Llegaron los secuestros virtuales a Neuquén

Un comerciante del Bajo neuquino estuvo a punto de caer en esta modalidad delictiva. Lo llamaron para decirle que tenían cautivo a su hijo. Cuando estaba a punto de pagar el rescate, el chico apareció. Nunca había corrido peligro ni había sido secuestrado. Los secuestros virtuales son nuevos en esta zona, aunque hubo varios casos en Capital Federal y el conurbano.

Por Redacción

NEUQUEN (AN).- Un comerciante del bajo estuvo a punto de ser víctima de un secuestro virtual, pero descubrió el engaño justo antes de pagar el rescate que le exigían. El hecho ocurrió hace un mes pero recién ayer fue revelado por fuentes policiales, y el autor nunca fue identificado.

El secuestro virtual es una variedad del cuento del tío adaptada a los tiempos. No hay cautivos, ni armas, y muchas veces el autor ni siquiera tiene capacidad para desplazarse porque está preso.

Pero dispone de un teléfono y una singular habilidad para sacarle información a la víctima, aterrorizarla y lograr que pague un rescate por un familiar que, en realidad, no está corriendo ningún peligro.

Según revelaron fuentes policiales consultadas ayer por «Río Negro», un comerciante del bajo neuquino casi se convierte en la primera víctima en la provincia de esta modalidad delictiva que, técnicamente, se parece a una estafa.

El hombre, cuya identidad las fuentes mantuvieron en reserva, recibió el llamado de una persona que con astucia averiguó el nombre de su hijo. Y de inmediato le lanzó la frase que nadie quisiera escuchar nunca: «lo tenemos secuestrado. Escuchá bien lo que tenés que hacer».

El comerciante se desesperó. Sabía que su hijo había salido a pasear con familiares pero no tenía manera de ubicarlo, y pensó que le estaban diciendo la verdad. Para colmo el anónimo interlocutor, utilizando un lenguaje violento e intimidante, le dio algunas características del sector donde está ubicado su negocio. Conmocionado, no pensó que se trata de información que puede manejar cualquiera que haya pasado alguna vez por su vereda sino que lo asoció con una tarea de inteligencia de una verdadera banda de secuestradores.

Las fuentes no revelaron cuánto dinero le pidieron de rescate. Pero contaron que cuando estaba esperando el segundo llamado del «secues

trador», su hijo llegó a su casa. Primero sintió alivio y después indignación, por eso presentó la denuncia.

El caso es un claro ejemplo de una modalidad que azota otras partes del país. Hay algunas sencillas medidas de prevención que pueden adoptarse

Las fuentes explicaron que «muchas veces el autor es un preso que llama por cobro revertido. Puede elegir un número telefónico al voleo o de alguien que más o menos conoce».

«La característica principal del diálogo es la violencia que utiliza el presunto secuestrador», añadieron. «Apura a la víctima, le saca información y la usa en su contra sin que se dé cuenta, porque la sumerge en un estado de shock».

Si el que llama es un preso, «lo más probable es que mande a la víctima a comprar varias tarjetas telefónicas, por 50 o 100 pesos.

En la segunda llamada le pide que trasmita los códigos y que después las destruya. Con eso se da por satisfecho: los códigos de las tarjetas telefónicas los utiliza para hacer sus propias llamadas, o los vende entre otros presos».

Con teléfono y sin escrúpulos

NEUQUEN (AN).- Con un teléfono y nada de escrúpulos se puede hacer mucho daño. La estafa más grande descubierta en los últimos tiempos tenía estatura internacional, con una importante base en Neuquén.

En mayo pasado fue desbaratada una banda que actuaba en España, Venezuela, Brasil y Argentina. Como líder de la «conexión Neuquén» fue imputada una empleada de la secretaría privada de la ministra de Acción Social, María Oscos.

En su vivienda fue encontrado un locutorio clandestino, donde un grupo de jóvenes simulaba acento español para embaucar a usuarios de aquel país, que creían estar haciendo una llamada local para enterarse de cómo ganar un premio.

En cambio, utilizaban la línea para una costosa llamada y nunca recibieron la prometida gratificación.

Ayer el superintendente de Investigaciones de la Policía, Horacio Uguet, dijo a la radio LU5 que «cuando se reciban llamados de este tipo hay que tomar medidas preventivas, porque no se puede saber si es una broma, una avivada o uno de los famosos secuestros virtuales. La mejor manera de evitarlo es prevenirlo». Y una mujer que se comunicó con la emisora reveló que dos veces la llamaron para informarle que había obtenido un supuesto premio.

Consejos para evitarlos

NEUQUEN (AN).- No dar información personal ni de los familiares a desconocidos, por teléfono o personalmente, es una de las vacunas más sencillas y efectivas contra los secuestros virtuales y otro tipo de estafas.

Esta clase de delincuentes, indicaron fuentes policiales consultadas ayer, utilizan en su provecho información que obtienen de las propias víctimas, a las cuales sumergen en estado de shock con una información conmocionante.

A veces cosechan los datos que necesitan sin violencia: simulan hacer una encuesta, o una promoción, y con inocencia preguntan dirección, teléfono, nombre de los hijos o los hermanos.

También se recomienda instruir a los niños para que no respondan estas preguntas, y para que sean cuidadosos cuando atienden el teléfono en la casa.

Como algunos de los que cometen estas estafas son presos, se recomienda no aceptar llamadas con cobro revertido a menos que se trate de un conocido. Para combatir esta modalidad delictiva, las empresas incluyen un mensaje grabado cuando el cobro revertido lo pide alguien de una unidad de detención.

Y si se telefonea a alguien que aparenta conocer detalles de la familia, se le puede contestar con algún dato falso (cambiar el nombre del hijo, por ejemplo) para verificar si realmente maneja esa información o está actuando «al voleo».

Las fuentes policiales indicaron que «en general la gente ya sabe que no tiene que dar por teléfono su número de documento o de tarjeta de crédito, pero cuando le preguntan por otros datos, y encima la apuran, puede bajar la guardia y ser sorprendida por los delincuentes».


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