Los desvaríos de los pensadores

Se publicó el libro "Locura filosofal". Recorre la biografía de ocho intelectuales.




BUENOS AIRES (Télam).- A medio camino entre la biografía y el ensayo, los investigadores norteamericanos Nigel Rodgers y Mel Thompson recorren en "Locura filosofal" los desvaríos de ocho pensadores modernos como Friedrich Nietzsche, Martin Heidegger, Michel Foucault y Jean Paul Sastre, entre otros.

Pensamiento y locura han estado dinámicamente asociados desde la antigüedad: la una es el riesgo, cuando no la consecuencia del otro. De esta peligrosa "asociación lícita" trata este volumen que traza una serie de estampas biográficas que abordan desde un costado poco convencional las claves de la filosofía moderna.

"Quien con monstruos lucha, cuídese de no convertirse a su vez en uno. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti", aseguró alguna vez Nietzsche, que acabó presa de los delirios de la sífilis.

Sus ideas sobre el superhombre, el eterno retorno o la muerte de Dios han alimentado en el sigo XX las más delirantes teorías, del mismo modo que las formulaciones de uno de sus mejores alumnos, Martin Heidegger, que sirvieron para sentar las bases "morales" del nazismo.

Desde un ofuscado y ególatra Ludwig Wittgenstein que amenaza a su colega Kart Popper con un atizador, hasta un eufórico Michel Foucault que recorre los más duras saunas masoquistas de Estados Unidos, "Locura filosofal" exhibe los desvaríos, la excentricidad o la inadaptación social de los grandes filósofos modernos.

La obra, recién editada por el sello Melusina, permite descubrir los bajos fondos de las estrellas de la filosofía y recordar que los grandes intelectuales son también hombres vulnerables y falibles.

Las vidas de Rousseau, Schopenhauer, Nietzsche, Russell, Wittgenstein, Sartre y Foucault son detalladas con minucia por los autores, quienes demuestran cómo el propio comportamiento del filósofo -algunas veces incorrecto, otras directamente demencial- guarda una estrecha relación con sus teorías.

La vida de un filósofo no debería atesorar grandes misterios, dado que la condición de filósofo no exime de ninguna de las vulgaridades de la más común de las existencias, aunque resulta curioso que esa misma coherencia entre obra y vida no se les exija a los novelistas, donde la disociación está "aceptada".

"Locura filosofal" expone que ser filósofo no implica necesariamente pureza de espíritu, ni vida virtuosa ni credencial de racionalidad impecable: el libro se propone una reconstrucción de la filosofía husmeando en la vida de los filósofos y escogiendo los capítulos más escabrosos, perversos o miserables.

El acierto es que no se constituye en un simple anecdotario que busca la risa fácil de la caricatura: las citas que abren la introducción valen por sí solas tanto como justificación del propósito de los autores como de excusa de la conducta de los biografiados.

La coherencia del proyecto podría resumirse en la frase de Nietzsche, "Toda gran filosofía es la confesión de su creador y una especie de memorias involuntarias" (Nietzsche), y hasta en otra de su discípulo Heidegger: "Quien piensa en grande, en grande debe errar".

Las miserias que se exhuman en cada caso son muy dispares: a Rousseau, por ejemplo, se lo acusa de paranoico y victimista, pregonero del buen salvaje pero al mismo tiempo representante de una clase privilegiada, mientras que de Schopenhauer se denuncia su pesimismo existencial y sus traumas de infancia.

Sobre Nietzsche se cuentan aspectos previsibles y largamente abordados por sus biógrafos, aunque en favor de los autores hay que subrayar que no se regodean en la postrera locura para refutar el valor de sus ideas sino que las exponen de manera más acertada que en muchos manuales al uso.

Uno de los que sale peor parados es Heidegger, ya que mientras que la historiografía canónica minimiza su relación con el nacionalsocialismo como una cuestión epidérmica, este libro enfatiza su colaboracionismo.

En Sartre y Foucault la biografía resulta más atrayente que el pensamiento y los autores así lo han entendido porque son los dos casos en los que la exposición de su pensamiento se hace de modo más raquítico.

Una constante del libro es la obsesión por la vida sexual de los filósofos, desde la castidad involuntaria hasta la depravación sadomasoquista, pasando por el donjuanismo. Lo cierto es que ninguno de los filósofos sale airoso en esta cuestión, pues en todos ellos la libido presenta alguna atrofia por exceso o por defecto.


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