“Los pasos” de don Antonio se escuchan 45 años después

Humberto y Liliana tienen un negocio en el mismo lugar donde asesinaron a un conocido despensero de Allen en 1972. Dicen que escuchan ruidos, que son del “abuelito” y que él los cuida.

Por Benjamín Ríos

“El espíritu del abuelito es bueno, nos cuida, no molesta, sólo hace ruido… Ya estamos acostumbrados a los ruidos”,

contó Humberto Martínez, actual propietario del negocio.

“Nos comentaron que acá vivía un viejito que tenía un comercio de ramos generales y atendía de la ventana, y que un día lo mataron”,

recordó Liliana, esposa de Humberto.

¿Cómo mataron a Antonio?

Antonio tenía 82 años cuando fue asesinado.

Arnaldo Francisco Enríquez Gallego conocía a Antonio. Vivía cerca de su casa, además había trabajado como plomero en la propiedad del español. El día del asesinato esperó a que Leónidas, el amigo de la víctima, se retirara del almacén. El español solía jugar a las cartas, pero esa sería su última partida.

Cuando se fue, Leónidas dejó la puerta abierta y Gallego aprovechó para entrar.

Mientras Antonio dormía al lado de su mesita, el asesino sacaba el dinero de una bolsa pequeña que estaba debajo del mostrador.

Sin embargo, se tropezó con una caja y Antonio volvió de su sueño y lo amenazó con denunciarlo con la Policía.

El asesino sabía que estaba en problemas y cerró las persianas del local para no tener testigos del crimen que cometería después. Luego tomó un cuchillo que Antonio solía usar para comer y le dio una puñalada en el pecho. La segunda fue mortal y acertó cerca del corazón.

Antonio murió sentado al lado de la mesita donde solía jugar naipes.

Gallego tuvo paciencia y como todavía era de día esperó escondido hasta la noche, cuando disminuyó la cantidad de transeúntes y escapó.

Han pasado 45 años, pero los pasos del “abuelito” que fue asesinado en la histórica despensa se siguen escuchando.

El asesino que fue arrestado tras otro robo a un bar

Arnaldo Francisco Enríquez Gallego, el asesino.

Semanas después del crimen de Antonio Moreno, la policía capturó al asesino. El sujeto, motivado tras salir impune de su primer asalto, volvió a robar pero esta vez un bar ubicado en Aristóbulo del Valle y Doctor Velasco.

Rodolfo Rodríguez, el dueño del lugar, fue sorprendido al mediodía por el atacante, que lo amenazó con un revólver. El hombre, atemorizado, le entregó $ 49.500 de la época y luego cerró las puertas del establecimiento por orden del ladrón.

Sin embargo Rodríguez tomó coraje y en un descuido huyó del bar corriendo. Tras hacer unos metros llegó a una despensa ubicada en la esquina de la cuadra y llamó a la policía.

El cabo Ricardo Millañanco y el agente José Vázquez acudieron al llamado y fueron informados de la situación por Rodríguez.

Los policías vigilaron el edificio hasta que el delincuente intentó escapar pero fue arrinconado y no le quedó otra que entregarse.

El ladrón fue identificado como Arnaldo Francisco Enríquez Gallego, chileno de 23 años.

El comisario que participó del interrogatorio al pasar los minutos sospechaba que estaba involucrado con el crimen de Antonio. El revólver que le secuestraron coincidía con el arma que había desaparecido en la casa de la . Sólo bastaron un par de horas hasta que Gallego confesó el crimen del hombre español.

La escena del crimen

El domingo 26 de noviembre de 1972 encontraron el cuerpo del comerciante español Antonio Moreno. Tenía 82 años y su negocio estaba ubicado en Quesnel y Don Bosco, al frente del hospital de Allen.

“Río Negro” envió un periodista para cubrir la noticia. El hombre recibió dos puñaladas debajo de ambas tetillas, una de 14 centímetros, y cuando lo hallaron estaba sentado sobre un cajón en la misma posición como cuando atendía su kiosco.

Dicen que Antonio tenía tres millones de pesos “viejos”, y fue atacado con su propio cuchillo. Incluso la policía encontró el arma en el suelo.

Por la escena del crimen y como no hubo signos de violencia en el cuerpo ni en las puertas del comercio, los policías que investigaron el hecho señalaron que la víctima conocía a su asesino.

El español solía jugar a las cartas con su amigo Leónidas Fernández (60), otro comerciante dueño de un supermercado, y un día antes del asesinato compartieron una partida juntos.

Leonidas no sólo fue el amigo y la última persona que lo vio con vida, sino que era el heredero de los bienes de Antonio. La fortuna del español estaba valuada en 20 millones de pesos nacionales, esto incluía los inmuebles.

Leónidas fue el primer sospechoso por todos estos motivos antes narrados. La policía lo detuvo días después del hecho. Sin embargo, luego sería liberado tras constatar que no habían elementos suficientes para incriminarlo.

El misterio se revelaría semanas después y el asesino caería intentando cometer otro asalto.

La familia que ocupa la propiedad que era de Antonio llegó desde Mendoza hace nueve años. A pesar de los altibajos, continúan “firmes” con el negocio.

Datos

“El espíritu del abuelito es bueno, nos cuida, no molesta, sólo hace ruido… Ya estamos acostumbrados a los ruidos”,
“Nos comentaron que acá vivía un viejito que tenía un comercio de ramos generales y atendía de la ventana, y que un día lo mataron”,
La familia que ocupa la propiedad que era de Antonio llegó desde Mendoza hace nueve años. A pesar de los altibajos, continúan “firmes” con el negocio.

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