Lo imposible no existe
Todo lo sólido se desvanece en el aire”, escribió Carlos Marx en el “Manifiesto Comunista”. Algo así como “nada dura para siempre”. O ese sabio refrán popular que asegura que muchas cosas que nos rodean –probado por la experiencia– pueden desaparecer definitivamente pese a nuestra buena voluntad. La porfía, la tozudez y el capricho duran poco. Daniel Scioli, el candidato del Frente para la Victoria, quien consiguió el respaldo presidencial además del de La Cámpora y otras agrupaciones militantes, sacó algunos pocos puntitos más en la elección del domingo, pero que lo obligan a presentarse en un riesgoso balotaje donde puede perder definitivamente sus ansias de poder. Fue una elección lábil. Encuestadores y ciudadanos de distinto ámbito sostenían que le resultaría imposible a Macri superar a Scioli. Y que el gobernador de Buenos Aires era dueño y señor del espacio electoral. Se requería, para sellar la consagración, que Scioli sacara un 10% de diferencia respecto de Macri y alcanzara el 40% del total del caudal electoral. Los encuestadores dominaron los pronósticos y se adueñaron de los titulares de algunos diarios, que reprodujeron en sus páginas sus perspectivas de augures omnipotentes. Para la inmensa mayoría de esos analistas resultaba imposible el balotaje. Una vez más los encuestadores vieron agigantarse delante de ellos un monumento al equívoco más el desprestigio profesional frente a toda la sociedad. Habrá para la próxima instancia un convencimiento de que los resultados que manejan no son para nada infalibles, que cometen gruesos errores, que es posible que manejen mal o interesadamente las metodologías de investigación, que no pueden adelantar nada demasiado digerible o admisible, a diferencia de sus colegas del hemisferio norte del mundo y de los países vecinos a la Argentina. Scioli recibió varios castigos que terminaron beneficiando a Macri. Uno fue que sus contrincantes demostraron fallas serias de su gestión y el incumplimiento de sus promesas. La segunda cuestión fue que la sucesión en manos de Aníbal Fernández, cuestionado por rumores que lo vinculaban con el narcotráfico, representaba una quemazón para las intenciones de sus posibles seguidores. En tercer término, la vergüenza de haber emprendido viaje a Europa en el momento más angustiante de las inundaciones. Que regresara de inmediato a La Plata por el grito de socorro de sus funcionarios evidenció en él una falta de criterio de la realidad. Las versiones que dieron sus colaboradores mientras estaba fuera del país eran contradictorias. Si se trataba de arreglos de su prótesis podía haberlos hecho una vez que toda la tragedia del agua incontenible hubiera desaparecido. En cuarto lugar, las resistencias (que se parecían a un tropezón) contra el gobernador dentro del mismo cristinismo. A todo esto se pueden agregar las imposiciones de la presidenta, que le bajaba línea constantemente y coartaba su independencia de criterio. El quinto argumento giraba en torno a su imagen popular de sometido a la Casa de Gobierno (le impusieron un segundo en la candidatura, Zannini, que Scioli nunca había tenido en cuenta). Varios entendidos en las interpretaciones políticas lo definían como un sometido que siempre se mantenía a flote pese a los retos de Cristina Fernández cuando señalaba sus errores en público. Macri y Massa, en esa dirección, fueron más coherentes y más decididos. Los discursos de los candidatos comenzaron a parecerse, pero los opositores fueron más creativos y le ganaron en capacidad de movimientos y captación de votos. Y en discursos más convincentes. De lo contrario, parece un milagro que una dirigente desconocida u “oculta” hasta hace un corto tiempo como María Eugenia Vidal haya conquistado la gobernación de la provincia con el mayor caudal de votos de la República, tradicionalmente peronista y beneficiada en varios sectores por los subsidios sociales. Vidal no ganó sólo porque es una mujer agradable de amplia y generosa sonrisa, sino porque las circunstancias la favorecieron en las dos últimas oportunidades. Entre ellas, fatiga del autoritarismo cristinista, inseguridad sin solución, inflación que devora sueldos y ahorros, una infraestructura sin cambios imprescindibles durante varios años, la desigualdad social cada día más creciente y apabullante… Varios intendentes de larguísimas gestiones, señores feudales, fueron literalmente echados de sus puestos. En estas horas Scioli está siendo mirado o con lupa o a través del microscopio. Los elogios son para Macri y Massa. Sin embargo, los de la oposición no se salvan de críticas a sus campañas y a sus decisiones. Toda la propaganda manipulada que los acompañó y sus declaraciones en los medios de comunicación demostraban escasa creatividad. Mínima iniciativa. Casi, casi, mediocridad evidente. No faltan algunos pensadores que aseguran que todos los candidatos muestran insuficiente capacidad para enfrentar el futuro que viene, con todos los riesgos ante el desastre económico y social que deja la actual y empecinada presidenta. No faltan otros que no comparten esa afirmación. Tanto Macri como Massa están acompañados por economistas reconocidos que han declarado que el terreno que pisarán está plagado de minas. Las mismas que si no son detectadas a tiempo pueden acelerar mayores daños directos y colaterales. Paralelamente, habrá que ver cómo proceden con el abrumante cepo cambiario, la pérdida de reservas, la mejora del tipo de cambio (para mejorar sobre todo las exportaciones, que han caído produciendo ruido y con amenazas de quiebra de variadas empresas). Si está de acuerdo en ganar, Macri tendrá que tocar varios timbres y formular acuerdos o alianzas con el resto de las fuerzas políticas. El balotaje le hizo bien a la democracia, olvidada durante un montón de años; la misma que resurgió con Alfonsín en 1983, seguida de una tergiversación total del concepto, manchada por el abuso total de poder y la corrupción. Es un hecho excepcional. Se vienen el diálogo, los entendimientos. Se va el autoritarismo abusador. Es decir, otro país en el cual vivimos. (*) Escritor. Periodista
Daniel Muchnik (*)
“Vidal no ganó sólo porque es una mujer agradable de amplia y generosa sonrisa, sino porque las circunstancias la favorecieron”.