Lo exótico con la elegancia de los ‘40
El viaje se inicia en Sicilia. Stefano Dolce y Domenico Gabbana nos llevan a su isla fetiche envuelta en un delicioso perfume de cerezos en flor.
En el quinto día de los desfiles prêt-à-porter para el verano próximo, los modistos milaneses han recorrido el mundo, desde la Sicilia reinventada por Dolce&Gabbana, el exotismo de Missoni o los pueblos lejanos de John Richmond.
El viaje se inicia en Sicilia. Stefano Dolce y Domenico Gabbana nos llevan a su isla fetiche envuelta en un delicioso perfume de cerezos en flor.
Las ramas de los árboles frutales trepan por los vestidos ligeros y vaporosos en organza de seda y se llenan de brotes de flores minúsculas en tela cosidas a la tela o de grandes botones con la forma de margaritas amarillas.
Guirnaldas floridas están bordadas en la seda lacada que dan un efecto vinilo, rosas en relieve animan un vestido negro o ramos de flores de azahar alegran un abrigo rojo con cuello forrado. También utilizan alpaca de colores para forrar chalecos y faldas.
Las columnas de los antiguos templos griegos emergen en los vestidos de seda con los tonos sepia de las viejas litografías, mientras que los cinturones están constituidos por viejas monedas doradas. Para la noche, la casa propone vestidos de princesas bizantinas, dorados con puntillas y brocados, con incrustados de perlas y piedras preciosas.
La silueta es muy femenina y se inspira en la elegancia de los años 1940-1950. Las faldas, rectas y ajustadas, descienden por debajo de la rodilla. Los abrigos y chaquetones adoptan una forma de trapezoidal igual que las mangas que se paran en el antebrazo. Los vestidos túnica con mangas abombadas son muy cortos y ligeramente vaporosos.
En la casa Marni, las maniquíes adoptan aires de geishas modernas con vestidos largos y sobrios de algodón. Calzadas con chanclas de suela enorme, llevan anchos pantalones de samurais y el abrigo atado en la cintura como un kimono. Ramas trepadoras con flores gigantes se retuercen en los vestidos y los conjuntos que evocan la delicadeza de las estampas japonesas.
La colección se enriquece progresivamente con decoraciones frufrú. Juegos de pinzas, pliegues y otros frunces emergen en los bajos de las camisas que dan volumen a los costados.
Multitud de microflores en tela salpican los abrigos, los tops y las faldas, dando un efecto de relleno tridimensional.
Cinturas elásticas de rayas y grandes viseras atadas a la cabeza con cintas-lazos dan un aspecto deportivo al conjunto.
La casa Missoni apuesta por la atmósfera exótica, de inspiración africana e india. El mar se extiende al infinito, designado con grandes trazos de lápiz en el fondo de vestidos con apertura posterior y faldas rectas al estilo del sarong.
Este paisaje marino verdoso está dominado por un cielo blanco donde alzan el vuelo nubes de gaviotas.
A veces, las olas se suavizan con un gran trazo negro que atraviesa al bies una falda de punto, otras se crean con multitud de pequeñas ondas que recuerdan un zigzag, marca de la casa.
Un auténtica cola de caballo sale de la cabellera de los maniquíes, que llevan enormes brazaletes rígidos. Las letras del nombre Missoni, enormes y casi abstractas, decoran la ropa.
Finas franjas de diferentes tamaños componen los vestidos étnicos, mientras que ríos de lava color cobre iluminan los vestidos oscuros.
La mujer imaginada por John Richmond, en un minicampera de cuero como un tablero de damas, agarra su moto para ir a la busca de pueblos lejanos. Barritas metálicas o micromotivos étnicos decoran los vestidos, que recuerdan a los tatuajes bereberes y a los dibujos ancestrales de estas tribus del fin del mundo. (AFP)
En el quinto día de los desfiles prêt-à-porter para el verano próximo, los modistos milaneses han recorrido el mundo, desde la Sicilia reinventada por Dolce&Gabbana, el exotismo de Missoni o los pueblos lejanos de John Richmond.
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