Los peligros no sólo están en la calle

Por Redacción

Columnistas

El resonante caso de Aqsa Mahmood , la chica de 19 años de Glasgow, Escocia, fue recordado en CNN el 6 de septiembre pasado. En noviembre del 2013 Aqsa viajó a Siria con el propósito de convertirse en mártir del grupo terrorista ISIS. Desde entonces, su familia sólo ha visto a su hija en videos de ISIS en calidad de terrorista. El abogado de su familia, Aamer Anwar, transmite su opinión en medio de la polémica sobre los orígenes de la decisión de la joven: “Los padres de Aqsa eran una familia corriente, con una buena posición económica. Y si esto le ha sucedido a Aqsa, que tenía todas las posibilidades de prosperar en la vida y la mejor educación que el dinero puede comprar, su familia es moderada, liberal… Ella, una joven brillante, inteligente, y si esto les ha ocurrido a ellos, le puede pasar a cualquiera”.

Muzaffar se trasladó a Glasgow desde Pakistán en la década del 70. Él y Khalida se compraron una casa en un barrio rico y tuvieron cuatro hijos, entre ellos Aqsa, que recibieron su educación en la prestigiosa escuela privada Craigholme. Sin embargo, se sabe que la joven mantuvo contacto vía on-line que no fue advertido por padres o maestros.

Este caso dispara muchos interrogantes. ¿Nuestros hijos son permeables a “predadores cibernéticos”? Si miramos el pasado, “nos vemos jugando en las calles”. Sin embargo hoy mantenemos a nuestros hijos en nuestra casa y en la casa de sus amigos. Pero hay factores de peligro que no están en las calles: por la banda ancha pueden ingresar diferentes amenazas a nuestro entorno privado.

Hoy los niños pueden estar tocando una pantalla táctil a los dos años. A los siete ya acceden solos a música y juegos. Y digamos que a los 10 ya tienen acceso y buen manejo de buscadores y redes sociales. Organismos como Unicef recomiendan que hasta los 13 años hay que mirarles de cerca en el uso de internet y, sobre todo, usar las herramientas disponibles. Si bien existen numerosas instituciones y estudios sociológicos que observan el correcto uso de internet en menores, en la sociedad hay poco o nada de conciencia.

En Argentina se creó la Dirección Nacional de Protección de Datos Personales (Dnpdp) y la subyacente ley Nº 25326,5. Leyes y regulaciones internacionales por lo general disparan pocas medidas preventivas. No hay discusión en este punto: la responsabilidad de proteger nuestra privacidad on-line, y por tanto off-line, es personal.

La clave es la administración y protección de nuestra información, y esto incluye la identidad de nuestros hijos. ¿Qué hay después del próximo clic? Los menores de edad tienen mucha curiosidad y debemos protegerlos de áreas de la web que son perjudiciales para ellos y para nuestra privacidad en su conjunto. Sin entrar en tecnicismos, es posible revisar rápidamente los malos hábitos, riesgos y amenazas, como así también las buenas prácticas recomendables.

Los crackers, defacers, hackers, script kiddie o script boy o viruxers que consiguen acceder a nuestros datos o programas en nuestro ordenador suponen un alto riesgo. Un virus informático, un gusano, un troyano, una bomba lógica, un programa espía o spyware, en general conocidos como malware, pueden robar información y/o causar otros daños estructurales y/o de funcionamiento.

Efectos virales los pueden provocar también programas que descargamos o permisos que damos sin darnos cuenta. Por tanto, quedamos expuestos a invasión de pop-pous y demás puertas abiertas inimaginables que dan vía libre a propagandas y mecanismos de branding de todo fuste. Este aspecto es estímulo cuestionable para nuestros hijos.

Páginas donde nos suscribimos, cuentas de e-mail y redes sociales son puntos de fuga donde puede colarse, literalmente, ese “otro” u “otra cosa”. El 10 de septiembre pasado se anunció que alguien violó al menos 5 millones de cuentas de gmail. Se puede verificar la afectación de las cuentas en la dirección https://isleaked.com/results/en.

Existe un mundo bajo la superficie del internet indexado por Google, Yahoo y Bing. Lo que se conoce como la red profunda. Enorme y con cero regulación. ¿Internet puede traducirse en libertad financiera y calidad de vida? A veces. La red también puede ser adictiva, riesgosa y una pérdida de tiempo que se traduce en “estar disponibles” a cazadores cibernéticos.

¿Qué hacer? Antivirus y filtros actualizados. Activar “el control parental” en el sistema operativo, en los navegadores como Firefox o Explorer y en páginas como Facebook, YouTube o plataformas de juego como Xbox o PlayStation. Esto nos permitirá acceder a funciones para establecer límites en el uso que hacen nuestros hijos en el equipo y ayudar a protegerlos mientras se conectan a internet. Para los más pequeños es posible instalar navegadores específicos como Magic Desktop de Easybits o Kids Browser de Kidrocket. El mercado también ofrece diversos productos, como softwares de control parental, incluso programas “espías” para “controlar” a nuestros hijos en tiempo real.

El control parental ayuda a limitar el tiempo que pueden pasar los menores delante del equipo, además de los programas y juegos que usan y, quizás lo más importante, cuándo los usan. Incluso bloquear el acceso a programas de tevé y películas de contenido cuestionable. El servicio de Netflix, hoy en plena expansión en nuestro país, también posee control parental.

A propósito del caso de Aqsa Mahmood, el gobierno de Estados Unidos ha manifestado el temor de la propagación de redes terroristas mediante el enrolamiento de jóvenes a través de la red. Un dato preocupante.

Sergio Povedano

Sergio Povedano