Los desafíos de la tecnología: ¿Qué opinan los mayores?

Por Redacción

– Para los adultos que no nacieron con las innovaciones tecnológicas que hoy están en todas partes, como la computadora, Internet, los celulares o las cámaras digitales, en general ha sido difícil adaptarse a su uso, pero no imposible: para ellos era un reto al que la mayoría se enfrentó solo, aunque eso sí, con el apoyo e impulso de la familia.

“Yo empecé a usar el ordenador porque tenía curiosidad de que todo el mundo lo usaba y dije: ‘¿por qué yo no?’. Mi sobrino tenía uno y empezamos. Enredando, que es como se sacan las cosas”, afirma Miguel Delgado, español de 64 años, ya jubilado.

Miguel, como muchos usuarios de las generaciones mayores, tenía miedo al principio de tocar algo y descomponer la computadora. Es un sentimiento que comparten muchas personas que se enfrentan por primera vez al aparato. Pero que con el tiempo desaparece.

Hugo Winne, argentino de 65 años que trabaja en una empresa de producción de equipamiento para producción y distribución de electricidad, coincide con Miguel en que lo importante es ponerse a experimentar con los aparatos, usarlos, para aprender y ver qué posibilidades ofrecen.

En su caso, el técnico que en su día le instaló la primera computadora que tuvo -que compró a medias con su hija veinteañera- le quitó el miedo desde el principio diciéndole que todo lo que se descompusiera se podía arreglar, y que lo que había que hacer era usar la máquina.

Con diferencia el aparato del que más hacen uso los mayores es el teléfono móvil, aunque la mayoría no tiene un “smartphone”, es decir un celular con acceso a Internet con muchas prestaciones, sino uno más bien sencillo. Casi todos lo usan para algo más que para llamar, como por ejemplo para poner la alarma para despertarse o recordar cosas. Pero las opiniones están divididas en cuanto a los teclados y las cámaras.

Ana María, la esposa de Hugo y ya jubilada, prefiere los teclados físicos, mientras que Hugo -que usa un smartphone- prefiere la pantalla táctil.

Para María Antonia Leopoldo, española de 61 años, el móvil es “para llamar y recibir llamadas y como reloj y despertador”. El suyo tiene cámara pero reconoce que no la usa porque luego no puede descargarlas. “Y si se me pierde o me lo roban nadie tiene por qué ver mis fotos”, agrega.

Ella, al igual que Juan Domínguez, mecánico de maquinaria ya jubilado, de 62 años, cree que los aparatos no están hechos para la gente de su generación. “No están pensados para personas mayores porque son demasiado complicados. Somos de otra época y al no haber aprendido desde pequeños ahora tenemos más dificultad”, señala Juan.

“Cuando tengo un aparato nuevo me siento mal, alguna vez yo creo que hasta he llorado con el móvil”, afirma María Antonia, que trabajó de secretaria y ahora es ama de casa. “Da miedo meterse en cosas de las que luego no sepa salir. Una vez se me puso el móvil en euskera (vasco) y no había manera. Tuve que ir a la tienda, porque después de una hora y media no hubo manera de arreglarlo”.

Un denominador común de esta generación es que se apoyan en sus hijos o incluso en los nietos a la hora de aprender a usar cámaras, teléfonos o computadoras. Al menos al principio. Luego, se atreven a ir probando por sí mismos, pero necesitan de una introducción porque la tecnología no es algo dado y natural para ellos, como lo es para los niños y adolescentes actuales.

Esa comunicación y aprendizaje a veces es difícil. Ana María se queja por ejemplo de que cuando empezó, cuando ella tenía tiempo su hija no estaba, y cuando ésta podía, entonces ella no. Pero al final todo se consigue.

Juan Domínguez cree que “habría formas de que (estos aparatos) fueran más fáciles de utilizar. De hecho, cada vez tratan de simplificar más las cosas para que todo el mundo pueda usarlas”.

Feli Mediavilla, de 72 años, coincide, pero cree que “es normal, porque la mayoría de gente que los usa es gente joven y están hechos para ellos”. Y añade: “Lo que nosotros tenemos que hacer es adaptarnos”.

Otro elemento del que muchos se quejan es el inglés: a menudo los aparatos vienen configurados en este idioma, o con las instrucciones sin traducir. O bien, traducidas en un español incomprensible. Por ello, una vez más no hay nada que pueda sustituir a una persona de confianza que explique “en vivo y en directo” el funcionamiento de la electrónica.

La mayoría utiliza la computadora para mails y sobre todo para Internet, que genera la misma fascinación en los mayores que en los más jóvenes. “Es una maravilla tenerlo todo ahí”, dice Ana María, y recuerda que cuando vinieron sus nietos de visita no sabían cómo montar una cuna y ya la daban por rota hasta que se les ocurrió mirar en la red y allí aparecía un video en el que un hombre explicaba cómo era el sistema. Resultado: cuna montada sin problemas.

Miguel Delgado destaca también el uso de la red para leer la prensa, otra de las opciones más habituales. En su caso, el principal temor eran al principio los virus informáticos. “Al principio pensaba, ‘a ver dónde me meto’, creía que todo eran virus. Ahora ya no, pero tampoco me meto en cosas raras. Entro en páginas de viajes por ejemplo que veo en la televisión o en el periódico, para estar seguro de que no son páginas que me traigan problemas. Por si acaso”.

“Nos da miedo jugar con esos aparatos, pero esa es la única manera de aprender, equivocándose”, resume Feli, quien pese a tener “un móvil de la Edad Media” que no cambia porque ya lo conoce, no le tiene miedo a una tablet. “La tableta he pensado que me la regalarán o me la terminaré comprando, más que nada por el peso de los libros. Me gustaría”, dice esta aficionada a la literatura.

“En el fondo te da miedo lo nuevo. Es normal, no es que los de ahora seáis más listos que los de antes”, añade esta española que fue profesora de secundaria. Y sonríe con un guiño: “Yo deduje cómo poner en silencio el teléfono en el cine y ahora, cada vez que lo hago, me siento lista”.

dpa