Los clubes deportivos de Bariloche, en crisis y lejos de la “normalidad”

La práctica de actividades de conjunto sigue frenada excepto el fútbol. La dificultades económicas para subsistir se acrecientan por la cantidad de meses que llevan parados y la baja de socios, a pesar de la ayuda del Estado.





Entre las actividades que padecieron la inactividad más prolongada durante la cuarentena estuvo el deporte organizado, que tiene epicentro en los clubes, cuya vida interna todavía está lejos de recuperar el ritmo y los hábitos previos a la crisis.

La práctica de deportes de conjunto sigue vedada, salvo el fútbol. La vuelta de las competencias no tiene fecha segura y con las disciplinas individuales el distanciamiento y los cupos estrictos generaron una merma de concurrencia a los complejos, que atraviesan serias dificultades para cubrir sus costos.

Entre los comercios esenciales (que trabajaron a pleno y sin pausas) y las escuelas de todos los niveles (cerradas hasta hoy), los clubes transitan un carril intermedio, con permisos acotados, que les permitieron retomar cierta normalidad a partir de julio y agosto.

En este larguísimo paréntesis acumularon deudas, sufrieron la baja de algunos socios y lograron mantenerse a flote gracias a la ayuda estatal.

El presidente del club Los Pehuenes, Diego Tislak, dijo que el aporte de la Nación vía ATP fue clave para cumplir con los sueldos de los 50 empleados. También accedieron a la ayuda especial dispuesta por la provincia, que fue de 85.000 pesos para cada club y se liquidó en tres cuotas.

Los Pehuenes postuló además a otra ayuda de Nación por 60.000 pesos por el programa “Mi club”, pero hasta ahora no recibió el dinero.

La institución ubicada en el barrio San Ignacio del Cerro tiene unos 500 socios y es la más grande y diversificada de Bariloche. Tislak dijo que en estos días sólo funcionan, a medias y con estricto protocolo, el tenis, la natación y el gimnasio. Los vestuarios están cerrados y la vida social también. Los deportes “de conjunto” como el hockey, el fútbol infantil, el básquet y el vóley siguen suspendidos y sin fecha para la vuelta.

El Club Pehuenes en el barrio San Ignacio del Cerro tiene unos 500 socios. Foto: Alfredo Leiva

Según el presidente, actualmente pasan a diario por el club unas 150 personas, cuando antes, en condiciones normales, eran unas 500. “La baja de socios fue muy fuerte en marzo y abril, entre un 30 y un 40%, y no se ha podido recuperar”, afirmó.

Estudiantes Unidos es otro de los clubes con infraestructura propia y sus deportes fuertes son el fútbol y el hockey. El presidente, Omar Herrera, dijo que la vuelta a la actividad fue muy lenta y trabajosa, pero poco a poco las buenas noticias generan cierto optimismo. Entre estas últimas mencionó la confirmación reciente de que el 16 de enero volverá la competencia en la liga de fútbol Bariloche. “El hockey está empezando a entrenar pero todavía no se habla de competir”, completó.

El gimnasio lo tienen habilitado solo para entrenamiento “funcional”, sin jugar, lo cual confirma día a día cuánto costará recuperar el terreno perdido.

Herrera dijo que en lo económico una carga pesada son las facturas mensuales de agua, luz y gas. Hasta ahora no sufrieron cortes, porque están suspendidos, pero acumulan deudas por 500.000 pesos. De la ayuda provincial solo pudieron cobrar una cuota de 30 mil pesos porque para el resto los dirigentes debían completar un curso de management deportivo, y no cumplieron.

En cuanto a los servicios, en Los Pehuenes admitieron también que están “con deudas acumuladas y con planes de pago”.

Herrera dijo que en Estudiantes la gente siente todavía el impacto y los cambios que trajo la pandemia, como la imposibilidad de que los padres acompañen a los chicos durante los entrenamientos. “Todo esto trae secuelas que todavía no podemos medir del todo. El futuro es incierto, vamos viendo paso a paso”, dijo el dirigente.

Buscar alternativas

Otro club con importante desarrollo es el Nahuel Huapi, que hace pocas semanas, en plena cuarentena, festejó sus 80 años. La institución del barrio Ñireco tiene paddle, patín, pelota a paleta, entre otras actividades, y una pileta y un gimnasio cedidos en concesión.

Los natatorios fueron de los primeros en ser habilitados con protocolos, en el invierno. Foto: Alfredo Leiva

La supervivencia, en su caso también se concentró en las gestiones para reunir recursos y cubrir los gastos básicos.

En el oeste otra institución de importante trayectoria es el Club de Regatas. Uno de sus dirigentes, Raúl Stuke, dijo que el remo se puede realizar al aire libre y en forma individual, lo cual les permitió lograr los permisos hace ya más de dos meses. La prioridad del club fue trabajar con adolescentes y recién esta semana, también con ajustado protocolo, se puso en marcha la escuelita para chicos de 7 a 11 años.

Stuke dijo que tienen un solo empleado y pudieron sostener el salario gracias al ATP. El resto de los gastos, en parte, los cubrieron con el aporte provincial de 85.000 pesos y valoraron que “el 90% de los socios (unos 120) hizo un gran esfuerzo y se mantuvo al día con la cuota”, a pesar de que el club estuvo casi paralizado.

Durante la cuarentena el objetivo fue mantener el vínculo entre profesores y deportistas “vía Zoom y Whatsapp”, para transformar cada casa en un pequeño gimnasio. “Pese a lo adverso del panorama le hacemos frente, pero no es nada fácil. Las competencias siguen suspendidas y volver a la normalidad va a llevar mucho tiempo”, aseguró el entrenador.

El universo fútbol

Entre los clubes de menor envergadura hay muchos dedicados exclusivamente al fútbol y cuyo dato común es la carencia de infraestructura. Aun así, requirieron ayuda estatal para cubrir sus gastos, que pasan por la compra de indumentaria, pelotas, material de entrenamiento y alquiler de canchas.

El presidente de Cruz del Sur, Marcos Rehel, dijo que durante el parate una de las prioridades que se fijaron fue mantener al día todo lo administrativo –asamblea, balances, elección de autoridades–, y que esa prolijidad les permitió acceder a los programas públicos de ayuda.

Señaló que Cruz del Sur tiene 150 socios regulares y la gran mayoría mantuvo sus cuotas al día. Sí se cayó el cobro de cuotas deportivas, porque las actividades bajaron de intensidad o directamente quedaron suspendidas. Por ejemplo el fútbol femenino y el futsal siguen parados.
Rehel dijo que el dinero transferido por la provincia lo aplicaron a pagar los gastos en la sede y que la falta de recursos los obligó a postergar compras de implementos básicos, como pelotas, conos y pecheras.

“Estamos confiados en sostener la estructura y que en poco tiempo las cosas empiecen a funcionar como antes de marzo”, dijo el presidente de Cruz del Sur.

Sin un espacio de encuentro

El club de barrio fue siempre un espacio ideal no solo para la iniciación deportiva sino para la vida social. Muchos tienen bar o bufet, quinchos para cumpleaños y hasta bibliotecas. Por ahora todo ese abanico de propuestas sigue suspendido.

Las pocas actividades que están permitidas exigen que el intercambio entre deportistas sea mínimo, a distancia, y sin “tiempos muertos” antes y después de la práctica, que para muchos eran un clásico. Hasta las charlas de vestuario quedaron eliminadas, porque la obligación es llegar con la ropa deportiva puesta y retirarse igual. Cada uno se baña en su casa.

Algunos de los dirigentes consultados admitió que la dureza de esas reglas resultó difícil de asimilar para muchos socios y que esperan con impaciencia “la vuelta de las actividades sociales”, no solo como espacio de encuentro sino también por razones económicas. Por ejemplo, las cenas para recaudar fondos son clave en algunos casos.

Foto: Alfredo Leiva

Auxilio provincial para hacer frente a las urgencias

El secretario de Deportes de Río Negro, Diego Rosatti, dijo que la primera evidencia sobre los perjuicios sufridos por todas las instituciones deportivas con la cuarentena estricta que rigió entre marzo y mayo los llevó a buscar paliativos económicos y conformaron con rapidez un fondo de 15 millones de pesos, a distribuir en todo el territorio. Postularon en total unos 250 clubes, de los cuales entre 40 y 50 son barilochenses.

Rosatti afirmó que el programa Más Deporte estuvo orientado a cubrir las necesidades más básicas de funcionamiento y alrededor del 80% de las instituciones interesadas pudieron acceder. “Algunas emplearon el dinero para el mantenimiento de instalaciones y el pago de servicios –señaló–. Otras, que tienen menos infraestructura, igual debían hacer frente al pago de honorarios, indumentaria y alquileres”.

El ministro reconoció que el pago de los servicios es una carga problemática para los clubes y por eso en su cartera preparan un proyecto de ley que piensan enviar a la Legislatura antes de fin de año, para conceder algún tipo de exención o tolerancia en favor de los clubes, con alcance a los pagos de agua, luz y gas.

“Los clubes cumplen una función fundamental no solo en lo deportivo, sino también en la contención social y en el cuidado de la salud. Pero a partir de marzo todo se complicó”, dijo Rosatti.


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