Los que pueden siguen escapando de Cuba



EMILIO J. CÁRDENAS (*)

Millones de cubanos han dejado su patria y con frecuencia sus familias para aprovechar las oportunidades de escapar del país y poder vivir en el extranjero gozando del bien más preciado del hombre, la libertad, del que son privados en la totalitaria Cuba. Artistas, científicos, profesionales y deportistas. Jóvenes y ancianos. Hombres y mujeres. Todos, cuando pueden, se van. La historia no se ha detenido. El último caso de deserción tiene que ver con el béisbol, el deporte nacional en la isla. Más aún, con uno de sus mayores ídolos: José Abreu, quien acaba de desertar para partir hacia un país del Caribe que se presume sería Haití o República Dominicana. Su objetivo es el conocido, el de casi todos: llegar a Estados Unidos y, en su caso particular, jugar en las grandes ligas de ese deporte. Las publicaciones oficiales (todas las impresas) sugieren que “abandonó ilegalmente” la isla. El deportista, recordemos, jugó todos los partidos en el equipo nacional de Cuba en el llamado Clásico Mundial, disputado en marzo. Su país, cabe destacar, no logró pasar a la fase final al ser sorpresivamente derrotado por Holanda. Originario de Cienfuegos, al este de La Habana, Abreu es uno de los mejores beisbolistas cubanos en la actualidad y el cuarto deportista que practica el béisbol que abandona Cuba en los últimos dos meses. Uno cada quince días, cifra particularmente expresiva. Las recientes deserciones han sucedido en medio de torneos internacionales, como el que acaba de jugarse en Canadá, donde se fugó Yozzen Cuesta. O durante la gira de la selección nacional de Cuba por Estados Unidos, en la que desapareció de los lugares que solía frecuentar Misael Siverio, que decidió quedarse a jugar en el país del Norte. O el caso, también inesperado, del gran pitcher Odrisamer Despaigne, quien abandonó otra selección nacional de Cuba en un torneo internacional que se disputaba en Holanda. Ocurre que hay quienes, como Yoenis Céspedes o Yasiel Puig, triunfan en Estados Unidos jugando al béisbol en grandes equipos. La tentación es triple: libertad, fama y dinero. Pocos pueden despreciarla si se cruzan, de pronto, con una oportunidad concreta. Por esto la acumulación de las deserciones. La isla está lejos, muy lejos, de ser el lugar ideal para vivir. De allí las constantes fugas. Todo en Cuba requiere el permiso del Estado y esto harta, o más bien seca, según queda visto, especialmente a aquellos que con su talento son capaces de abrirse paso en otras latitudes donde la vida está menos regimentada y la libertad permite al hombre expresarse en todo su potencial, cualquiera sea su especialidad, profesión o capacidad. Las deserciones son, cabe señalar, la prueba más acabada de que Cuba está lejos de ser el paraíso que describen sus autoridades y es, más bien, una cárcel de la que quien puede intenta escapar. Como realidad, lamentable más allá de la retórica. Las constantes fugas de Cuba de personas que buscan vivir en libertad me recuerdan aquella conocida frase del Quijote, cuando le dijo a su escudero: “La libertad, querido Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos. Con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad se puede y debe aventurar la vida”. Vaya si lo saben los cubanos. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas


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