Lupitas, locas por la lencería artesanal

Ana Paula y Sofía se definen como “socioamigas”. Cuando fueron mamás se animaron a iniciar su propio negocio. Integran el circuito de ferias.



Antes de iniciar su emprendimiento, las chicas trabajaban cosiendo prendas para un local comercial. (Foto: Florencia Salto)

Antes de iniciar su emprendimiento, las chicas trabajaban cosiendo prendas para un local comercial. (Foto: Florencia Salto)

María Paula Ahumada y Sofía Pacheco son amigas y emprendedoras. Ambas trabajaban en un local cosiendo lencería, hasta que se animaron a “largarse solas”. “Fuimos mamás y dijimos ya está, empecemos de a poco”, contó Sofía.

El querer pasar más tiempo con los hijos y que ningún trabajo se interponga en acompañar las crianzas es una constante que se da en varias de las emprendedoras. El trabajo en casa aparece como la mejor alternativa.

Emprender un nuevo proyecto es mucho más sencillo con una amiga. Eso concluyeron las “sociamigas” al rememorar los inicios de su emprendimiento en común. Ambas venían de rubros totalmente diferentes a la costura. Paula es mecánica dental y Sofía es comunicadora social.

De todas formas, las dos cambiaron el rumbo y estudiaron alta costura en la sede neuquina del Instituto Piazza, donde se conocieron.

Trabajando en un local de lencería descubrieron que les encantaba coser ropa interior. “Todos nos decían que nos largáramos solas, pero no nos animábamos”, contó Sofía, y continuó: “Hasta que ya de grandes y después de ser madres decidimos largarnos”.

Pese a que los primeros meses suelen ser difíciles para la mayoría de los emprendedores, Paula y Sofía destacaron que cuando iniciaron su marca, Lupitas Lingerie, enseguida tuvieron buenos resultados.

“Nos largamos en diciembre del 2017 y eso fue clave, porque fue justo para Navidad”, explicó Ahumada. “Por suerte nunca perdimos plata”, resaltó Pacheco.

De ahí en más el emprendimiento comenzó a crecer, sostuvieron. “Nos fuimos haciendo un poco más conocidas en las ferias de ropa”, enfatizó Sofía y agregó que las redes sociales, sobre todo Instagram, son fundamentales para la difusión de sus productos.

También contó que hace poco lanzaron la página web: “Todavía hay que darle tiempo”, aseguró. De todas formas, resaltó que “en la zona es fundamental el boca en boca y estar en las ferias conocidas. En las ferias te ven y después te buscan si les gusta lo que hacés”.

La mejor parte de tener un emprendimiento propio es que lo hacés vos desde que nace la idea hasta que se vende el producto”.

María Paula.

Sin embargo, reconocen que hay meses mejores que otros. “Tuvimos nuestros altibajos. Hubo ferias en las que había muy poca gente y pocas ventas; pero bueno, hay que seguir”, señaló Paula.

Aunque todo se revierte cuando sus clientas valoran sus productos. “A nosotras nos reemociona. Siempre querés tener éxito y que te conozcan pero no lo palpás hasta que vienen y te lo dicen”, subrayó Sofía.

Las dos mujeres aseguran que, pese a que es difícil sostener un emprendimiento porque “si no trabajás no cobrás”, no lo cambiarían por nada. Confiesan que hasta el momento no encontraron una parte mala de ser emprendedoras.

Hay que animarse a vivir de lo que a una le gusta, y qué mejor que hacerlo con una amiga”, resaltó Pacheco.

Las chicas tienen un estilo definido, con toques personales de cada una. Sus productos pertenecen a la categoría que se podría llegar a definir como lencería elegante donde priman las transparencias, encajes, puntillas y pequeños volados.

A la hora de elegir modelos, Sofía y Ana Paula tienen en cuenta además la comodidad que busca la mujer moderna.

Productos terminados donde mandan las puntillas, transparencias, encajes y pequeños volados.

El camino de ser emprendedora

Las emprendedoras mencionaron que lo que hace la diferencia es que son diseños a medida. “Lo hecho a mano es otra cosa. Nosotras formamos parte de todo el proceso de producción de la lencería. Lo pensamos nosotras y lo terminamos nosotras”, destacó Pacheco.

Las socias explicaron que conseguir proveedores fue un obstáculo. “Al principio fue un trastorno lo de los insumos, pero ya nos pusimos más cancheras”, resaltó Paula. Sofía enfatizó que conseguir telas en Neuquén es casi imposible, por los altos precios y porque hay poca variedad: “Nosotras trabajamos mucho con colores y telas de diseño y acá no hay tantas”. Es por eso que trabajan con proveedores de Buenos Aires.

Ellas intentan que sus productos no superen los mil pesos, teniendo en cuenta que no es fácil hoy en día “hacer que el dinero alcance”.


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