“Llegó la hora de tirar la cadena”

Cada diez años –año más, año menos–, en Argentina alguien se encarga de tirar la cadena y todo el esfuerzo y la “sensación” de bienestar se van por la cloaca. La Argentina creo que jamás asumió su destino de grandeza y por eso se quedó sola en sensaciones. Esa que nos dieron los liberales a principios del siglo pasado, que “el peludo”se encargó de dilapidar, que Perón se encarnizó en polularizar, que Martínez de Hoz nos hizo “dulce”, esa que creímos encontrar en el plan Austral, la que algunos creyeron que era el paraíso de la convertibilidad y la que supo defender el Sr. Kirchner con su libreta de almacenero anotando los datos de los superávits paralelos. Muchachos, diez años de cuasibonanza son suficientes. Ya compraron autos, aire acondicionado, calefaccionaron sus piletas de natación y en pago de algunos aplausos fugaron capitales, y la inflación se encargará de licuarle sus pasivos. Llegó una vez más la hora de tirar la cadena. Llegó la hora de ver cómo nuestra moneda es, una vez más, papel pintado; de escuchar al próximo gobierno decir que cuando llegó las arcas del Banco Central estaban vacías; la hora en que los que ahorraron algo vean que los saldos de sus cuentas de ahorro son sólo hermosos numeritos de color negro; llegó la hora de ver cómo el ajuste se hace naturalmente sin “firmar” ninguna medida económica que en el futuro pueda ser calificada de tal. Argentina es un país naturalmente rico, con casi la mitad de su población pobre. Casi todos somos pobres, de espíritu. El mismo tipo que pide a gritos y por todos los medios que están a su alcance que rajen al técnico de su club de fútbol porque perdió 4 partidos seguidos soporta que le bajen los pantalones y que le licúen su vida. Pobreza de espíritu. Falta de ciudadanía. Tenemos una generación perdida por la droga y el alcohol... cri, cri. Una catarata, sin precedentes, de noticias nefastas inundan los medios todos los dias... cri,cri. Un país tan pobre puede tener una dirigencia rica en lo material pero no pidamos riquezas espirituales. No son de otro planeta, ellos también son argentinos. Ellos también son empleados del famoso orden mundial. Cristóbal López cuando le preguntaron cómo se definía dijo “financista”. Siendo uno de los hombres que posee el holding más diversificado del país, no se le ocurrió decir “empresario”. Un país pobre en el que la oposición no puede ser la excepción. Todos preocupados por hacer rosca para ver quién llega al 2015. Todos pobres, todos ciegos. Toca una vez más tirar la cadena. Lo único que lamento es que la casta dirigencial siga dando vueltas en el agua resistiendo la correntada. Un abrazo en sus almas. Rubén Marcelo D’Agostino DNI 11.985.229 Buenos Aires

Rubén Marcelo D’Agostino DNI 11.985.229 Buenos Aires


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