Litto Nebbia, la nobleza de la música

El cantautor rosarino vuelve para iniciar hoy, en Cipolletti, una gira por la región junto a músicos locales. Antes habló con “Río Negro” de su apasionada relación con el arte.

Redacción

Por Redacción

Uno de los gestores del rock argentino, autor de innumerables letras y melodías que dieron identidad al género, Litto Nebbia, vuelve a Patagonia. Tras su exitosa recorrida del último verano por nuestro sur, hará una serie de presentaciones en Río Negro, Neuquén y Chubut con un repertorio de temas nuevos, otros inéditos y sus ya clásicos, esos que saben todos. Junto a él estarán otra vez, el bajista y productor Gustavo Giannini y Julián Cabaza en batería. (Ver fechas aparte) Don Félix Francisco Nebbia Corbacho nació en Rosario el 21 de julio del 48, está a punto de cumplir 65, y se hizo cantante, compositor, arreglista, productor y sesionista. Su canción “La Balsa”, interpretada por el rosarino en voz y Los Gatos fue récord de venta en Argentina con arriba de 250.000 placas. A fines de los 70 creó Melopea, sello independiente que ya publicó más de quinientos álbumes. De 1976 al 83, se exilió en México, donde compuso “Sólo se trata de vivir”. El tema central de la película “Quien quiera oír que oiga”, coescrito con su director Eduardo Mignogna, es otro de sus clásicos ineludibles. –Algunas de tus canciones han pasado el filtro inexorable del tiempo y no sólo las seguís cantando, te las piden, forman parte de la vida de muchas personas de varias generaciones. ¿Cómo valorás ese resultado? –Siempre es un dato positivo y emotivo que alguien recuerde cualquiera de mis temas. Especialmente cuando la canción ha quedado instalada en la memoria afectiva de alguien. Quiero decir, para ser más claro, que se la recuerda no porque haya sido un “éxito de ventas”, un hit. –¿Qué hay en ellas para que ello suceda? –Seguramente algo distinto en cada una. Tenés por ejemplo un tema simple y melódico como “Viento dile a la lluvia”, que para su época fue toda una novedad. Una lectura sobre la libertad, totalmente diferente por su letra, y también –si pensás– por la música. Es una suerte de canción súper argentina por la melodía y pasó a ser un verdadero himno para el rock argentino. Y por otro lado, tenés las que nunca han sido difundidas y hasta subestimadas, por ser “raras”, mucho texto, formato denso… Como “El otro cambio, los que se fueron”. Al pasar el tiempo comenzó a ser reconocida y también a tener otras lecturas sociales relacionadas con nuestra historia. A veces una canción llega por su letra, otras por el texto, y muchas más es la sumatoria de obra más interpretación que el autor le da. –¿Qué efectos internos te produce volver a interpretarlas después de 47 años, como es el caso de “La balsa”? –La balsa” es una canción que al margen de su música y texto, significa mucho para varias generaciones de argentinos. Significó en su momento un quiebre generacional, un barajar y dar de nuevo para la música popular. Al menos para aquella generación. Hago “La balsa” dentro de un concierto, porque es natural que tengo que hacerla, hay mucha gente feliz si la interpreto. Siempre la canto y toco distinto. No hay algo especial que me suceda al cantarla, está dentro de un contexto donde voy a entregarme tocando un par de horas, y sí pasan muchas cosas en esas dos horas. Temas viejos y nuevos, improvisaciones, charlas con la gente, evocaciones, experimentación, calentura, sentimientos compartidos y muchas cosas más… –¿En tantos años de música, cuáles reconocés como líneas principales de tu obra? –Siempre mi objetivo ha sido escribir una música que sea personal, original. Que tenga buen gusto y con la posibilidad abierta de ir progresando, de construir cierto refinamiento en las armonías y sus contrapuntos. Ese propósito se cumple cuando, por ejemplo, “Sólo se trata de vivir”, pasa a ser popular, sin recurrir a nada sencillo. Quiero decir, es una canción que no es fácil tocarla ni cantarla, tiene mucha acordística. Sin embargo a la hora del sentimiento, la conoce muchísima gente en forma masiva, casi como ese tipo de expresiones que dicen “una que sepamos todos”. Lo importante de todo esto, es escribir lo que a uno lo represente emocional e intelectualmente. Muchas veces aparece gente que me dice que uso “acordes raros”. En realidad los acordes son raros o extraños para el que siempre está escuchando un mismo formato musical y se estanca. Y no me estoy refiriendo para nada a que hay que ir al conservatorio. La gente, el público en cuestión, debiera exigirse en educar no solo su audición, sino también comprender tantas formas distintas que tiene la música. Evolucionar y escuchar buena música, habla de quererse un poco, de cuidarse. De no dejarse embaucar ni tratar como un tarado. Y repito, para lograr esto no hace falta ir al Colón. Solo se trata de querer ser mejor persona. Es notable lo que ha sucedido con la música en Argentina. El nuestro es un país muy culto, con grandes antecedentes musicales de creatividad. Tomemos por ejemplo, nomás, la generación del 40 con el tango. La inmensa cantidad de poetas, arregladores, músicos solistas, orquestas y cantores, la muestran como una época de oro. Y el público acompañaba ese crecimiento y desarrollo de sus artistas. Luego, hacia los años 60, al tango lo hacen desaparecer. Por razones político-comerciales, lo tiran abajo. A mediados esa década aparecemos nosotros con el rock nacional o argentino, como prefiero llamarlo. Allí nuevamente comienza un desarrollo casi paralelo entre músicos y público. Esto sigue y crece hasta empezar plenamente la dictadura. Cuando pasan los años de plomo, se evoca lo que antes sucedía, pero aparece toda una nueva puesta. Llegan además nuevas generaciones que no saben cómo fue antes. El negocio comienza a crecer y se usufructúan espacios mediante el exagerado uso de la publicidad, con el argumento de “esto es lo que quiere la gente”. Así vamos llegando al estado actual, donde la música casi en general es para la joda y se ofrece la posibilidad ser famoso sin tener que dedicarse plenamente al arte. Donde el negocio ha destruido el natural espacio de desarrollo, venta y trabajo que la música tuvo. No hay que engañarse con esto de que cómo no se ve la cantidad de disquerías que había antes, la única razón es porque “los chicos bajan todo de Internet”. –Te propongo el ejercicio de mirar atrás… ¿qué le ha dejado la vida musical a Litto hombre? ¿Cuánto te ha ayudado a modificarte? –En principio me ha dejado mucho conocimiento, un gran crecimiento de espíritu y alma. La gran satisfacción de poder construir todo el tiempo, algo que le ha dado un sentido a mi vida. Siempre pensé que el arte puede ayudarte a ser más noble persona. Hoy día tengo un gran conocimiento de él, pero también de la vida. Poseo más experiencia y mayor comprensión. Todo esto me hace disfrutar mucho más aún del arte que creo e interpreto constantemente. Cuando era más joven, todo era más precoz e intuitivo, un poco más ansioso y vertiginoso. Ahora, estoy todo el día súper ocupado, como siempre haciendo lo que amo, pero es mucho más segura mi conducción.

Litto Nebbia junto a los músicos locales con los que encara esta nueva visita a la región

Eduardo Rouillet


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