Los libros e historietas de Educación y el silencio de radio



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CARLOS SCHULMAISTER (*)

Los colegios secundarios de Río Negro tienen ya los mismos libros e historietas enviados por el Ministerio de Educación de la Nación a las provincias y a la CABA. Los mismos que tomaron difusión pública luego de que en Mendoza (y sólo por eso) fueran rechazados por algunos docentes y padres, obligando a las autoridades educativas provinciales a esconderlos en las bibliotecas para alejar a los alumnos de su lectura. Dicen que esos libros encierran imágenes y narrativas escatológicas, desviadas, patológicas, incluida zoofilia, críticas a la Iglesia Católica, etc. Y mucho más no se sabe porque aquí también fueron enclaustrados en las bibliotecas escolares. Varios títulos y miles de ejemplares solventados por la sociedad argentina por decisiones tomadas en última instancia por el ministro Sileoni, la más alta autoridad educativa de la Argentina en ejercicio, para que terminen no siendo leídos por los estudiantes. Más allá del pequeño escándalo en Mendoza y de algunas breves notas periodísticas en medios on-line que no vacilaron en calificarlos de pornográficos, y de la defensa ministerial de sus supuestas ventajas para la formación de los educandos que nos gobernarán muy pronto, no se ha escuchado, leído ni visto ninguna repercusión ni otros tratamientos periodísticos. En el Consejo Provincial de Educación rionegrino, los vocales docentes gremiales y gubernamentales han guardado estricto silencio respecto de este aporte literario del gobierno nacional a los establecimientos de nivel secundario, avalando así la aquiescencia del ministro Mango a lo actuado por el Ministerio de Educación de la Nación. Asimismo, resulta especialmente sorprendente que el flamante vocal representante de los padres de estudiantes en el Consejo Provincial de Educación rionegrino no haya abierto la boca al respecto. En realidad se desconoce si lo ha hecho sobre otros temas, por lo que podría suponerse en su favor que aún no ha tomado conocimiento por alguna razón atendible. Ni la Ctera ni la Unter ni otros gremios educativos han tomado posición al respecto, con lo cual su silencio se presume aprobatorio aun tratándose de un tema tan espinoso, lo cual seguramente no habrían dejado pasar así nomás si hubiera ocurrido en establecimientos educativos privados, los cuales –según una difundida y controversial creencia popular son malos, son inferiores en calidad educativa a los establecimientos públicos, deforman la conciencia de “nuestros chicos”– son avanzadas de la colonización extranjera, etc., etc. En consecuencia, por lógica y elemental inferencia, la educación pública actual, y en nuestro caso la de Río Negro, tendría todos los valores y bondades de los cuales abominaría la educación privada. Es de suponer que, por añadidura, estos libros-historietas deben ser importantísimos instrumentos pedagógico-didácticos para el logro de aquéllos. Aunque era de esperar que en todo el país se movilizaran los padres de los alumnos, en forma individual o institucional, no ha sucedido así. Varias cosas llaman la atención aquí: una, el tremendo consenso que pareciera tener la política educativa nacional para los padres de los estudiantes al punto de que tratándose de una cuestión que como mínimo podría calificarse de delicada, ni siquiera se hayan interesado por informarse antes de dar su –como siempre– cautivo aval. Quede claro que este siempre cautivo aval lo tienen y han tenido también los padres afectos a otros partidos políticos que a su turno han gobernado la nación y las provincias, por lo que parece constituir una conducta idiosincrática de cualquier argentino. Pero más asombroso aún es que no haya tomado estado público ninguna crítica de padres de alumnos que son afectos a partidos políticos opositores al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Todo esto dice mucho respecto de la calidad de la oposición política en general. Ya se sabe que, a diferencia de los políticos oficialistas que siempre resultan incansables y ufanos voceros de las acciones y logros de su gobierno, los políticos de la oposición, salvo honrosas excepciones, siempre andan con bajo perfil comunicacional, a menudo carecen de propuestas, y si las tienen no las efectúan, sobre todo en temas de poco marketing mediático como son los de la educación y la cultura, sobre todo cuando se las realiza o postula con sentido estratégico, a diferencia de las acciones demagógicas coyunturales (sobre todo las de la cultura-espectáculo) generalmente en manos gubernamentales. Más aún, es difícil hallar algún dirigente político que denuncie actos gubernamentales ilícitos en estas áreas, a pesar de que son campo habitual de prácticas de corrupción tan graves como las que suceden en las áreas gubernamentales relacionadas con la economía y las finanzas. Otras veces, muchas veces, los políticos opositores actúan como el tero: en un lado pegan el grito y en otro ponen los huevos. No comprenden (o tal vez sí) que –al igual que todos y cada uno de los seres humanos– ellos, como representantes de un sector con tan importantes misiones y funciones públicas como son las que corresponden al verbo gobernar, son responsables no sólo de lo que han hecho positivamente, sino también de lo que no han hecho y de aquello que han permitido que sucediera, sea por indolencia, por estupidez, por complicidad, por miedo a la omertá, o… porque están en lista de espera esperando ser cooptados. ¿Y de los alumnos qué? Las autoridades dicen que en Río Negro no hay internet en los colegios para preservarlos de la penetración de las páginas pornográficas en las netbooks que el gobierno nacional ha distribuido, las cuales llevan a sus hogares para solaz y esparcimiento del educando y de su familia si es que tienen red y si no la tienen también. Todo bien, en principio, ya que las exploraciones non sanctas no son alentadas sino disuadidas por los profesores. Sin embargo, igualmente los chicos protestan. Pero ahora es todo al revés: es el propio gobierno quien abre las puertas de las conciencias en formación de los adolescentes para que penetren en ellas estos emblemáticos testimonios de la crisis de valores políticos, económicos, sociales, morales, estéticos y religiosos en el mundo actual, como son los expresados en estos libros e historietas. Cosa grande han de ser para gastar tanto dinero de los ciudadanos. Y qué ha de ser más importante para el gobierno –se sabe– que liberar las conciencias y dotarlas de soberanía y autonomía. Pero, ¿se logrará este fin con mensajes de violencia, crueldad, fealdad, maldad, resentimiento, falta de sentido, absurdo, confusión, atajos? Y conste que no se cuestionan los talentos artísticos de los autores que han sido publicados sino su publicación oficial para la educación secundaria por los peligros potenciales para los adolescentes actuales, habituales destinatarios de mensajes cada vez más desprovistos de sentido ético y de humanismo. Finalmente un asombro más. Aquellos que supuestamente poseen las llaves de las conciencias, aquellos a quienes se les reconoce el poder de dictaminar sobre la parte y el todo, sobre uno y el universo, sobre Dios y sobre la Historia, y sobre lo esencial que define a los seres humanos: la condición humana… ¿no tienen nada para decir? ¿Otra vez harán como que no ven, no oyen, no sienten? En tiempos de crisis muy grandes, cuando el miedo se vuelve natural y habitual, lo más prudente es no enterarse de lo que no conviene, y luego callarse. Estos libros, como mínimo sospechados, permanecerán cerrados, evitando el destino al que por lógica están destinados. Y en este caso, como en todos los actos de gobierno cuestionados por la ciudadanía, el dinero del pueblo no vuelve al pueblo. (*) Profesor de Historia


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