El exitoso andar de los satélites rionegrinos por el espacio, que además generan dólares

Dos Arsat y dos Saocom funcionan tal como estaba previsto desde su diseño y construcción, en Invap. Ambos venden sus servicios y facturan.





Hace 25 años que la fábrica de satélites de Invap, la empresa estatal rionegrina, no para de construir naves espaciales. Mientras trabaja en la ingeniería de diseño del más nuevo de los proyectos, el SG1, hay cinco aparatos salidos de Bariloche que se mantienen en sus órbitas sin llevar preocupación a la Tierra más que para sortear acontecimientos previsibles. De todos modos, uno de ellos ya cumplió su vida útil y es cuestión del azar que un día “se caiga”.

Los cuatro que están en funcionamiento tienen características y prestaciones bien diferentes entre sí. Son los Arsat y los Saocom.

Los primeros son satélites de comunicaciones y el cliente de Invap en este caso fue la empresa estatal argentina Arsat, que ya contrató un tercero, al que llaman SG1 (Segunda Generación).

La familia de los SAC, que iniciaron el camino.

La empresa informó a RÍO NEGRO que el 90% de la capacidad de ambos satélites está ocupada.

Los servicios que prestan (internet, televisión digital, teléfono) “generaron ingresos durante 2020 por más de 40 millones de dólares, de los cuales un 30% corresponden a servicios de exportación que se brindan en Estados Unidos y otros países del continente”, dijo la empresa.

Los Saocom (1A y 1B), en cambio, tienen una función menos comercial, aunque igual de útil. Pertenecen a la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae).

Son satélites de observación de la Tierra, específicamente de la medición de la humedad del suelo que conforman una constelación junto con los aparatos de la Agencia Espacial Italiana (ASI) llamados Cosmo-SkyMed.

Veng es una empresa que pertenece a la Conae y que participó en la construcción de las antenas de los Saocom, cuyos servicios vende, según confirmó a Río Negro el titular del organismo, Raúl Kulichevsky.

Las nuevas generaciones.

“El Saocom 1B está finalizado la campaña de calibración, que probablemente termine el mes próximo”, añadió Kulichevsky.

No es la única diferencia entre ambos: los Arsat orbitan a 36.000 kilómetros de la Tierra y los Saocom, a sólo 600.

Los Arsat son geoestacioarios: giran a la misma velocidad que el planeta, de modo que siempre iluminan, tal el verbo que se usa, siempre una misma región del globo.

En cambio, la órbita de cada Saocom pasa por los polos y da 15 vueltas por día al planeta; su órbita imita los cortes de gajos de una naranja.

Los cuatro aparatos vuelan casi sin problemas por sus órbitas. De todos modos, hay inconvenientes.

La Oficina del Programa de Escombros Orbitales de la NASA informó hace tres años que en torno de la Tierra giran unos 21.000 fragmentos de más de 10 centímetros, 500.000 de entre 1 y 10 centímetros de diámetro, y más de 100 millones de partículas de menos de 1 centímetro.

“La cantidad total de material que está dando vueltas a nuestro planeta supera las 7.600 toneladas”, señala ese informe.

Semejante basura espacial interpela sobre el futuro de nuestro universo (cuando aún no definimos cómo mejorar el futuro del planeta), pero para los operadores de satélites es otra la preocupación: eludir una colisión que podría desviarlos de sus órbitas o, lo que es peor, destruirlos.

Vuela pero no vive

El SAC-D (Satélite de Aplicaciones Científicas) cumplió su vida útil pero sigue volando en su órbita. Algún día perderá el rumbo, pero por ahora sigue ahí.

El SAC-D tenía un instrumento llamado Acquarius que permitió realizar el monitoreo de la salinidad en mares y océanos con el fin de contribuir en el estudio de la biósfera.

Los que marcaron el camino

SAC-B fue el primer satélite científico argentino. La idea era que realizara un estudio avanzado de física solar y astrofísica mediante la observación de fulguraciones solares, erupciones de rayos gamma, radiación X del fondo difuso y átomos neutros de alta energía. Fue lanzado en 1996, pero por una falla en el cohete, no se desprendió y se perdió contacto a las 12 horas.

SAC-A. El lanzamiento y puesta en órbita corrió por cuenta de la NASA, que utilizó su transbordador espacial Endeavour. Fue el 4 de diciembre de 1998. La misión (prueba de maniobras y de equipamiento) culminó al año siguiente.

SAC-C. Su misión fue la observación del planeta. Se obtuvieron imágenes ópticas orientadas al estudio de ecosistemas terrestres y marinos. “Fue puesto en órbita el 21 de noviembre de 2000 con un Delta II, desde Vandenberg, Estados Unidos. El 15 de agosto del 2013, tres meses antes de celebrarse su decimotercer aniversario, llegó al final de su vida útil, superando ampliamente la vida media mínima diseñada de 4 años”, dice la información oficial.

SAC-D. Tuvo un objetivo científico: obtener nueva información climática a partir de las mediciones de salinidad. Fue puesto en órbita el 10 de Junio de 2011 y el 8 de Junio de 2015 cumplió su misión.


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