Lucidez



¿Quién puede suponerse profundamente lúcido hoy, en la Argentina?

¿Quién se predispone con la actitud más justa e idealmente apropiada a la circunstancia que le toca vivir?

¿Quién observa y actúa de la manera más amorosa ante la presencia de su semejante?

¿Quién ve el interior del otro descubriendo todo aquello que merezca ser nutrido y festejado?

¿Quién con un leve toque o dos palabras puede alentar y alimentar el bien latente en otros corazones sin cansarse, sin desistir, con eficacia?

Nuestra mirada está nublada y nuestra percepción no es aguda.

Por eso somos una pimienta sin sabor, una sal que no sala, una gota de agua que no moja la raíz. Yo incluido…

Todavía no nos damos cuenta de que podemos hacer milagros y toscos deambulamos a los tropezones, perdiendo una infinidad de posibilidades.

Lo mejor de nosotros queda inerte, nuestras manos en los bolsillos y nuestra mirada perdida.

¿Cómo podría describirse lo que comúnmente hacemos? Genio de las sombras, orador tartamudo, ilusionistas del desprecio, domadores de moscas, mascaritas de antifaz ladeado, rebeldes distraídos, asesinos seriales inconsultos…

¿Por qué no vamos por más? Dispersos, amarretes, sumisos de nuestra propia escoria que no brilla, vamos pisando el mundo… Pero, como hoy no hay nadie que examine nada, nos deslizamos incoherentes y cómodos por las laderas de un existir verraco.

¡Qué bronca que me da! Pero, en fin, andar con bronca es cosa de verraco…

Alberto Félix Suertegaray

DNI 14.169.481

Roca


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