Luis Beltrán en sus primeros años
Aquellos canales diseñados por el ingeniero Owen y construidos por los galeses en 1903 sobre el sector noroeste de la isla de Choele Choel, aportaron el agua necesaria para que en pocos años echara sus raíces en el área un nuevo centro urbano: Luis Beltrán.
HISTORIAS BAJO CERO
Los primeros indicios del pueblo pueden encontrarse -transmisión oral mediante- en la selección del sitio, tarea encomendada al pionero Mauricio Hughes, quien al parecer seleccionó la chacra 22 de la sección II por su altura relativa que la protegía de las habituales crecientes.
El espacio pasó a conocerse como “Chacra de la Reserva” y así figura en distintas inspecciones de tierras fiscales registradas por aquellos años. En 1910 el inspector Bello relevó y detalla del lugar: “un salón con techo de zinc y paredes de chorizo, dos piezas de adobe techo de zinc, un pozo de balde, no hay cultivos en cerco. Todo lo especificado ha sido hecho por los colonos galeses”. Como no podía ser de otro modo, la primera edificación levantada por los galeses en el sitio -aquel “salón con techo de zinc”- fue una capilla, símbolo del espíritu religioso galés. En su precariedad y con el tiempo, fue también sitio de reunión y escuela entre otros fines.
Sin autorización legal, el pueblo tomaba forma; en su lengua los galeses lo llamaron Tir Pentre, pero la denominación se perdió rápidamente y para todos pasó a conocerse como Villa Galense.
Recién en 1911 y a solicitud de “varios vecinos”, el entonces presidente Roque Sáenz Peña inicia el proceso de oficialización con la reserva del terreno y la designación de un agrimensor para “que proceda al trazado de las manzanas y subdivisión en solares, del lote 22, sección II de la Colonia Choele Choel, reservado por decreto de fecha 14 de febrero ppdo, que se denominara ‘Luis Beltrán’”. Coincidentemente ese año se instala también el Destacamento Policial Villa Galense que se suma a la Escuela Primaria nº11 fundada el año anterior.
Si bien se registra un paulatino incremento de población, en 1920 una nueva inspección de Tierras desalienta la creación del pueblo justificándose en la proximidad a otros centros ya instalados. Informe que no tuvo eco pues en 1926 el ingeniero José Schiapira procedió finalmente a la anhelada mensura del lugar.
Recordando aquellos primeros años, Moni Burrel destacaba la nutrida edificación perimetral, fuera del pueblo, muy seguramente justificada en la inseguridad jurídica del momento, apreciable en la condición de “intrusos” que los inspectores daban a los primeros pobladores.
Por su parte don Nicolás Costanzo, también hijo de pioneros, remarca otro detalle curioso del momento: una gran diagonal -parcialmente representada hoy por la diagonal Roca- a cuyos extremos se concentraba la actividad comercial del naciente poblado. Uno en torno a La Agrícola del señor Villanova establecida en 1909 y en el otro, el extremo oeste, alrededor de varios depósitos- comercio ligados a la semilla de alfalfa, próximos al sitio donde en 1926 se instaló la Casa Damián Pérez, el otro tradicional y también ya desaparecido ramos generales del pueblo.
En el centro propiamente dicho se ubicaron con el tiempo y después de deambular por el radio urbano, la Escuela nº 11 en 1934 y la Comisaría -obra ingeniero Pagano- en 1938, aunque ya para entonces estaban por allí la histórica pirámide central levantada para celebrar el centenario de la independencia en 1916 y otras construcciones como el desaparecido el edificio de la Sociedad de Fomento Bernardino Rivadavia, que al igual que la capilla desempeñó numerosas funciones comunitarias: allí funcionó la Comisión de Fomento, la administradora del canal galés, fue escuela y, según evoca don Nicolás Costanzo, allí también se proyectaron las primeras películas.
Como es conocido, y por gozar de las ventajas del riego -aunque no siempre suficiente- la vitivinicultura y la alfalfa aseguraron una relativa prosperidad de la población en los primeros años, a diferencia de otros sectores de la isla que permanecieron en su mayoría ociosos a la espera del agua.
Podría considerarse que con la instalación de la empresa Agua y Energía, y con las obras por ella desarrolladas, nace el pueblo moderno. Con la finalización de éstas, desaparece aquella amenaza de cada verano: la falta de agua y la reiterada desilusión tras muchos meses de trabajo; se produce a partir de entonces un rápido crecimiento demográfico y urbano. Con la distribución asegurada de agua se consolidan otros cultivos, reemplazando a la vid y a la alfalfa surgen el tomate y los frutales, actividades que también dejaron su impronta en el pueblo y en las actividades de su gente.
En este breve repaso de la historia quedan en el camino numerosas anécdotas pueblerinas del viejo Beltrán como la rivalidad futbolística entre Belgrano y Rivadavia, los esfuerzos pioneros de la Cooperativa Agrícola Choele Choel, la intensa actividad de aquel campamento de Agua y Energía, los sacrificios del multifacético padre Aceto -sacerdote, educador, arquitecto y enólogo- fundador de la misión salesiana en la isla, y por supuesto, el sencillo recuerdo de tantos vecinos que han contribuido al crecimiento del pueblo y que pueden ser motivo de otras tantas e interesantes historias de esta tierra de pioneros, playa donde vino a morir una de las últimas olas de sueños de un pueblo, que en Patagonia buscaba salvar su identidad.
Omar Norberto Cricco
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