en muchos casos son fiscales, por lo tanto su situación es precaria y no los induce a efectuar mejoras. Las parcelas son pequeñas y se atomizan por sucesión hereditaria; por otra parte, la necesidad de obtener más lana para compensar el déficit de beneficios los obligó a aumentar la carga de animales en el terreno, con el consiguiente deterioro de los mismos. Las crisis del mercado lanar han sido recurrentes y cada período devastó suelos y pequeños productores. En los últimos tiempos la unidad económica misma ha pasado de 2.500 a 4.000 animales, muy lejos, por cierto, de la cantidad que posee más de la mitad de los productores. Traducido en condiciones concretas de vida, esto significa que la mayoría de los pobladores de la Línea Sur tiene sus necesidades básicas mínimamente satisfechas”. Los datos aportados por Gutiérrez han sido superados en los últimos años y todo parece haber empeorado: no quedan ya casi majadas en algunos departamentos que aún están soportando los efectos de una sequía que se prolonga ya por más de ocho años, la caída de ceniza volcánica y los otros factores que mencionábamos anteriormente. La entonces Corriente de Opinión Interna del Partido Justicialista, en un meduloso estudio de la región, destacaba que “la mayoría de los productores –los de menor dimensión– enfrenta el círculo vicioso de explotaciones poco rentables en superficies que no alcanzan la unidad económica y atados a sistemas de intercambio deficientes. La escasa rentabilidad de este modelo las define como economías de subsistencia, cuyo tránsito hacia formas más perfeccionadas de organización requiere inevitablemente de estímulos externos al sistema, en tanto las relaciones tradicionales impiden su crecimiento futuro y la incorporación de un mayor número de personas al esquema productivo”. Oportunamente, el entonces gobernador de la provincia Dr. Osvaldo Álvarez Guerrero, refiriéndose a la Región Sur, reflexionaba que sus problemas derivan de una inadecuada explotación de los recursos naturales, de un manejo de la explotación agropecuaria ineficiente y de factores políticos, sociales y económicos en general que han producido un deterioro de las tierras que hace 30 ó 40 años aún servían para crear riqueza y alimentar a la población: se trata de una subutilización o sobreutilización de los recursos naturales (especialmente suelo y agua) absolutamente inadecuada y perniciosa. En otros términos –concluía Álvarez Guerrero–, se trata de una muestra acabada de subdesarrollo regional”. Han pasado los años y la situación poco ha cambiado –más bien se agravó– a pesar de la pavimentación de la Ruta Nacional 23, del funcionamiento del Ente para el Desarrollo de la Región Sur, de los emprendimientos turísticos todavía incipientes y de los paliativos de una política de subsidios que si bien alivian la coyuntura son imposibles de sustentar en el tiempo. Es un deber de la dirigencia atender estas razones y trabajar en la búsqueda de soluciones y alternativas. Para eso se deben poner en el debate de toda la sociedad temas tan importantes como la producción minera en forma limpia y sustentable (que bien implementada y controlada podría cambiar la realidad de toda la región), el aprovechamiento de los valles menores, la captación de los recursos hídricos, la protección y promoción de los recursos naturales tanto turísticos como paleontológicos y arqueológicos y el estímulo a la formación de cooperativas y de pequeños emprendimientos y promover el arraigo de los jóvenes con el dictado en la zona de carreras terciarias con orientación en las actividades productivas y otra serie de medidas que deberían ser ejecutadas a mediano y largo plazo y sustantivas a las diferentes gestiones de gobierno. La Región Sur tiene potencialidades impensadas de desarrollo en actividades alternativas que podrían atender las demandas de un mundo nuevo y en constante transformación: recursos turísticos de excepción, paisajes únicos de estepa patagónica con cañadones, cerros, arroyos y lagunas (que han sido destacados por paisajistas de renombre mundial); aprovechamiento de la fauna autóctona como el guanaco, explotación de las piedras ornamentales que tienen una gran demanda tanto en el país como en el extranjero, el estudio de una inmensa variedad de flora y especies arbóreas con miras a la industria alimenticia, medicinal y cosmética y otras más. Bailey Willis, aquel norteamericano visionario que descubrió que las potencialidades de toda esta región deberían implementarse sobre la base de ideas, proyectos y propuestas confirma la necesidad de continuar bregando para que nuestra dirigencia comprenda que la integración y el desarrollo son la clave de la riqueza de todo un territorio que aún dormita en el sopor de las postergaciones. (*) Escritor. Valcheta


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